lunes, 22 de junio de 2026

¿Soy un quisquilloso?

 


Cuando observo en los demás un comportamiento que se aparta de lo que considero “normal”, que sería aquel con el que no me identifico para nada, me da la impresión de que quizá sea yo el que se comporta de forma atípica, aunque la considere acertada.

Si, por ejemplo, alguien deja estacionado su vehículo sobre la acera, aunque sea por un corto espacio de tiempo, ante un vado o salida y entrada de vehículos, no pone el intermitente cuando debería hacerlo, no respeta las señales de tráfico, conduce a una velocidad significativamente excesiva, poniendo en peligro, no solo su vida sino la de los demás conductores o, por el contrario, circula por la ciudad a una velocidad muy por debajo de la permitida mientras el semáforo está en verde y, finalmente, acelera cuando este acaba de pasar a rojo, dejándome colgado, todo ello me saca de quicio. Por no hablar de la intrepidez de algunos conductores de patinetes eléctricos y ciclistas, que juegan con la paciencia ajena. Pero no me queda otra que aguantarme. Ya se sabe que el civismo también está en vías de extinción.

Pero hay comportamientos, que nada tienen que ver con la seguridad viaria ni con el civismo que, aun siendo minucias, me producen un cierto, si no malestar, sí extrañeza y desencanto.

Cuando hace años me planteé dedicar una entrada al asunto que aquí hoy me ocupa, acabé desestimándolo, pues no quería causar malestar entre aquello/as que, sin citarlos, se sentirían señalado/as. Así pues, no os podéis imaginar lo que me ha costado publicar esta entrada de hoy, con la que, que quede claro, no pretendo que nadie cambie su modo de actuar, pues son muy libres de hacer lo que les venga en gana. En el mundo de los blogs no hay leyes ni normas a seguir, salvo ser educado y respetuoso, y yo espero haberlo sido con lo que expongo a continuación.

Así que, sin más prolegómenos, voy directo al grano:

Yo contesto a los comentarios que recibo en mis blogs, si no al instante, sí a la mayor brevedad posible. En cambio, hay quienes no responden a ninguno de los comentarios que han recibido hasta que estos no alcanzan un número muy elevado, no llegan a hacerlo nunca o lo hacen después de varias semanas.

De entre lo/as que tienen aplicado un filtro de aprobación (“tu comentario será visible tras la aprobación”), cuya finalidad no acabo de entender, observo con frecuencia que, habiendo transcurrido semanas desde haber dejado un comentario, todavía aparece la leyenda: “no hay comentarios”. ¿Acaso después de tanto tiempo, el propietario del blog no ha tenido ocasión de verlo y aprobarlo?

Creo que quien ha dedicado su tiempo a leer y comentar una publicación, bien merece una respuesta, por breve y sencilla que sea, tan pronto como resulte posible, sin por ello estresarse, que el tiempo es oro y no hay que malgastarlo en banalidades.

Y ahí vienen mis dos rasgos diferenciales respecto a muchos de mis compañero/as bloguero/as: el primero es que estoy jubilado y, por lo tanto, tengo mucho más tiempo libre para leer y escribir que la mayoría de los mortales laboralmente activos y por ello soy de esos bichos raros que se pasan a diario por los blogs que sigo, para ver si hay novedades, entre ellas las respuestas a los comentarios que he dejado, incomodándome el hecho de ver que estos no han recibido todavía una respuesta, siguiendo abandonados días y días; y el segundo rasgo, o más bien defecto, es que soy un impaciente de narices. Y es que quien espera desespera

Pero aun teniendo más tiempo libre (tampoco demasiado, con los hijos y nietos ya se sabe), me resulta difícil de creer que, aun trabajando o estando ocupados en otros menesteres, haya quienes no tengan un momento a lo largo de la semana (que sigue teniendo siete días) para dedicar unos minutos a responder a los comentarios que su publicación ha originado, aunque sea poco a poco.

Y no debo ser el único que así piensa y actúa, pues tengo compañeros de blog, que tampoco voy a nombrar, pero que también se reconocerán, que responden a los comentarios que reciben a más tardar en uno o dos días. ¿Acaso también están jubilados o en el paro? Posiblemente.

¿Soy rarito? Y por extensión, ¿somos raritos los que así pensamos y actuamos? ¿Soy, como decía al principio, un quisquilloso, o peor aún, un intolerante?

Ojalá no me ocurra como al principio de la existencia de mis blogs, que perdí uno/as cuanto/as seguidore/as porque me atreví a criticar ciertos comportamientos que me resultaban anómalos en otros aspectos distintos a los que aquí menciono. No recibí ninguna respuesta, simplemente hicieron mutis por el foro y nunca más aparecieron. Me castigaron con su indiferencia y ostracismo.

Espero que en esta ocasión no suceda lo mismo. Y si sucede, lo daré por bien empleado, por bocazas. Será que cuanto más viejo me hago, más osado e imprudente me vuelvo.

Con todo lo aquí expresado, insisto en que no pretendo que nadie cambie su modo de proceder ni que entone un mea culpa (lo que doy por sentado que no ocurrirá, faltaría más), pues, como he dicho anteriormente, cada cual es muy libre de obrar a su antojo y hacer en su blog lo que le apetezca, que por eso es suyo, y si a alguien no le gusta, pues que se aguante, que es lo que corresponde hacer, pero es que llevaba mucho tiempo queriendo sacar este tema a colación, por muy incómodo que pueda ser, así que perdonad mi atrevimiento; estoy preparado para recibir las puyas que hagan falta, aunque confío en vuestra tolerancia.


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