martes, 31 de marzo de 2026

¿Amor de padre cristiano?

 


Supongo que con tan solo leer el título de esta entrada ya adivináis de qué va el tema que hoy traigo hasta aquí, pues ha sido una noticia no solo actual sino además muy relevante para los que creemos en el derecho a una muerte digna.

Permitidme, antes de entrar en materia, que os cuente una anécdota de hace ya unos cuantos años.

Estaba yo por aquel entonces asistiendo a un curso de formación sobre asertividad y negociación propuesto por la empresa en la que trabajaba. Lo impartía Enrique García Huete, un psicólogo clínico que, entre sus quehaceres, daba soporte a los enfermos terminales y a sus familias. En los descansos, solía contarnos anécdotas de todo tipo, relacionadas o no con su profesión. El caso es que en una de esas pausas nos preguntó cuál creíamos que era el amor más egoísta, y ante nuestro silencio expectante, afirmó: el de una madre. Podéis imaginaros la cara de pasmo de los allí presentes, especialmente el de las mujeres, que eran, por cierto, mayoría.

A lo que se refería este psicólogo, por experiencia propia, era el amor mal entendido de aquellas madres que desean mantener como sea con vida, una vida vegetativa, a su hijo o hija, impidiendo que los médicos desconecten los aparatos que los mantienen en ese estado vegetativo cuando no existe ninguna forma científica de revertir la situación.

Así pues, supongo que, como he dicho, García Huete se basó en su experiencia personal, la cual solo incluía a madres y no a padres, aunque la realidad nos demuestra que esa actitud, que considero realmente egoísta, por muy basada que esté en el pretendido amor, también se da en padres, como hemos comprobado recientemente en el tristísimo caso de Noelia Castillo, que falleció el pasado 26 de marzo tras recibir la eutanasia que solicitó años atrás.

La eutanasia es legal en España desde el año 2021 y hasta finales de 2024 se han realizado 1.123 eutanasias. Solo en 2024 se realizaron 426, lo que indica un aumento constante en su aplicación. Pero antes de obtener dicha legalización fueron muchos enfermos los que tuvieron que sufrir el dolor físico y mental al verse abandonados a su (mala) suerte, sin recibir el apoyo necesario e imprescindible por parte del Estado que, legalmente consideraba y trataba a aquellos que ayudaban a morir a sus seres queridos como verdaderos delincuentes.

El derecho a morir dignamente es ahora un derecho constitucional. Un adulto, psíquicamente capacitado, que desee acabar con su vida por razones humanitarias justificadas, como dejar de soportar una vida que no es vida, postrado en una cama, pegado a una silla de ruedas de por vida y padeciendo una enfermedad incurable, degenerativa y cruel, tiene todo el derecho a exigir (aunque el término legal es solicitar) que le practiquen esa solución definitiva. A fin de cuentas, es dueño de su cuerpo y nadie tiene derecho a impedírselo. Nadie puede decidir sobre la vida de los demás.

Por lo tanto, me parece totalmente cruel e inmoral que alguien se oponga frontalmente a esa decisión tan personal e íntima. Y aquí aparece ─aunque he sabido que no es el único caso habido en nuestro país─ la figura de un padre, el padre de Noelia que, habiendo solicitado esta la eutanasia en 2024 y habiéndosele concedido tras una minuciosa y exhaustiva evaluación médica, psicológica y jurídica, interpuso recurso contra esa decisión, un largo proceso de sentencias y recursos que ha llegado, tras 2 años de batalla judicial, hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, quien por fin ha rechazado la apelación paterna, asistida en todo momento por los denominados Abogados Cristianos.

El calvario que ha sufrido esta pobre chica ha sido horrible, desde su violación múltiple a manos de tres jóvenes, su posterior intento de suicidio, lanzándose por un balcón que la dejó parapléjica y con graves secuelas, tanto físicas como psíquicas, hasta la firme oposición de su padre a que acabaran con tal sufrimiento mediante la eutanasia. Un padre católico fundamentalista que, apoyado por esa organización ultracatólica, autodenominada Abogados Cristianos, que predican un falso amor basándose en que nuestra vida solo nos la puede quitar Dios, que es quien nos la ha dado, ha convertido a Noelia en un juguete roto a manos de sádicos sin piedad.

