Catorce años juntos, brindándome tu
amistad y compañía, cual amigo humano, pero más desinteresado, si cabe. Sabía
que llegaría, tarde o temprano, este doloroso momento, pero siempre rechazaba
pensar cómo sería.
Estos últimos días de sufrimiento,
sobre todo el tuyo, sabiendo que el final estaba ya muy cerca, recordaba con
simpatía, a la vez que con una gran pena, el día que fuimos a buscarte al
refugio de animales para llevarte a casa con nosotros, tu nueva familia. Fue
Mònica, mi hija menor y tu dueña oficial, la que nos instó e insistió a ir a
por ti después de conocerte por Facebook.
Tenías tan solo dos meses y ahora
estabas a punto de cumplir catorce años que, según algunos entendidos,
equivaldría a más de ochenta en un ser humano.
La ley de vida es intransigente y no
ha tenido en cuenta mi cariño por ti durante esta etapa en la que, mientras
escribía, tu yacías a mi lado, pendiente de mis movimientos. Hasta que cuando,
en susurros y hablando para mí, decía “bueno”, dando por terminado el trabajo de
escritura de mis relatos, te erguías de un salto, pensando que ya había llegado
la hora de salir de paseo.
Viniste a casa cuando yo contaba con
casi sesenta y dos años, un año después de haber quedado en el paro. Y como,
por aquel entonces, durante gran parte del día, estábamos los dos solos en casa,
nos convertimos en muy buenos amigos, haciéndonos compañía mutuamente,
entablando una relación tan afectiva, que casi parecía paterno-filial. Y es que
en casa bromeaban diciendo que parecía que fueras mi hijo, de tanto cariño y
cuidados que te profesaba.
A quienes no tienen ni han tenido un
animal de compañía o no le agradan los perros, les resulta incomprensible que
alguien ame a su mascota como si fuera un hijo, pero es que no deja de ser un miembro
más de la familia, a quien se cuida y protege, y su ausencia duele mucho, aun sabiendo
que el final de esa relación tiene que llegar algún día.
No sabría decir si me habría dolido
más que nos hubieras dejado, de repente, en casa, tras un progresivo deterioro
físico o, como en este caso, tras haberte practicado la eutanasia para evitar
más sufrimiento por tu parte y, aunque parezca egoísta, también por la nuestra
al verte sufrir innecesariamente.
Hoy ha sido el amargo día del adiós,
querido Pelut. Ha sido muy duro verte partir. Te echaré mucho de menos y te
recordaré siempre.
Adiós, querido amigo.

Un article ple de sentiment, bon comiat.
ResponderEliminarHo sento
¡No sabes como te comprendo , Josep! Yo tuve que despedir hace años a una perrita que quería con toda mi alma. Estuvo sin separarse de mí quince años. Iba conmigo a todas partes. Cuando falleció lo sentí como si hubiera sido alguien muy cercano, un familiar y tardé tiempo en superar el luto. Siempre la recordaré y estará en mi corazón.
ResponderEliminarAhora tengo otro perrito, que recogí del refugio con ocho meses. Tiene ahora ocho años y también le quiero muchísimo. No quiero pensar en el día que nos tengamos que despedir.
Siento lo de tu querido Pelut. Lo importante es que ha tenido una buena vida, ha estado bien atendido y rodeado de cariño. Eso era todo lo que él quería.
Un abrazo muy fuerte.
Nunca he tenido un animal de compañía, pero si lo tuviera sería un perro. Muchos buenos momentos y uno solo malo, pero muy malo, como es el de la separación.
ResponderEliminarUn abrazo.
Cuánto lo siento, amigo. Y no sabes cómo te comprendo. Yo tengo un gato que encontramos con dos meses y ya tiene trece años. Cada vez que pienso en que algún día, que se empieza a ver no tan lejano, nos dejará me veo incapaz de imaginar la vida sin él. Proporcionan tan buenos momentos y enriquecen la vida de tal forma que, quiero pensar, ese dolor se ve compensado por las alegrías compartidas.
ResponderEliminarUn beso muy fuerte.
Lo siento, amigo Josep. Yo no puedo tener animales, soy alérgico a su pelaje, y nunca he tenido mascota, pero entiendo el vínculo que se crea entre dueño y mascota, equiparable, en muchos casos, a un miembro más de la familia. Siento el trance por el que estás pasando. Te envío un fuerte abrazo y muchos ánimos.
ResponderEliminarUn saludo.
Como decía alguien: cuanto más conozco al hombre, más quiero a mi perro. Ánim!
ResponderEliminar