Quien más quien menos siente interés
por saber qué tiempo va a hacer en un momento y lugar que tiene reservado para
viajar o simplemente pasar el fin de semana. Y para satisfacer esta curiosidad
(a veces incluso necesidad si se viaja por obligación) están los meteorólogos,
hombres y mujeres especializados en estudiar e informar sobre los cambios
climáticos, día a día, a través de los programas de televisión que tienen una
sección dedicada a ello.
Aunque la meteorología es una rama de
la Física y, por lo tanto sus estudiosos son científicos, no está exenta de
errores en la previsión del tiempo que hará, incluso a corto plazo. A mí no
deja de sorprenderme que esta ciencia, que debería ser exacta, no pueda
vaticinar algo que ocurrirá en una zona restringida del planeta, como sería
nuestro país, con algo más de 500.000 Km2, a tan solo una semana, o
menos, del día que nos interesa.
Pero no voy a cuestionar a unos
científicos ni a una ciencia que, por mil razones, no puede ser tan exacta como
las matemáticas, pues el planeta y su entorno están sujetos a variaciones
muchas veces inesperadas. Lo que sí me subleva es el no reconocimiento del
cambio, muchas veces notorio, de lo que se dijo ayer y lo que se dice hoy. Casi
nunca he visto u oído a un/a meteorólogo/a comentar ese cambio repentino de
previsión; parece que la amnesia les ha hecho olvidar lo que dijeron que
ocurriría 24 o 48 horas antes, de modo que presentan la nueva previsión como si
jamás hubiera cambiado.
Yo veo a diario las telenoticias de la
noche en la TV3, al término de las cuales hay un espacio dedicado a la
previsión del tiempo para el día siguiente y los próximos cinco días. Pues
bien, si un martes, se pronostica un sol radiante para el fin de semana en la
Costa Brava (mi lugar de descanso), el jueves resulta que el sábado y domingo
siguiente estará nublado y el viernes resulta que el sábado estará nublado pero
el domingo lloverá. Así pues, mi cabreo es mayúsculo y, en mi arrebato, llego a
insultarlos, exigiendo que entreguen su título y vuelvan a la Universidad.
Hasta aquí, lo dicho es pura anécdota,
no exenta de verdad, pero tenemos que ser tolerantes y no exigir a estos
profesionales lo que ni las mediciones más estrictas son capaces de acertar,
fuentes estas de las que extraen la información que luego hacen pública.
Y como casi siempre hago en mis
disquisiciones y críticas en este blog, esta vez también he incluido una larga introducción
al tema que en realidad me molesta, y es la discrepancia en la previsión entre
distintas aplicaciones meteorológicas.
Yo, concretamente, uso dos de estas
aplicaciones: AccuWeather y más recientemente, Aemet. En ambas se puede consultar
la previsión a tiempo real, por horas y por días. La primera es la que más
utilizo porque detecta tu ubicación automáticamente, estés donde estés. En la
segunda, en cambio, tienes que seleccionar la población que te interesa. Pues
bien, en un mismo momento, una puede indicar que va a empezar a llover al cabo
de 20 minutos, por ejemplo, y cuándo se espera que termine, y la otra, en
cambio, indica sol durante todo el día. En lo único que coinciden es en la
temperatura, grado arriba, grado abajo.
Pero el summum de la inoperancia, más
que de la inexactitud, la sufrí hace un año aproximadamente, un viernes, camino
de nuestra segunda residencia en la Costa Brava. Circulábamos por la autopista
AP-7 dirección Girona (la de los frecuentes accidentes y embotellamientos) y a
la altura del macizo del Montseny (que siempre que miro su cumbre, me trae a la
mente el monte Sinaí, porque suele estar cubierto de nubes como si albergara
una zarza incandescente), vimos más adelante unos nubarrones negros muy
amenazantes (casi parecía una imagen de ciencia ficción) y al poco descargó una
lluvia tan intensa que el limpia parabrisas no daba abasto, seguida de una
granizada que hacía temer la rotura del parabrisas y la abolladura de la
carrocería. Ante ello, nos detuvimos, como hicieron otros vehículos, bajo un
puente, arrimados al máximo a la cuneta a la espera que amainara. Y entonces se me
ocurrió consultar AccuWeather para ver cuándo acabaría ese diluvio, que no
estaba previsto de antemano. Mi sorpresa fue enorme: la previsión en esa zona y
en ese momento era de sol con nubes.
¿Para qué sirven, pues, esas
aplicaciones si no son fiables? Y, en términos generales, ¿cómo puede ser que
con tantos adelantos tecnológicos, hayan aplicaciones que nos fallan cuando más
las necesitamos?
Desde entonces, aunque sigo pendiente
de las previsiones del tiempo (soy un animal de costumbres fijas), más por
curiosidad que por credibilidad, el sistema que más practico es el más antiguo
y fiable: mirar al cielo, ver qué tiempo hace y obrar en consecuencia.