Sin entrar en más detalles, me parecen también nauseabundas las acciones, algunas incluso violentas, de las asociaciones provida y antiaborto, que coartan la libertad individual basándose exclusivamente en consideraciones religiosas. Son los mismos que se opusieron a la Ley del divorcio, a la del aborto y, por supuesto, a la de la eutanasia.

Pero al margen de esos grupos, o grupúsculos, extremistas, estamos viendo cómo parte de la derecha y toda la ultraderecha española se ha manifestado en contra de la eutanasia practicada, legal y humanitariamente, a Noelia Castillo, una joven de 25 años, con plenas facultades mentales, contrariamente a lo que algunos han querido hacer creer. Tanto esta ultraderecha casposa como la Iglesia, cómo no, se ha pronunciado en contra de lo que han calificado como suicidio asistido e incluso de asesinato subvencionado.

No suelo desear el mal a nadie, pero a esta gente sin entrañas, que no saben lo que es la empatía ni el verdadero amor, merecen padecer una muerte lenta y dolorosa, para que sufran en sus propias carnes lo que hacen sufrir a otros con su actitud y que sepan lo que es sobrevivir (que no vivir) con dolor y sin ninguna esperanza de curación por culpa de la oposición de quienes deberían ayudar a esos muertos en vida a morir en paz.

No puedo comprender cómo un padre, o una madre, puede impedir que su hijo, o hija, deje de sufrir lo indecible. Esto no es amor, es un comportamiento cruel basado en una ideología trasnochada, intransigente e inhumana.

Los miembros de nuestra sociedad más radical y de la Iglesia católica oficial (que viene a ser lo mismo) todavía están a años luz de abrirse a una sociedad moderna, más tolerante y más humana.

Que Noelia descanse en paz, porque se la ha ganado.

 

Fotografía: Noelia Castillo Ramos. Imagen obtenida de internet.

 

miércoles, 25 de marzo de 2026

¿Quién es el terrorista?

 


A quien acusa a otro de hacer lo mismo que él hace se le conoce comúnmente como alguien que practica la proyección, un mecanismo de defensa psicológico donde se atribuyen a otros los propios defectos, impulsos o actos censurables. También puede ser denominado hipócrita si actúa con falsedad moral o calumniador si acusa falsamente de un delito. 

  • Proyección: Es la atribución inconsciente de los propios sentimientos, pensamientos o comportamientos inaceptables a otra persona.
  • Hipocresía: Fingir creencias o virtudes que no se tienen, a menudo criticando en otros la propia conducta.
  • Calumnia: Imputación falsa de un delito hecha con conocimiento de su falsedad. 

En un contexto más coloquial, se puede decir que esa persona "ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio".

(Texto obtenido por IA)

Lo antedicho no es más que un prólogo para dar un poco de cuerpo al tema que me trae hasta aquí y que creo haber sacado a colación, con otras palabras y/o ejemplos, en alguna otra ocasión. Y si lo hago nuevamente es porque es algo especialmente candente en la actualidad y, cómo no, en el ámbito político.

Pero no me voy a referir a los rifirrafes a los que nuestros políticos nos tienen acostumbrados, ya sea en el Congreso, en el Senado, en los pasillos de ambas instituciones o ante las cámaras de televisión. No, pues el colmo de los colmos de tales comportamientos los estamos viendo a diario de boca de los grandes dictadores, dueños del mundo, y “Señores de la guerra”.

¿Cómo es posible que, en un derroche de hipocresía y cinismo, Putin, Netanyahu y Trump califiquen de terroristas a quienes se defienden de sus ataques, como consecuencia de las invasiones y guerras ilegales a las que se ven sometidos, cuando lo que hacen es defenderse de un enemigo que no muestra el menor respeto al Derecho Internacional y a los Derechos Humanos?

Por supuesto esta es una pregunta retórica que no requiere ser contestada, pues cualquier persona con un mínimo de sentido común y conocimiento de lo que está pasando a nuestro alrededor, sabe discernir entre la verdad y la mentira.

