domingo, 15 de marzo de 2026

Belorado y las monjas rebeldes

 


En mayo de 2024 las monjas clarisas de Belorado (Burgos) saltaban a la luz pública por protagonizar lo que han definido algunos como el primer cisma del siglo XXI. Desde entonces se han producido noticias estrambóticas en el marco de un procedimiento judicial y eclesiástico, terminando con la excomunión de estas monjas y una demanda de desahucio del convento en el que vivían, algo que finalmente se ha llevado a cabo en este mes de marzo.

El inicio de tales desatinos se produjo cuando estas monjas “rebeldes” emitieron un Manifiesto afirmando que no reconocían a ningún papa desde Pío XII. Pero además de este argumento, empezaron a aparecer motivaciones económicas y de poder. La Iglesia no les permitió vender el convento de Derio (Vizcaya) y se les indicó que el mandato de la entonces abadesa al frente de la comunidad monástica no se podía prorrogar más según la normativa vigente. Llegados a este punto, el papa Francisco nombró al arzobispo de Burgos, Mario Iceta, Comisario Pontificio con plenos poderes para administrar los bienes de las religiosas. Y entonces se lio más la cosa.

De una comunidad formada por 16 religiosas, el dia del cisma ya se produjo el abandono de una monja porque “no quería participar de una secta”, y cinco meses después también lo hizo la número dos de las disidentes. Quedaron, pues, al pie del cañón, nueve excomulgadas y cinco ancianas enfermas que ─estas sí─ siguen perteneciendo a la iglesia católica porque no firmaron el Manifiesto.

Más de un año después, la historia se ha visto impregnada de episodios rocambolescos sobre criaderos ilegales de perros, apadrinamiento de gallinas, venta de ornamentos litúrgicos por internet, inversiones en lingotes de oro, el cobro de la pensión de una religiosa difunta, la apertura de un restaurante en Asturias, varias denuncias cruzadas ante la Guardia Civil, y la aparición en escena de personajes singulares como los falsos obispos, nacionales y extranjeros, cocteleros y árbitros de boxeo que se han hecho pasar por sacerdotes, el nombramiento de un jefe de prensa especializado en crónica negra, y hasta la creación de un crowfunding para pagar los miles de euros de deuda que el Comisario Pontificio ha hecho pública. Ante este panorama, hay que decir que los habitantes de Belorado han confesado estar hartos de las exmonjas y más preocupados por temas que les resultan mucho más acuciantes, como la despoblación de la zona y la construcción de una autovía, que los negocios de esas mujeres.

También señalar que, ante estos hechos, la Confederación de Clarisas de España y Portugal se ha desvinculado de las monjas clarisas de Belorado y Orduña, en una demostración de sensatez.

Han sido muchas las negativas de esas monjas a recibir una  delegación enviada por el arzobispo de Burgos y han desobedecido reiteradamente las peticiones para “volver al redil”, lo que llevó a las autoridades eclesiásticas a presentar una demanda de desahucio, a lo que las denunciadas interpusieron recurso, que finalmente fue desestimado por la jueza que ha llevado el caso, obligándolas a abandonar el convento como muy tarde el 12 de marzo de 2026, cosa que han hecho pacífica y “voluntariamente” para evitar ser expulsadas a la fuerza por un contingente de la Guardia Civil.

Una vez abandonado el convento, las monjas se han trasladado a una casa familiar en la Puebla de Montalbán (Toledo), cedida por un amigo o simpatizante. A ver qué se les ocurre hacer a partir de ahora y cómo se ganarán la vida.

Ante todo este comportamiento de las clarisas de Belorado, yo me pregunto si cuando se hicieron monja no les quedó claro que entre sus votos estaba, sobre todo, el de obediencia y pobreza, porque parece que no han sabido, o mejor dicho querido aplicarlos.

Al margen de las creencias religiosas de cada uno, mi opinión es que el comportamiento de estas monjas ha sido no solo reprobable sino además indigno de quien profesa una fe y pertenece a una congregación religiosa que tiene que dar ejemplo de bondad y humildad.

Para finalizar, reproduzco a continuación las reglas de la comunidad de monjas clarisas (obtenido por internet):

Las monjas clarisas siguen una estricta Regla basada en la pobreza evangélica, la clausura, el silencio y la oración continua, inspiradas por Santa Clara de Asís. Su vida se centra en la Liturgia de las Horas, la eucaristía y el trabajo manual, vistiendo un hábito con un cordón de tres nudos que simboliza la castidad, obediencia y pobreza. 

  • Pobreza Extrema: Viven sin propiedades, dependiendo de la providencia y su trabajo manual (repostería, bordados).
  • Vida de Clausura: Permanecen en el monasterio, dedicadas a la intercesión espiritual.
  • Oración y Silencio: El silencio es pilar fundamental, facilitando la reflexión y la constante comunicación con Dios.
  • Vida Fraterna: Comunidad enfocada en el apoyo mutuo y la unión espiritual. 

Creo que no hace falta indicar que las monjas de Belorado no han seguido precisamente al pie de la letra estas normas. Y yo me pregunto, además, ¿por qué siguen vistiendo el hábito de su congregación si ya no son monjas, al haber sido expulsadas de la Iglesia? ¿Otra osadía o provocación?


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