Me da la impresión de que son muchos
los que suelen consultar las reseñas que se publican en torno a
establecimientos en general y a restaurantes y hoteles en particular. Yo no soy
uno de ellos porque simplemente no me fio de su veracidad. ¿Cómo se explica que
de un mismo “producto” haya opiniones radicalmente opuestas? A un cliente le ha
parecido excelente y a otro un desastre. ¿Quién de ellos miente?
Hay una frase que dice que “cada uno
cuenta la feria según le va”. Y es muy cierto. Dos personas han acudido, por
ejemplo, a la misma fiesta y a uno le ha parecido soberbia, se lo ha pasado en
grande, mientras que a otro le ha resultado sumamente aburrida y el ambiente
nefasto. ¿Es cuestión de suerte? Muchos factores pueden haber influido para
esta disparidad de opiniones. Pero ¿cómo puede ser que la comida que ofrece un
restaurante sea excelente o la habitación de un hotel magnífica, y para otro
cliente ese mismo restaurante ofrezca una comida vomitiva o ese mismo hotel
disponga de cuchitriles como habitaciones? Lo más probable es que no sea verdad
ni lo uno ni lo otro y que detrás de esas afirmaciones se escondan intereses
inconfesables. Así pues, estamos frente a Reseñas falsas.
Las reseñas falsas
son valoraciones fraudulentas, positivas o negativas, diseñadas para
manipular la reputación de un establecimiento online, prohibidas por la
normativa de la UE y España (Real Decreto-ley 24/2021) al considerarse
prácticas comerciales engañosas. Se pueden combatir denunciando en Google,
presentando alegaciones profesionales y, en casos graves, emprendiendo acciones
legales por difamación.
Según los expertos, para identificar
una reseña falsa, hay que buscar patrones sospechosos, como nombres
genéricos, perfiles sin historial, lenguaje extremadamente vago o exagerado
(tanto positivo como negativo) y muchas evaluaciones positivas o negativas en muy
poco tiempo. Hay que desconfiar si la reseña carece de detalles específicos de
la experiencia o si menciona productos de la competencia.
Según un estudio realizado por Skeepers y la London
School of Economics, hasta el 95% de los consumidores tiene en cuenta
las reseñas online antes de realizar una compra, reservar una habitación de
hotel, ir a un restaurante o asistir a un evento.
Todo ello indica que hay desaprensivos
que no dudan en calumniar si reciben una buena recompensa por ello. Existen
empresas que contratan a reseñadores para que publiquen una crítica sobre un
determinado establecimiento, sin haber puesto un pie en él. Y la compensación
económica es directamente proporcional a la longitud del texto y a la
locuacidad del mismo. Y del mismo modo, hay quienes se ofrecen públicamente
para esta práctica a cambio de unos honorarios que indican en su oferta. Y esta
práctica es públicamente abierta, es decir no se oculta ni enmascara, lo que la
hace todavía más escandalosa.
Así pues, no podemos fiarnos de lo que
se publica en las reseñas y solo el consejo de alguien conocido y fiable en sus
gustos puede sacarnos de dudas.
Parece mentira como la cada vez mayor
competitividad entre empresas genere este tipo de actividad comercial tan inmoral,
pues hay empresas (generalmente pequeños comercios) que han tenido que cerrar
por culpa de tales reseñas falsamente negativas. Tanto el contratador como el
contratado para publicarlas están faltando a la verdad y dañando a un
competidor que hace tan bien su labor que provoca el rencor de ciertas empresas
que son incapaces de sobresalir por méritos propios.
Cualquier actividad fraudulenta e
inmoral debe estar penada por la ley, una ley que si bien establece su prohibición,
dudo mucho que se aplique, de lo contrario no abundarían este tipo de
actividades ilegales. Parece como si se cumpliera la máxima que dice que ”hecha
la ley, hecha la trampa”.