¿Cómo acabar con esta situación tan alarmante, provocada principalmente por la codicia y no por la alegada defensa de los intereses internos y humanitarios del país atacado? Solo con decir que Trump ha multiplicado su ya abultada fortuna desde el inicio de la guerra en el golfo pérsico, ya está todo dicho. Y no solo él sino también sus adláteres que, disponiendo de información privilegiada, han comprado y vendido sus acciones petrolíferas en los momentos adecuados. Todo por el petróleo. Los intereses de Netanyahu solo responden a la creación de un gran Israel y de concentrar en sus dominios el mayor número de instalaciones de gas y petróleo, aunque con ello se lleve por delante a miles de vidas humanas. Y Putin ya hace tiempo que nos ha enseñado sus cartas, mostrando su inamovible interés por crear la Gran Rusia al estilo de la antigua Unión Soviética.

Y mientras tanto, los observadores internacionales interesados por mantener la paz y evitar que esos conflictos se alarguen en el tiempo, solo son capaces de sancionar (con sanciones ineficaces y ridículas) y llamar al orden a los invasores, pero sin mover un dedo para hacerles frente. Pero quién sabe si esta conducta es la más prudente, teniendo en cuenta la beligerancia sin parangón de los tres países que han originado estos conflictos armados. Supongo que el miedo a una tercera guerra mundial los tiene atados de pies y manos. ¿O también debemos pensar en la hipocresía?

Si creyera en Dios, le diría que está haciendo un flaco favor a la humanidad por no enviar a esos energúmenos violadores de la paz una de las plagas que mandó a los egipcios como castigo por esclavizar a los hebreos (según nos enseñaron en las clases de Historia Sagrada). Pero, bien pensado, si Israel es el pueblo elegido por Javhé, no hay nada que hacer. Siempre será un pueblo privilegiado y con derecho a hacer lo que le dé la gana, incluso involucrar y espolear a los EEUU (donde un 2,7% de la población es judía y algunos muy influyentes económicamente) para intervenir en una guerra injusta e ilegal. Pero Putin practica el cristianismo ortodoxo, así que con él no debería tener piedad. Y en cambio guarda silencio.

Perdonadme la irreverencia, pero ante tales desmanes, asesinatos y genocidios, solo me queda el humor negro, tan negro como el futuro de la democracia.

Y como remate final, me siento obligado a aclarar lo que muchos ya han declarado públicamente: que estar a favor del pueblo palestino no significa estar a favor de Hamas, y que estar en contra de la guerra contra Irán, no es estar a favor del régimen de los ayatolás. Que nadie se confunda, como lo hacen algunos dirigentes políticos (supongo que a propósito) de la derecha y ultraderecha española.

 

domingo, 15 de marzo de 2026

Belorado y las monjas rebeldes

 


En mayo de 2024 las monjas clarisas de Belorado (Burgos) saltaban a la luz pública por protagonizar lo que han definido algunos como el primer cisma del siglo XXI. Desde entonces se han producido noticias estrambóticas en el marco de un procedimiento judicial y eclesiástico, terminando con la excomunión de estas monjas y una demanda de desahucio del convento en el que vivían, algo que finalmente se ha llevado a cabo en este mes de marzo.

El inicio de tales desatinos se produjo cuando estas monjas “rebeldes” emitieron un Manifiesto afirmando que no reconocían a ningún papa desde Pío XII. Pero además de este argumento, empezaron a aparecer motivaciones económicas y de poder. La Iglesia no les permitió vender el convento de Derio (Vizcaya) y se les indicó que el mandato de la entonces abadesa al frente de la comunidad monástica no se podía prorrogar más según la normativa vigente. Llegados a este punto, el papa Francisco nombró al arzobispo de Burgos, Mario Iceta, Comisario Pontificio con plenos poderes para administrar los bienes de las religiosas. Y entonces se lio más la cosa.

