martes, 31 de marzo de 2026

¿Amor de padre cristiano?

 


Supongo que con tan solo leer el título de esta entrada ya adivináis de qué va el tema que hoy traigo hasta aquí, pues ha sido una noticia no solo actual sino además muy relevante para los que creemos en el derecho a una muerte digna.

Permitidme, antes de entrar en materia, que os cuente una anécdota de hace ya unos cuantos años.

Estaba yo por aquel entonces asistiendo a un curso de formación sobre asertividad y negociación propuesto por la empresa en la que trabajaba. Lo impartía Enrique García Huete, un psicólogo clínico que, entre sus quehaceres, daba soporte a los enfermos terminales y a sus familias. En los descansos, solía contarnos anécdotas de todo tipo, relacionadas o no con su profesión. El caso es que en una de esas pausas nos preguntó cuál creíamos que era el amor más egoísta, y ante nuestro silencio expectante, afirmó: el de una madre. Podéis imaginaros la cara de pasmo de los allí presentes, especialmente el de las mujeres, que eran, por cierto, mayoría.

A lo que se refería este psicólogo, por experiencia propia, era el amor mal entendido de aquellas madres que desean mantener como sea con vida, una vida vegetativa, a su hijo o hija, impidiendo que los médicos desconecten los aparatos que los mantienen en ese estado vegetativo cuando no existe ninguna forma científica de revertir la situación.

Así pues, supongo que, como he dicho, García Huete se basó en su experiencia personal, la cual solo incluía a madres y no a padres, aunque la realidad nos demuestra que esa actitud, que considero realmente egoísta, por muy basada que esté en el pretendido amor, también se da en padres, como hemos comprobado recientemente en el tristísimo caso de Noelia Castillo, que falleció el pasado 26 de marzo tras recibir la eutanasia que solicitó años atrás.

La eutanasia es legal en España desde el año 2021 y hasta finales de 2024 se han realizado 1.123 eutanasias. Solo en 2024 se realizaron 426, lo que indica un aumento constante en su aplicación. Pero antes de obtener dicha legalización fueron muchos enfermos los que tuvieron que sufrir el dolor físico y mental al verse abandonados a su (mala) suerte, sin recibir el apoyo necesario e imprescindible por parte del Estado que, legalmente consideraba y trataba a aquellos que ayudaban a morir a sus seres queridos como verdaderos delincuentes.

El derecho a morir dignamente es ahora un derecho constitucional. Un adulto, psíquicamente capacitado, que desee acabar con su vida por razones humanitarias justificadas, como dejar de soportar una vida que no es vida, postrado en una cama, pegado a una silla de ruedas de por vida y padeciendo una enfermedad incurable, degenerativa y cruel, tiene todo el derecho a exigir (aunque el término legal es solicitar) que le practiquen esa solución definitiva. A fin de cuentas, es dueño de su cuerpo y nadie tiene derecho a impedírselo. Nadie puede decidir sobre la vida de los demás.

Por lo tanto, me parece totalmente cruel e inmoral que alguien se oponga frontalmente a esa decisión tan personal e íntima. Y aquí aparece ─aunque he sabido que no es el único caso habido en nuestro país─ la figura de un padre, el padre de Noelia que, habiendo solicitado esta la eutanasia en 2024 y habiéndosele concedido tras una minuciosa y exhaustiva evaluación médica, psicológica y jurídica, interpuso recurso contra esa decisión, un largo proceso de sentencias y recursos que ha llegado, tras 2 años de batalla judicial, hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, quien por fin ha rechazado la apelación paterna, asistida en todo momento por los denominados Abogados Cristianos.

El calvario que ha sufrido esta pobre chica ha sido horrible, desde su violación múltiple a manos de tres jóvenes, su posterior intento de suicidio, lanzándose por un balcón que la dejó parapléjica y con graves secuelas, tanto físicas como psíquicas, hasta la firme oposición de su padre a que acabaran con tal sufrimiento mediante la eutanasia. Un padre católico fundamentalista que, apoyado por esa organización ultracatólica, autodenominada Abogados Cristianos, que predican un falso amor basándose en que nuestra vida solo nos la puede quitar Dios, que es quien nos la ha dado, ha convertido a Noelia en un juguete roto a manos de sádicos sin piedad.

Sin entrar en más detalles, me parecen también nauseabundas las acciones, algunas incluso violentas, de las asociaciones provida y antiaborto, que coartan la libertad individual basándose exclusivamente en consideraciones religiosas. Son los mismos que se opusieron a la Ley del divorcio, a la del aborto y, por supuesto, a la de la eutanasia.

Pero al margen de esos grupos, o grupúsculos, extremistas, estamos viendo cómo parte de la derecha y toda la ultraderecha española se ha manifestado en contra de la eutanasia practicada, legal y humanitariamente, a Noelia Castillo, una joven de 25 años, con plenas facultades mentales, contrariamente a lo que algunos han querido hacer creer. Tanto esta ultraderecha casposa como la Iglesia, cómo no, se ha pronunciado en contra de lo que han calificado como suicidio asistido e incluso de asesinato subvencionado.

