A quien acusa a otro de hacer lo mismo
que él hace se le conoce comúnmente como alguien que practica la proyección, un
mecanismo de defensa psicológico donde se atribuyen a otros los propios
defectos, impulsos o actos censurables. También puede ser denominado hipócrita si
actúa con falsedad moral o calumniador si acusa falsamente de
un delito.
- Proyección: Es la
atribución inconsciente de los propios sentimientos, pensamientos o
comportamientos inaceptables a otra persona.
- Hipocresía: Fingir
creencias o virtudes que no se tienen, a menudo criticando en otros la
propia conducta.
- Calumnia: Imputación falsa de un
delito hecha con conocimiento de su falsedad.
En un contexto más coloquial, se puede
decir que esa persona "ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el
propio".
(Texto obtenido por IA)
Lo antedicho no es más que un prólogo para dar un poco de cuerpo al tema que me trae hasta aquí y que creo haber sacado a colación, con otras palabras y/o ejemplos, en alguna otra ocasión. Y si lo hago nuevamente es porque es algo especialmente candente en la actualidad y, cómo no, en el ámbito político.
Pero no me voy a referir a los
rifirrafes a los que nuestros políticos nos tienen acostumbrados, ya sea en el
Congreso, en el Senado, en los pasillos de ambas instituciones o ante las
cámaras de televisión. No, pues el colmo de los colmos de tales comportamientos
los estamos viendo a diario de boca de los grandes dictadores, dueños del
mundo, y “Señores de la guerra”.
¿Cómo es posible que, en un derroche
de hipocresía y cinismo, Putin, Netanyahu y Trump califiquen de terroristas a
quienes se defienden de sus ataques, como consecuencia de las invasiones y
guerras ilegales a las que se ven sometidos, cuando lo que hacen es defenderse
de un enemigo que no muestra el menor respeto al Derecho Internacional y a los
Derechos Humanos?
Por supuesto esta es una pregunta
retórica que no requiere ser contestada, pues cualquier persona con un mínimo
de sentido común y conocimiento de lo que está pasando a nuestro alrededor,
sabe discernir entre la verdad y la mentira.
¿Cómo acabar con esta situación tan
alarmante, provocada principalmente por la codicia y no por la alegada defensa
de los intereses internos y humanitarios del país atacado? Solo con decir que
Trump ha multiplicado su ya abultada fortuna desde el inicio de la guerra en el
golfo pérsico, ya está todo dicho. Y no solo él sino también sus adláteres que,
disponiendo de información privilegiada, han comprado y vendido sus acciones
petrolíferas en los momentos adecuados. Todo por el petróleo. Los intereses de
Netanyahu solo responden a la creación de un gran Israel y de concentrar en sus
dominios el mayor número de instalaciones de gas y petróleo, aunque con ello se
lleve por delante a miles de vidas humanas. Y Putin ya hace tiempo que nos ha
enseñado sus cartas, mostrando su inamovible interés por crear la Gran Rusia al
estilo de la antigua Unión Soviética.
Y mientras tanto, los observadores
internacionales interesados por mantener la paz y evitar que esos conflictos se
alarguen en el tiempo, solo son capaces de sancionar (con sanciones ineficaces
y ridículas) y llamar al orden a los invasores, pero sin mover un dedo para
hacerles frente. Pero quién sabe si esta conducta es la más prudente, teniendo
en cuenta la beligerancia sin parangón de los tres países que han originado estos
conflictos armados. Supongo que el miedo a una tercera guerra mundial los tiene
atados de pies y manos. ¿O también debemos pensar en la hipocresía?
Si creyera en Dios, le diría que está
haciendo un flaco favor a la humanidad por no enviar a esos energúmenos violadores
de la paz una de las plagas que mandó a los egipcios como castigo por esclavizar
a los hebreos (según nos enseñaron en las clases de Historia Sagrada). Pero, bien
pensado, si Israel es el pueblo elegido por Javhé, no hay nada que
hacer. Siempre será un pueblo privilegiado y con derecho a hacer lo que le dé
la gana, incluso involucrar y espolear a los EEUU (donde un 2,7% de la
población es judía y algunos muy influyentes económicamente) para intervenir en
una guerra injusta e ilegal. Pero Putin practica el cristianismo ortodoxo, así
que con él no debería tener piedad. Y en cambio guarda silencio.
Perdonadme la irreverencia, pero ante
tales desmanes, asesinatos y genocidios, solo me queda el humor negro, tan
negro como el futuro de la democracia.
Y como remate final, me siento
obligado a aclarar lo que muchos ya han declarado públicamente: que estar a
favor del pueblo palestino no significa estar a favor de Hamas, y que estar en
contra de la guerra contra Irán, no es estar a favor del régimen de los ayatolás.
Que nadie se confunda, como lo hacen algunos dirigentes políticos (supongo que
a propósito) de la derecha y ultraderecha española.

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