En mayo de 2024 las monjas clarisas de Belorado (Burgos)
saltaban a la luz pública por protagonizar lo que han definido algunos como el
primer cisma del siglo XXI. Desde entonces se han producido noticias
estrambóticas en el marco de un procedimiento judicial y eclesiástico,
terminando con la excomunión de estas monjas y una demanda de desahucio del
convento en el que vivían, algo que finalmente se ha llevado a cabo en este mes
de marzo.
El inicio de tales desatinos se produjo cuando estas monjas
“rebeldes” emitieron un Manifiesto afirmando que no reconocían a ningún papa
desde Pío XII. Pero además de este argumento, empezaron a aparecer motivaciones
económicas y de poder. La Iglesia no les permitió vender el convento de Derio
(Vizcaya) y se les indicó que el mandato de la entonces abadesa al frente de la
comunidad monástica no se podía prorrogar más según la normativa vigente.
Llegados a este punto, el papa Francisco nombró al arzobispo de Burgos, Mario
Iceta, Comisario Pontificio con plenos poderes para administrar los bienes de
las religiosas. Y entonces se lio más la cosa.
De una comunidad formada por 16
religiosas, el dia del cisma ya se produjo el abandono de una monja porque “no
quería participar de una secta”, y cinco meses después también lo hizo la número
dos de las disidentes. Quedaron, pues, al pie del cañón, nueve excomulgadas y
cinco ancianas enfermas que ─estas sí─ siguen perteneciendo a la iglesia
católica porque no firmaron el Manifiesto.
Más de un año después, la historia se ha
visto impregnada de episodios rocambolescos sobre criaderos ilegales de perros,
apadrinamiento de gallinas, venta de ornamentos litúrgicos por internet,
inversiones en lingotes de oro, el cobro de la pensión de una religiosa
difunta, la apertura de un restaurante en Asturias, varias denuncias cruzadas
ante la Guardia Civil, y la aparición en escena de personajes singulares como
los falsos obispos, nacionales y extranjeros, cocteleros y árbitros de boxeo
que se han hecho pasar por sacerdotes, el nombramiento de un jefe de prensa
especializado en crónica negra, y hasta la creación de un crowfunding para
pagar los miles de euros de deuda que el Comisario Pontificio ha hecho pública.
Ante este panorama, hay que decir que los habitantes de Belorado han confesado
estar hartos de las exmonjas y más preocupados por temas que les resultan mucho
más acuciantes, como la despoblación de la zona y la construcción de una
autovía, que los negocios de esas mujeres.
También señalar que, ante estos hechos,
la Confederación de Clarisas de España y Portugal se ha desvinculado de las
monjas clarisas de Belorado y Orduña, en una demostración de sensatez.
Han sido muchas las negativas de esas
monjas a recibir una delegación enviada
por el arzobispo de Burgos y han desobedecido reiteradamente las peticiones
para “volver al redil”, lo que llevó a las autoridades eclesiásticas a
presentar una demanda de desahucio, a lo que las denunciadas interpusieron recurso,
que finalmente fue desestimado por la jueza que ha llevado el caso, obligándolas
a abandonar el convento como muy tarde el 12 de marzo de 2026, cosa que han
hecho pacífica y “voluntariamente” para evitar ser expulsadas a la fuerza por
un contingente de la Guardia Civil.
Una vez abandonado el convento, las
monjas se han trasladado a una casa familiar en la Puebla de Montalbán (Toledo),
cedida por un amigo o simpatizante. A ver qué se les ocurre hacer a partir de
ahora y cómo se ganarán la vida.
Ante todo este comportamiento de las
clarisas de Belorado, yo me pregunto si cuando se hicieron monja no les quedó
claro que entre sus votos estaba, sobre todo, el de obediencia y pobreza,
porque parece que no han sabido, o mejor dicho querido aplicarlos.
Al margen de las creencias religiosas de
cada uno, mi opinión es que el comportamiento de estas monjas ha sido no solo
reprobable sino además indigno de quien profesa una fe y pertenece a una
congregación religiosa que tiene que dar ejemplo de bondad y humildad.
Para finalizar, reproduzco a
continuación las reglas de la comunidad de monjas clarisas (obtenido por
internet):
Las monjas clarisas siguen una
estricta Regla basada en la pobreza evangélica, la clausura, el silencio y la
oración continua, inspiradas por Santa Clara de Asís. Su vida se centra en la
Liturgia de las Horas, la eucaristía y el trabajo manual, vistiendo un hábito
con un cordón de tres nudos que simboliza la castidad, obediencia y
pobreza.
- Pobreza Extrema: Viven sin propiedades,
dependiendo de la providencia y su trabajo manual (repostería, bordados).
- Vida de Clausura: Permanecen en el monasterio,
dedicadas a la intercesión espiritual.
- Oración y Silencio: El silencio es pilar
fundamental, facilitando la reflexión y la constante comunicación con
Dios.
- Vida Fraterna: Comunidad enfocada en el
apoyo mutuo y la unión espiritual.
Creo que no hace falta indicar que las
monjas de Belorado no han seguido precisamente al pie de la letra estas normas.
Y yo me pregunto, además, ¿por qué siguen vistiendo el hábito de su congregación
si ya no son monjas, al haber sido expulsadas de la Iglesia? ¿Otra osadía o
provocación?

No hay comentarios:
Publicar un comentario