De una comunidad formada por 16 religiosas, el dia del cisma ya se produjo el abandono de una monja porque “no quería participar de una secta”, y cinco meses después también lo hizo la número dos de las disidentes. Quedaron, pues, al pie del cañón, nueve excomulgadas y cinco ancianas enfermas que ─estas sí─ siguen perteneciendo a la iglesia católica porque no firmaron el Manifiesto.

Más de un año después, la historia se ha visto impregnada de episodios rocambolescos sobre criaderos ilegales de perros, apadrinamiento de gallinas, venta de ornamentos litúrgicos por internet, inversiones en lingotes de oro, el cobro de la pensión de una religiosa difunta, la apertura de un restaurante en Asturias, varias denuncias cruzadas ante la Guardia Civil, y la aparición en escena de personajes singulares como los falsos obispos, nacionales y extranjeros, cocteleros y árbitros de boxeo que se han hecho pasar por sacerdotes, el nombramiento de un jefe de prensa especializado en crónica negra, y hasta la creación de un crowfunding para pagar los miles de euros de deuda que el Comisario Pontificio ha hecho pública. Ante este panorama, hay que decir que los habitantes de Belorado han confesado estar hartos de las exmonjas y más preocupados por temas que les resultan mucho más acuciantes, como la despoblación de la zona y la construcción de una autovía, que los negocios de esas mujeres.

También señalar que, ante estos hechos, la Confederación de Clarisas de España y Portugal se ha desvinculado de las monjas clarisas de Belorado y Orduña, en una demostración de sensatez.

Han sido muchas las negativas de esas monjas a recibir una  delegación enviada por el arzobispo de Burgos y han desobedecido reiteradamente las peticiones para “volver al redil”, lo que llevó a las autoridades eclesiásticas a presentar una demanda de desahucio, a lo que las denunciadas interpusieron recurso, que finalmente fue desestimado por la jueza que ha llevado el caso, obligándolas a abandonar el convento como muy tarde el 12 de marzo de 2026, cosa que han hecho pacífica y “voluntariamente” para evitar ser expulsadas a la fuerza por un contingente de la Guardia Civil.

Una vez abandonado el convento, las monjas se han trasladado a una casa familiar en la Puebla de Montalbán (Toledo), cedida por un amigo o simpatizante. A ver qué se les ocurre hacer a partir de ahora y cómo se ganarán la vida.

Ante todo este comportamiento de las clarisas de Belorado, yo me pregunto si cuando se hicieron monja no les quedó claro que entre sus votos estaba, sobre todo, el de obediencia y pobreza, porque parece que no han sabido, o mejor dicho querido aplicarlos.

Al margen de las creencias religiosas de cada uno, mi opinión es que el comportamiento de estas monjas ha sido no solo reprobable sino además indigno de quien profesa una fe y pertenece a una congregación religiosa que tiene que dar ejemplo de bondad y humildad.

Para finalizar, reproduzco a continuación las reglas de la comunidad de monjas clarisas (obtenido por internet):

Las monjas clarisas siguen una estricta Regla basada en la pobreza evangélica, la clausura, el silencio y la oración continua, inspiradas por Santa Clara de Asís. Su vida se centra en la Liturgia de las Horas, la eucaristía y el trabajo manual, vistiendo un hábito con un cordón de tres nudos que simboliza la castidad, obediencia y pobreza. 

  • Pobreza Extrema: Viven sin propiedades, dependiendo de la providencia y su trabajo manual (repostería, bordados).
  • Vida de Clausura: Permanecen en el monasterio, dedicadas a la intercesión espiritual.
  • Oración y Silencio: El silencio es pilar fundamental, facilitando la reflexión y la constante comunicación con Dios.
  • Vida Fraterna: Comunidad enfocada en el apoyo mutuo y la unión espiritual. 

Creo que no hace falta indicar que las monjas de Belorado no han seguido precisamente al pie de la letra estas normas. Y yo me pregunto, además, ¿por qué siguen vistiendo el hábito de su congregación si ya no son monjas, al haber sido expulsadas de la Iglesia? ¿Otra osadía o provocación?


sábado, 7 de marzo de 2026

Feminismo juvenil

 


Leo con preocupación que, contrariamente a lo que sería de esperar, el feminismo está perdiendo fuerza, sobre todo entre los adolescentes varones.

