Siguiendo la sugerencia de
nuestra compañera de letras, Estrella Amaranto, autora del Blog Literario
Amaranto (https://seraseras.blogspot.com/), voy a
dedicar esta nueva entrada a un tema terriblemente duro y complejo. No tengo
conocimientos de psiquiatría ni de psicología. Solo soy un mero observador que,
horrorizado, ve cómo en lo que va de año han perecido cincuenta y dos mujeres a
manos de su pareja (quizá cuando leáis esto, la cifra sea desgraciadamente mayor),
dejando cuarenta y tres huérfanos. Y lo peor de todo es que parece que no hay
forma humana de parar esta violencia de género, dando la impresión de que
todavía vivimos en la Edad Media y no en el siglo XXI.
El amor es algo difícil de
definir y tiene muchas formas de expresión, pero nunca podré entender cómo un
supuesto amor puede derivar en violencia, hasta el punto de acabar con una vida
humana, la de la persona a quien se dice amar. En estos casos el amor pasional
se transforma en crimen pasional. Quizá sería mejor no amar tanto y respetar la
vida de la supuesta amada.
¿Son unos enfermos los
maltratadores? ¿Están enfermos los violadores? Sea como sea, lo que sí está
claro es que estos individuos, aunque se sometan a tratamiento o bien sean
encarcelados, no se rehabilitan. ¿habrá un gen dominante que les haga
comportarse violentamente o es una cuestión de educación?
Al principio decía que este
era un tema complejo, pues parece que hay varios diagnósticos y todos inciertos.
Muchos maltratadores son hijos de maltratadores, que han visto en casa y
probado en sus propias carnes la violencia física. Del mismo modo, muchos
abusadores sexuales han sido objeto de abusos de niño. ¿Se transfiere la violencia?
¿Cómo alguien que ha sufrido maltratos puede, a su vez, maltratar? Pero eso
solo sucede mayoritariamente en los hombres. No se da en las mujeres. No he
sabido de mujeres maltratadas que maltratan a sus hijos. Y si las hay, son una
excepción. Ello sugiere, pues, que el maltrato tiene género masculino, es una
manifestación puramente machista. Y el machismo se hereda con el ejemplo. Un
adolescente machista seguro que tiene un padre machista. ¿Cómo podemos acabar
con esta lacra? Yo diría que con la educación. Pero, entonces, si tanto han
evolucionado nuestras escuelas, ¿cómo se entiende que hoy día haya adolescentes
con claros signos de machismo? Quizá es que el ejemplo familiar puede más que
las enseñanzas educativas.
A tenor de lo expuesto,
parece, pues, que la única solución a corto plazo sea la mano dura, el castigo
ejemplar, penas de cárcel durísimas. Las mujeres cada vez denuncian más —aunque
muchas todavía no se atreven por temor—, pero siguen sin recibir la protección
necesaria, o bien el maltratador no se amedrenta ante el castigo que se aplica
a sus semejantes. Cuántas veces hemos sabido de mujeres asesinadas por su
pareja, que tenía una orden de alejamiento que ha desobedecido. Puede más el
odio que el temor a la represalia. Si se aplicaran medidas más propias de muchos
siglos atrás, como la mutilación genital en los violadores y cercenar el brazo
derecho al maltratador, creo que seguiríamos viendo a mujeres sobre un charco
de sangre. ¿Cómo se puede, pues, acabar con esta lacra? ¿Medidas coercitivas,
actuación policial y judicial rigurosas, tratamiento psicológico, educación en
la escuela, campañas de concienciación…? Siento decir que no tengo la
respuesta.
Y, por último, otro
interrogante: ¿Acaso antes ocurrían los mismos maltratos que ahora y no se
difundían o bien estamos ante una verdadera escalada de violencia de género? Si
se trata de lo segundo, ¿qué ha cambiado o qué hemos hecho para merecer esto?
Creo que es la primera vez que
publico una entrada sin aportar mi opinión personal. Simplemente porque, aparte
de despreciar la violencia contra las mujeres —y la violencia en general—, no
conozco la receta para acabar con esta epidemia social. ¿Llegaremos a borrar de
nuestra sociedad todo rastro de esta “enfermedad”? Ojalá existiera una vacuna.