No suelo desear el mal a nadie, pero a esta gente sin entrañas, que no saben lo que es la empatía ni el verdadero amor, merecen padecer una muerte lenta y dolorosa, para que sufran en sus propias carnes lo que hacen sufrir a otros con su actitud y que sepan lo que es sobrevivir (que no vivir) con dolor y sin ninguna esperanza de curación por culpa de la oposición de quienes deberían ayudar a esos muertos en vida a morir en paz.

No puedo comprender cómo un padre, o una madre, puede impedir que su hijo, o hija, deje de sufrir lo indecible. Esto no es amor, es un comportamiento cruel basado en una ideología trasnochada, intransigente e inhumana.

Los miembros de nuestra sociedad más radical y de la Iglesia católica oficial (que viene a ser lo mismo) todavía están a años luz de abrirse a una sociedad moderna, más tolerante y más humana.

Que Noelia descanse en paz, porque se la ha ganado.

 

Fotografía: Noelia Castillo Ramos. Imagen obtenida de internet.

 

10 comentarios:

  1. En este caso en concreto, la actuación del padre es digna de estudio tanto psiquico como jurídico. Tengo entendido que en su momento se desentendió de su hija.
    Tenemos a esta gente fundamentalista que se opone a que los demás puedan actuar en libertad de su conciencia, cuando a ellos no se les obliga a nada; si quieren morir con sufrimiento, para ofrecérselo a su dios, son libres de poder hacerlo. Lo mismo que se han beneficiado del divorcio.
    Abrazo.

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    1. A ese hombre le nació la vena protectora, aunque equivocada, demasiado tarde, sin recordar cómo era su relacion paternal con esta hija a la que ha querido "proteger" de una muerte digna. Cuando la intolerancia religiosa se mezcla con el egoísmo, alguien sale mal parado, y en este caso fue una joven inocente.
      Un abrazo.

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  2. Creo que, unos más y otros menos, con Noelia hemos fallado todos, antes de que a esta pobre chica no le haya quedado otra solución para sus males que pedir la eutanasia. Clama al cielo que el padre, como el perro del hortelano, ni comiera ni dejara comer. No hizo nada por ella, pero no estaba dispuesto a que pesara sobre su conciencia (suponiendo que la tenga) el final que había elegido su hija. Las instituciones que la han sacaron de Guatemala (casa de los padres) para llevarla a Guatepeor. Los redentores en posesión de la verdad absoluta, los medios de comunicación, los seguidores de esos medios… que en vez de guardar el respetuoso silencio que merecía el asunto desde el momento en que la chica había tomado su decisión, se han dedicado a buscar tajada o protagonismo.
    Un abrazo.

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    1. A toro pasado siempre nos plateamos qué se hizo mal y qué debió hacerse para evitar tal o cual cosa. Desde luego que una ayuda psicológica y un apoyo moral habrían sido buenos consejeros, pero tengo entendido que esta joven sí fue atendida, aunque la ayuda que recibió no resultó eficaz, por las circunstancias que sean, empezando por un padre que se desentendió de ella y que nunca la apoyó.
      Un abrazo.

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  3. Ciertamente, siempre he pensado que las relaciones materno filiales (y paterno filiales) están muy marcadas por el egoísmo. Todo el mundo me mira como si fuera un bicho raro, pero así lo pienso. Y eso en condiciones normales, sin darse estas terribles circunstancias. hay padres mejores y peores, pero ya el hecho de querer tener un hijo demuestra un cierto egoísmo. Ya no te digo nada si encima pretenden que el hijo les agradezca eternamente el haberle dado la vida. El caso que comentas ya es el colmo. ¿No le dolía a ese padre ver sufrir a su hija? Eso ya es egoísmo a la enésima potencia. Pero ya se sabe, con la iglesia hemos topado y a la iglesia le da igual con tal de salirse con la suya y seguir dominando a sus seguidores. Vomitivo todo el asunto, sobre todo porque lo ha sufrido una víctima indefensa.
    Un beso.

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    1. La posesión, ya sea de padres a hijos o entre los miembros de una pareja, no solo es injusto sino que, además, es un origen de conflictos. Nadie es dueño de nadie y, por lo tanto, no se puede obligar a nadie a cumplir unos mandamientos en los que no cree y que van en contra de sus principios.
      Ese padre "coraje", pero de un coraje malévolo, debió creer que obstaculizando el deseo de su hija de acabar con su vida porque vivía en un infierno, era un acto que cumplía con la ley de su dios, apoyado por esa secta ultracatólica que se rasga las vestiduras si uno de sus siervos se salta esa ley divina. Qué vergüenza que hoy día todavía quieran prohibir algo que la sociedad en general ha aprobado y que la ley humana ha ratificado.
      Ahora resulta que, después de este caso, PP y VOX han decidido pedir la derogación de la ley de la eutanasia. Otro paso atrás que intentan dar. Espero que no lo logren, porque después de esto vendrán otras derogaciones, hasta retrotraernos a la época franquista.
      Un beso.