Según el “Barómetro Juventud y Género 2025”, solo el 38,4% de los jóvenes de entre 15 y 29 años se identifica como feminista, el nivel más bajo (unos 12 puntos menos) que en 2021 (El País, 27 de febrero de 2026).

En cuanto a las desigualdades de género, el 48,9% cree que existen desigualdades grandes o muy grandes y el 49,2% ve que el feminismo es el medio necesario para lograr una igualdad real en España. Es decir, menos de la mitad de los encuestados considera que existen importantes desigualdades de género y que el feminismo es imprescindible para corregirlas. Así pues, más del 50% de los jóvenes no creen ni en las desigualdades entre sexos ni en la utilidad del feminismo. En este grupo de jóvenes, por supuesto mayoritariamente de sexo masculino, el término feminismo tiene connotaciones perversas e impositivas ─de ahí que se haya acuñado el término “feminazi”─, hasta el punto de considerarse víctimas de unas leyes que consideran abusivas.

Esta situación anómala en una sociedad democrática que fomenta la igualdad entre géneros, hace pensar que algo ha fallado en nuestro sistema educativo en el que las primeras beneficiarias son las mujeres en general y las jóvenes en particular. Incluso las redes sociales se han posicionado recientemente contra el feminismo: para el 38% de las chicas y el 51,5% de los chicos (más del doble que en 2021) es una herramienta de adoctrinamiento. Ante ello, lo más chocante para mí es que en este grupo haya más de una tercera parte de chicas jóvenes, cuando el sexo femenino debería estar, en una mayoría absoluta, contra el machismo.

Nunca me habría imaginado que, con tanta pedagogía oficial y desde asociaciones culturales contra el machismo, la opinión de los adolescentes sobre el feminismo esté tan polarizada, con una brecha entre género creciente.

En definitiva, creo que es necesaria una nueva pedagogía (ignoro de qué modo, pues no soy un experto en la materia) para frenar el preocupante distanciamiento de la juventud de la igualdad de género. Ahora, habiendo inaugurado el segundo cuarto de siglo XXI, resulta que los jóvenes son el verdadero reto del feminismo e igualdad de género. Insisto: ¿qué hemos hecho (padres y educadores) mal?

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Intermediarios

 


John Heywood acuñó en 1546 ─en su libro de proverbios─ la frase “los árboles no dejan ver el bosque”, indicando con ello que muchas veces los detalles minuciosos o los problemas inmediatos nos impiden comprender la situación general de un problema. Pues bien, me da la impresión de que, aunque en el fondo conocemos, por ejemplo, el origen de la carestía de los alimentos y su constante incremento, no profundizamos lo suficiente en el origen y simplemente nos centramos en su existencia, nos quejamos (y con razón), exigiendo una solución a las autoridades (al Gobierno, en concreto), como si fueran los únicos responsables, obviando a los verdaderos culpables: los intermediarios.

Desde su origen al consumidor final, el precio de los alimentos se multiplica de forma escandalosa, llegando, en algunos casos, a incrementos que van del 300% al 800%, tanto en los productos agrícolas como ganaderos, según los informes de 2025.

Esta diferencia entre el punto de origen y el consumidor (supermercado) se debe a los intermediarios, e incluyen los costes de transporte, envasado y distribución, más el beneficio que se adjudica el vendedor. Los agricultores, en concreto, a menudo denuncian que el precio al que les abonan sus productos apenas cubre los gastos de producción, mientras que el consumidor final paga precios mucho más altos, que en algunos casos (por ejemplo: cuando hay escasez de producto por causas diversas, principalmente climatológicas) resulta todavía más elocuente.

¿Quién controla esos márgenes, procurando que sean justos y necesarios? Lo ignoro, pero parece que nadie con el mínimo poder, o determinación, para interceder y solventar este problema cada vez más acuciante.

