jueves, 8 de octubre de 2026

Adiós, querido amigo

 


Catorce años juntos, brindándome tu amistad y compañía, cual amigo humano, pero más desinteresado, si cabe. Sabía que llegaría, tarde o temprano, este doloroso momento, pero siempre rechazaba pensar cómo sería.

Estos últimos días de sufrimiento, sobre todo el tuyo, sabiendo que el final estaba ya muy cerca, recordaba con simpatía, a la vez que con una gran pena, el día que fuimos a buscarte al refugio de animales para llevarte a casa con nosotros, tu nueva familia. Fue Mònica, mi hija menor y tu dueña oficial, la que nos instó e insistió a ir a por ti después de conocerte por Facebook.

Tenías tan solo dos meses y ahora estabas a punto de cumplir catorce años que, según algunos entendidos, equivaldría a más de ochenta en un ser humano.

La ley de vida es intransigente y no ha tenido en cuenta mi cariño por ti durante esta etapa en la que, mientras escribía, tu yacías a mi lado, pendiente de mis movimientos. Hasta que cuando, en susurros y hablando para mí, decía “bueno”, dando por terminado el trabajo de escritura de mis relatos, te erguías de un salto, pensando que ya había llegado la hora de salir de paseo.

Viniste a casa cuando yo contaba con casi sesenta y dos años, un año después de haber quedado en el paro. Y como, por aquel entonces, durante gran parte del día, estábamos los dos solos en casa, nos convertimos en muy buenos amigos, haciéndonos compañía mutuamente, entablando una relación tan afectiva, que casi parecía paterno-filial. Y es que en casa bromeaban diciendo que parecía que fueras mi hijo, de tanto cariño y cuidados que te profesaba.

A quienes no tienen ni han tenido un animal de compañía o no le agradan los perros, les resulta incomprensible que alguien ame a su mascota como si fuera un hijo, pero es que no deja de ser un miembro más de la familia, a quien se cuida y protege, y su ausencia duele mucho, aun sabiendo que el final de esa relación tiene que llegar algún día.

No sabría decir si me habría dolido más que nos hubieras dejado, de repente, en casa, tras un progresivo deterioro físico o, como en este caso, tras haberte practicado la eutanasia para evitar más sufrimiento por tu parte y, aunque parezca egoísta, también por la nuestra al verte sufrir innecesariamente.

Hoy ha sido el amargo día del adiós, querido Pelut. Ha sido muy duro verte partir. Te echaré mucho de menos y te recordaré siempre.

Adiós, querido amigo.


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