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  4. Este caso tan mediático, que para empezar creo que nunca debió serlo. Un asunto como este creo que debería de haberse quedado en el ámbito privado y familiar.
    Por otro lado, nadie tiene derecho a que un ser humano tenga que sufrir de por vida, de modo que si ella tomo esa decisión y los jueces y tribunales médicos apoyaron su decisión, no hay mas que discutir ni que alegar a tal decisión. Que podemos estar de acuerdo, en que era muy joven, si, pero que mas da, si sufre.
    También es cierto que en este caso, se juntaron las secuelas de aquel intento de suicidio con un problema de índole familiar de desatención, sobre todo del padre, que no se entiende muy bien como ahora que mi hija toma una decisión de tal calado, ahora si que la atiendo, cuando nunca al parecer se ha hecho cargo de ella ni a querido saber nada, es curioso pero creo que esas sectas que tú mencionas, le han lavado el cerebro pero muy bien, y a saber que otros intereses.
    Y como bien señalas ojalá no deroguen esta ley porque la sociedad se vería abocada al atraso de nuevo en derechos que hemos ido poco a poco avanzando como sociedad.
    Estos hechos me han hecho recordar todo el sufrimiento de mi madre durante su enfermedad y yo al final de verla tan mal, lo único que quería era que dejara de sufrir, porque aquello para ella no era vida, y eso no es egoísmo, es sin duda amor, porque cuando amas a alguien lo último que quieres es verle sufrir.
    Un abrazo.
    TERE

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    1. Es lo que ocurre con casos tan llamativos, que las redes y los noticiarios se hacen eco y ello provoca un revuelo dificil de parar. No obstante, este caso concreto (y otros muy parecidos) clama al cielo, pues un padre que no hizo de padre cuando tocaba, dejando de lado a su hija, de pronto le asalta un amor paterno que de amor no tiene nada, y todo por unas convicciones religiosas trasnochadas e impulsadas por un grupo que más bien se asemeja a una secta. Esa actitud podría compararse a la postura de los Testigos de Jehová de no permitir que a un hijo se le transfunda sangre de un donante aunque de ello dependa su vida. Son unos extremistas totalitarios.
      Un abrazo.

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  5. Pues yo sí entiendo la actitud del padre, o sería mejor decir de "un padre" (quizás de este en concreto no porque, según las informaciones que aparecieron no se preocupó tanto de su hija cuando era adolescente y le surgieron los problemas que luego desembocaron en la situación final).
    Voy a explicarme: no discuto que el amor paternal (o maternal) pueda ser egoísta, en absoluto, pero entiendo que debe de ser muy duro ver marchar a un hijo, aunque sea éste quien lo desee. No me puedo ni imaginar lo que se siente en una situación así.
    Por otra parte, si realmente quieres a tu hijo (o hija) debes permitir que se haga lo que lo hace feliz.
    Te pongo un ejemplo conmigo misma (aunque, ni de lejos, es comparable al de esta publicación): cuando mi hija se independizó con 25 añitos y se fue a vivir a otra ciudad yo lo pasé francamente mal, salía de mi protección a vivir su vida, me parecía una niña (creo que siempre nos parecerán que son niños necesitados de sus padres por muy mayores que sean), pero la vi tan feliz, tan contenta con su nuevo destino que yo también fui feliz aunque la echara (y la echo) muchísimo de menos. En un momento dado, por muy egoístas que seamos, debemos dar paso a lo prioritario: la felicidad de nuestros hijos.
    Noelia quería irse y había que dejar que se cumpliera su deseo. De la manipulación de la extrema derecha prefiero no hablar porque me enciendo.
    Un beso.

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    1. Yo también entiendo que resulta muy difícil y extremadamente doloroso dejar morir a un hijo, o hija, pero si realmente les amas, desearás lo mejor para ellos. Y si, además, es el hijo, o hija, quien desea acabar con su triste y angustiosa vida, nadie debería oponerse bajo ningún concepto.
      Tu ejemplo es también un caso de amor egoísta, aunque no tiene, claro está, el calado del tema de la autanasia. Una hija abandona el hogar familiar y es como si la perdieras, aunque, por fortuna, no es así. Así que los padres debemos aceptar que un día u otro nuestros vástagos se irán a vivir por su cuenta y riesgo, y debemos alegrarnos por ellos y apoyarlos en lo que necesiten. Eso sí que es amor, no el del padre de Noelia, que quería retenerla a toda costa aun sabiendo que ello la hacía sufrir.
      Un beso.

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