En el ámbito farmacéutico, por ejemplo, el margen del mayorista y el de la oficina de farmacia están regulados y fijados por ley y también tienen sus costes. ¿Por qué, pues, el de los intermediarios en el ámbito de la alimentación es libre? Desde el productor (el laboratorio fabricante y/o comercializador) hasta el consumidor (el paciente) el precio de un medicamento está fijado y controlado por el Ministerio de Sanidad, excepto los medicamentos sin receta cuyo precio es libre. Pues bien, yo compararía a esos medicamentos con receta, financiados por la Seguridad Social, a los productos alimenticios de primera necesidad, pues ambos son imprescindibles para la salud.

Así pues, en mi opinión, si se ajustaran, dentro de un margen razonable, los precios que aplican los intermediarios de los productos alimenticios, tanto el agricultor como el ganadero podrían vender sus productos a un precio más justo y el consumidor final los pagaría a un precio más razonable.

Que los precios, tanto en origen como en el supermercado, suban debido a la escasez de los mismos, por las razones que antes he comentado, como la baja producción debido a la sequía o a las inclemencias climatológicas, es otro tema a considerar y con el que yo discrepo totalmente, pero esto ya sería objeto de un análisis aparte.

Por lo tanto, deberían eliminarse las excusas de siempre: de que es un tema muy complejo, que se está estudiando su posible solución, mientras que los sectores perjudicados se manifiestan, a veces violentamente, en las calles y carreteras de nuestro país, y que solo reciben promesas, que no llegan a cumplirse, del Ministerio responsable. Eso de tomar medidas es muy típico de nuestros políticos, pero parece que les falta voluntad o atrevimiento para poner en práctica dichas medidas. Quizá temen a las grandes comercializadoras y ser tachados por ciertos empresarios y partidos políticos de comunistas o cuanto menos de dictadores, al imponer medidas coercitivas contra los abusos de los de siempre.

Entretanto, muchos ciudadanos tendrán que seguir echando cuentas a la hora de acudir al mercado para llenar la cesta de la compra y estrecharse el cinturón cada vez más. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que ya no puedan respirar? Como se dice en las encuestas: No sabe/no contesta.


domingo, 15 de febrero de 2026

¿Contadores inteligentes?

 


Como bien sabéis, los “contadores inteligentes de luz” son dispositivos digitales de medición que registran el consumo eléctrico en tiempo real y lo envían automáticamente a la distribuidora mediante telegestión, eliminando lecturas presenciales. Desde luego, todo un adelanto tecnológico, que como todos los que se ponen en práctica, tiene por objeto suprimir las actuaciones manuales y los trámites innecesarios, sustituyéndolos por métodos mucho más prácticos y eficaces.

Creo haber tratado ya el tema de base y que me ha impulsado a escribir esta entrada: la contradicción existente entre la teoría y la práctica, entre lo oportuno y lo inoportuno. ¡Cuántas veces, por problemas precisamente tecnológicos, hemos tenido que acabar recurriendo a lo analógico porque el sistema digital no ha funcionado!

El caso práctico que quiero tratar aquí no se refiere a un fallo puntual de una aplicación tecnológica sino a la absurda coexistencia de lo nuevo, lo innovador y lo viejo, lo desfasado.

En la finca donde vivo disponemos desde hace muchos años, tantos como los que habito en ella, más de cuarenta, de unos contadores de la luz llamados “inteligentes” y cuya función he descrito al inicio de este texto. Pues bien, llevo tiempo (tanto como de jubilado) observando que, con una cierta frecuencia, aparece un técnico para efectuar la lectura de los mismos. Como vivo en los bajos y el armario de los contadores está junto a mi puerta, el referido técnico ─que ya me conoce y sabe que acostumbro a estar en casa─ suele llamar a mi interfono para que le abra la puerta de acceso a la finca, de ahí que esté avisado de su presencia. En alguna ocasión, le he preguntado cómo es posible que tenga que proceder a la lectura de los consumos si los contadores funcionan por control remoto. Nunca he recibido una clara respuesta, solo una sonrisa condescendiente, mientras murmura algo ininteligible. No debe atreverse a decir la verdad: que de inteligentes tienen más bien poco y que se estropean de vez en cuando.

