Supongo que con tan solo leer el
título de esta entrada ya adivináis de qué va el tema que hoy traigo hasta
aquí, pues ha sido una noticia no solo actual sino además muy relevante para
los que creemos en el derecho a una muerte digna.
Permitidme, antes de entrar en
materia, que os cuente una anécdota de hace ya unos cuantos años.
Estaba yo por aquel entonces asistiendo
a un curso de formación sobre asertividad y negociación propuesto por la
empresa en la que trabajaba. Lo impartía Enrique García Huete, un psicólogo
clínico que, entre sus quehaceres, daba soporte a los enfermos terminales y a
sus familias. En los descansos, solía contarnos anécdotas de todo tipo,
relacionadas o no con su profesión. El caso es que en una de esas pausas nos
preguntó cuál creíamos que era el amor más egoísta, y ante nuestro silencio
expectante, afirmó: el de una madre. Podéis imaginaros la cara de pasmo de los
allí presentes, especialmente el de las mujeres, que eran, por cierto, mayoría.
A lo que se refería este psicólogo,
por experiencia propia, era el amor mal entendido de aquellas madres que desean
mantener como sea con vida, una vida vegetativa, a su hijo o hija, impidiendo
que los médicos desconecten los aparatos que los mantienen en ese estado
vegetativo cuando no existe ninguna forma científica de revertir la situación.
Así pues, supongo que, como he dicho,
García Huete se basó en su experiencia personal, la cual solo incluía a madres
y no a padres, aunque la realidad nos demuestra que esa actitud, que considero
realmente egoísta, por muy basada que esté en el pretendido amor, también se da
en padres, como hemos comprobado recientemente en el tristísimo caso de Noelia
Castillo, que falleció el pasado 26 de marzo tras recibir la eutanasia que
solicitó años atrás.
La eutanasia es legal en España desde
el año 2021 y hasta finales de 2024 se han realizado 1.123 eutanasias. Solo en
2024 se realizaron 426, lo que indica un aumento constante en su aplicación.
Pero antes de obtener dicha legalización fueron muchos enfermos los que
tuvieron que sufrir el dolor físico y mental al verse abandonados a su (mala)
suerte, sin recibir el apoyo necesario e imprescindible por parte del Estado
que, legalmente consideraba y trataba a aquellos que ayudaban a morir a sus
seres queridos como verdaderos delincuentes.
El derecho a morir dignamente es ahora
un derecho constitucional. Un adulto, psíquicamente capacitado, que desee
acabar con su vida por razones humanitarias justificadas, como dejar de
soportar una vida que no es vida, postrado en una cama, pegado a una silla de
ruedas de por vida y padeciendo una enfermedad incurable, degenerativa y cruel,
tiene todo el derecho a exigir (aunque el término legal es solicitar) que le
practiquen esa solución definitiva. A fin de cuentas, es dueño de su cuerpo y
nadie tiene derecho a impedírselo. Nadie puede decidir sobre la vida de los
demás.
Por lo tanto, me parece totalmente
cruel e inmoral que alguien se oponga frontalmente a esa decisión tan personal
e íntima. Y aquí aparece ─aunque he sabido que no es el único caso habido en
nuestro país─ la figura de un padre, el padre de Noelia que, habiendo
solicitado esta la eutanasia en 2024 y habiéndosele concedido tras una minuciosa
y exhaustiva evaluación médica, psicológica y jurídica, interpuso recurso
contra esa decisión, un largo proceso de sentencias y recursos que ha llegado,
tras 2 años de batalla judicial, hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos,
quien por fin ha rechazado la apelación paterna, asistida en todo momento por
los denominados Abogados Cristianos.
El calvario que ha sufrido esta pobre
chica ha sido horrible, desde su violación múltiple a manos de tres jóvenes, su
posterior intento de suicidio, lanzándose por un balcón que la dejó parapléjica
y con graves secuelas, tanto físicas como psíquicas, hasta la firme oposición
de su padre a que acabaran con tal sufrimiento mediante la eutanasia. Un padre católico
fundamentalista que, apoyado por esa organización ultracatólica, autodenominada
Abogados Cristianos, que predican un falso amor basándose en que nuestra vida
solo nos la puede quitar Dios, que es quien nos la ha dado, ha convertido a
Noelia en un juguete roto a manos de sádicos sin piedad.
Sin entrar en más detalles, me parecen
también nauseabundas las acciones, algunas incluso violentas, de las
asociaciones provida y antiaborto, que coartan la libertad individual basándose
exclusivamente en consideraciones religiosas. Son los mismos que se opusieron a
la Ley del divorcio, a la del aborto y, por supuesto, a la de la eutanasia.
Pero al margen de esos grupos, o
grupúsculos, extremistas, estamos viendo cómo parte de la derecha y toda la
ultraderecha española se ha manifestado en contra de la eutanasia practicada,
legal y humanitariamente, a Noelia Castillo, una joven de 25 años, con plenas
facultades mentales, contrariamente a lo que algunos han querido hacer creer.
Tanto esta ultraderecha casposa como la Iglesia, cómo no, se ha pronunciado en
contra de lo que han calificado como suicidio asistido e incluso de asesinato
subvencionado.
No suelo desear el mal a nadie, pero a
esta gente sin entrañas, que no saben lo que es la empatía ni el verdadero
amor, merecen padecer una muerte lenta y dolorosa, para que sufran en sus
propias carnes lo que hacen sufrir a otros con su actitud y que sepan lo que es
sobrevivir (que no vivir) con dolor y sin ninguna esperanza de curación por
culpa de la oposición de quienes deberían ayudar a esos muertos en vida a morir
en paz.
No puedo comprender cómo un padre, o
una madre, puede impedir que su hijo, o hija, deje de sufrir lo indecible. Esto
no es amor, es un comportamiento cruel basado en una ideología trasnochada,
intransigente e inhumana.
Los miembros de nuestra sociedad más
radical y de la Iglesia católica oficial (que viene a ser lo mismo) todavía
están a años luz de abrirse a una sociedad moderna, más tolerante y más humana.
Que Noelia descanse en paz, porque se
la ha ganado.
Fotografía: Noelia Castillo Ramos. Imagen obtenida de internet.

En este caso en concreto, la actuación del padre es digna de estudio tanto psiquico como jurídico. Tengo entendido que en su momento se desentendió de su hija.
ResponderEliminarTenemos a esta gente fundamentalista que se opone a que los demás puedan actuar en libertad de su conciencia, cuando a ellos no se les obliga a nada; si quieren morir con sufrimiento, para ofrecérselo a su dios, son libres de poder hacerlo. Lo mismo que se han beneficiado del divorcio.
Abrazo.