miércoles, 21 de octubre de 2026

Empatía

 


La RAE define la empatía como la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

En España, los tres poderes del Estado son el poder legislativo, el poder ejecutivo y el poder judicial. El primero recae en las Cortes Generales, el segundo en el Gobierno y el tercero en los jueces y magistrados, encabezados por el Tribunal Supremo y controlados por el Consejo General del Poder Judicial. Todos ellos emanan de la Constitución

Pero volviendo al concepto de empatía, uno se pregunta por qué toda la legislación de nuestro país y los que la hacen, la controlan y la juzgan, no entienden, o parecen no entender, el significado de ese término que, en la práctica, es muy poco frecuente, incluso entre cierta parte de la población, y en especial en lo referente a los principales problemas que nos afectan hoy día, a saber: la vivienda, el trabajo, la sanidad, la educación y más recientemente la inmigración. Y yo añadiría la crisis climática.

Así pues, dónde está la empatía, no la de los ciudadanos de a pie sino la “oficial”, la de los mandatarios ─ya sea la Administración central, la autonómica o la municipal─ ante un desahucio que deja en la calle a seres humanos vulnerables (madres con hijos pequeños, ancianos y ancianas sin familia, personas en paro de larga duración sin recursos económicos para subsistir, etc.); ante la imposibilidad de hallar una vivienda en condiciones y a un precio asequible; ante unas inundaciones brutales que deja sin su hogar y posiblemente también sin negocio a miles y miles de ciudadanos por haber sido arrasados por el agua; ante enfermos con minusvalías graves que no reciben las ayudas necesarias o pacientes que deben esperar meses para ser operados o que no pueden ser tratados con un nuevo medicamento que probablemente los curaría pero que al ser demasiado caro no es financiarlo por la Seguridad Social; ante la precariedad laboral, con contratos temporales de poca calidad y sueldos precarios; ante la falta de profesores y, por lo tanto, de una educación pública de calidad; ante las desgracias naturales debidas a la salvaje explotación de los recursos naturales, al desprecio del ecosistema y la priorización de los beneficios económicos para las grandes multinacionales en contra de la salud de la población. Y así un largo etcétera de atropellos e injusticias que nadie, con el poder suficiente y necesario, se atreve a acometer en profundidad, con seriedad y eficacia.

¿Cómo puede, por ejemplo, un juez o jueza, hacer ejecutar la orden de desalojo a una familia en una situación vulnerable que los condena a vivir en la calle, sin sentir remordimientos? Es la Ley, dirá, y la ley está para acatarla. Entonces, digo yo, la Ley es injusta cuando no tiene en cuenta las necesidades básicas de un ser humano y más cuando contraviene lo dictado por la Constitución. La Ley está para proteger a los ciudadanos, no para condenarlos a vivir en la miseria. Ha hecho falta un movimiento ciudadano multitudinario para que “los de arriba” reflexionen sobre lo injusto de la situación, y aun así todo queda en palabras, en buenas intenciones. Cuán cierta es la frase que dice que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Lo de tomar medidas es algo muy frecuente por parte de nuestros gobernantes, otra cosa es llevarlas a cabo con prontitud.

Así que, volviendo al principio, ¿dónde está la empatía por parte de quienes tienen la potestad y el dinero ─si no lo han desviado a otras causas más prácticas y beneficiosas para ellos─ ante tales circunstancias? ¿Acaso no piensan en su familia, imaginándose por un momento que tales calamidades podrían haberles sucedido a ellos? ¿No se ponen en lugar de esas víctimas que lo han perdido todo o que incluso pueden perder la vida si no se les da la mano lo antes posible?

De todas las virtudes que debería tener un político, la empatía debería ser la primera. Pensar en los problemas de la gente común, en el bienestar de la clase trabajadora, en ayudar a los necesitados. Algunos dirán que un Gobierno no es una ONG. Ojalá lo fuera, pero una ONG de las de verdad, porque incluso entre esas organizaciones sin ánimo de lucro hay alguna oveja negra.

El término empatía procede del griego: empátheia, formado por en (en el interior) y pathos (pasión, sufrimiento o sentimiento). Ojalá nuestros gobernantes, del color que sea, sintieran, en su interior, esa pasión y ese sufrimiento por los seres humano para los que gobierna.

 

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