Pero si ello no fuera suficiente, después resulta que en muchas facturas que recibo, el consumo que indica y cobra la Compañía eléctrica está basado en lecturas estimadas, no reales. Así pues, ¿por qué se presenta una persona física a realizar las lecturas reales si luego nos aplican una estimada? y, sobre todo, ¿por qué se hacen lecturas presenciales si nuestros contadores son, supuestamente, inteligentes?

En más de una ocasión he procedido a una reclamación por escrito exigiendo una respuesta a estas dos preguntas. La única y repetida alegación que he recibido es que no me preocupe, porque ya se regularizará el consumo en la siguiente factura, cuando esta se base en lecturas reales, algo que a veces tiene lugar al cabo de más de una factura y nunca sabes si esa supuesta regularización se ha hecho correctamente.

Ello demuestra, una vez más, que estamos en manos de Empresas a las que les importa un pito la atención al cliente. Una vez han conseguido tenerte entre sus abonados, les trae al pairo tu satisfacción por el servicio recibido.

En mi caso, la Compañía que tengo contratada es una simple comercializadora, no la suministradora, con lo cual todavía tienen más excusa para no resolver el problema que les he expuesto. No es culpa nuestra, sino de ellos, argumentan, por mucho que les diga que, aun siendo unos intermediarios, pueden y deben ejercer una influencia sobre la Compañía suministradora en defensa de los derechos de sus clientes. Pero da igual, en todas partes cuecen habas, pues años atrás mi contrato de la luz era con esa suministradora y el trato era idéntico o peor, de modo que cambié de Empresa, aunque podría decir que huí del fuego para caer en las brasas. Lo único que debo reconocer a favor de la actual Compañía es que, por lo menos, responde (aunque sea con evasivas) a las quejas, y con premura, cosa que la anterior no se dignaba a hacer. Algo es algo, dijo un calvo. Pero yo prefiero lo que dijo Don Quijote: Con la iglesia hemos topado, amigo Sancho*.

 

*En realidad, la frase utilizada por Cervantes en El Quijote es “con la iglesia hemos dado, Sancho”, pero la indicada aquí es la más popular.

 


domingo, 8 de febrero de 2026

Mi peor enemigo

 


Siempre me he congratulado de no tener enemigos, por lo menos que yo sepa, pues nadie se me ha revelado jamás como tal. Sí he tenido “adversarios” en mi vida laboral, esos compañeros de trabajo que, en aras de reivindicarse como trabajadores diligentes y emprendedores, sin serlo realmente, no han dudado en hacerme sombra, o por lo menos intentarlo, para acaparar, de este modo, todo el mérito de un logro de un trabajo realizado en equipo. Hablar de este personal, por cierto, muy abundante, requeriría todo un tratado de psicología.

Esos serían unos enemigos externos, que con los años vas dejando atrás, aunque siempre aparecen nuevos en el camino.

Siempre he creído que el peor enemigo es el que tenemos dentro, ese que, de forma subrepticia y silente, va enturbiando y dañando a algo o a alguien, incluso la vida de su huésped u oponente. Y más peligroso es si no se trata de alguien físico sino algo incorpóreo como es la mente que, mediante engaños, nos provoca daños, a veces irreparables, en nuestro cuerpo material, lo que se conoce como efecto psicosomático.

De esto yo sé bastante y mi peor enemigo es mi cerebro, que me ha jugado muchas malas pasadas a lo largo de mi vida, afectando a mi salud, tanto mental como corporal.

Podría describir una larga lista de estos efectos experimentados por mí, algunos de los cuales me han sorprendido tanto que he llegado a pensar que mi cerebro tiene un poder extraordinario. Ojalá fuera cierto y pudiera con la mente conseguir que se hiciera realidad lo que deseo pero, para mi desgracia, su poder solo es negativo. No me sirve para hacerme el bien, sino para hacérmelo pasar mal.

No se trata de hipocondría, una condición psicológica caracterizada por el temor a padecer una enfermedad grave sin ninguna base médica justificada, es decir comportarse como el enfermo imaginario. Hay quien, con solo saber de la enfermedad de un conocido y sus síntomas, ya cree que padece esa misma enfermedad porque en una ocasión sintió síntomas iguales o parecidos. No, en mi caso es que, sufriendo realmente una molestia, a menos que sea muy leve, y esta sea persistente, dicho trastorno aumenta en intensidad hasta volverse preocupante. Y aunque evito consultar internet, si ello perdura, caigo en la tentación y sucede lo que suele suceder en esos casos: que uno se alarma innecesariamente si lo que lee indica que podría tratarse de algo preocupante. Es decir, no se trata de “inventarse” una afección inexistente, sino de ampliar una real hasta convertirla en algo aparentemente grave.

Y como muestra, un botón: Hace años estaba tomando una medicación que me había recetado el médico (no recuerdo cuál ni para qué) y de pronto experimenté un dolor agudo al tragar. Consulté el prospecto ─cosa que no suelo hacer antes de tomar un medicamento para evitar, precisamente, un “efecto nocebo” (efecto placebo negativo)─ y comprobé que, efectivamente, ese medicamento tenía entre sus efectos adversos la deglución dolorosa. A partir de ese preciso instante, el dolor se agudizó todavía más hasta resultar muy dolorosa la deglución de mi propia saliva. Así pues, llamé a la consulta del médico que me había recetado el medicamento y le pedí que me recibiera urgentemente. Y ahí se hizo la luz. Tan pronto como supe que me atendería esa misma tarde, el dolor fue menguando (mi mente debió pensar que en pocas horas se resolvería el problema, pues estaría en buenas manos) y una vez estuve en la consulta ya no sentí ninguna molestia al tragar, cosa de no dije al galeno, pues me habría tachado de chiflado.

Aunque ello me preocupe, por sus consecuencias, debo decir que no lo considero algo absolutamente anormal, pues es bien sabido que un problema psicológico, sobre todo un estado de ansiedad (quien ha perdido, por ejemplo, el puesto de trabajo y anticipa que le será difícil, si no imposible, a su edad, encontrar uno nuevo), repercute en el estado físico, provocando distintas molestias: cefaleas, dolores cervicales y/o lumbares, problemas digestivos, hipertensión, insomnio, etc., etc.

Si ello sucediera muy de vez en cuando, sería, hasta cierto punto, aceptable, pero cuando es bastante frecuente, como en mi caso, la cosa se convierte en algo muy molesto, incluso llegando a ser incapacitante. Basta con que tema que en un viaje o excursión mi habitual dolor lumbar se agudice para que así sea.

Una vez leí ─creo haberlo contado en una entrada antigua─ un libro titulado El secreto, de una tal Rhonda Byrne, en el que aboga por la teoría pseudocientífica de la Ley de la atracción, que consiste, a grandes rasgos, en desear algo intensamente, visualizándolo como si ya lo hubiéramos obtenido, y el Universo recoge tal demanda y la devuelve concediéndote lo deseado. La forma de hacerlo y de obtener el resultado es de lo más variopinto y ridículo. Por ejemplo, no hay que formular la petición utilizando en la frase el NO (no quiero llegar tarde) sino hacerlo siempre en positivo (quiero llegar temprano) porque, si no, el Universo puede malinterpretarlo y utilizar esa partícula negativa como un acto de rechazo. Podría añadir muchas otras idioteces y contradicciones (se dice no hay que utilizar ese “poder” con fines económicos, y en cambio el primer ejemplo que cita es el de alguien que, muy necesitado de dinero, se encuentra en su buzón un cheque por la cantidad que precisa). Pues bien, si eso fuera cierto, el Universo (en realidad mi cerebro) me tiene manía, pues siempre actúa en mi contra. Como he indicado antes, si mi mente fuera tan poderosa como parece, podría realizar verdaderos prodigios (sería muy rico, estaría sanísimo, en mi adolescencia, cuando ya empezaba a manifestarse ese “poder”, las chicas se habrían arrojado a mis pies, y por desgracia no fue así. Y es que, insisto, mi cerebro se ha revelado como mi peor enemigo y contra esto no hay nada que hacer. Punto y final.