Leo con preocupación que,
contrariamente a lo que sería de esperar, el feminismo está perdiendo fuerza,
sobre todo entre los adolescentes varones.
Según el “Barómetro Juventud y Género
2025”, solo el 38,4% de los jóvenes de entre 15 y 29 años se identifica como
feminista, el nivel más bajo (unos 12 puntos menos) que en 2021 (El País, 27 de
febrero de 2026).
En cuanto a las desigualdades de
género, el 48,9% cree que existen desigualdades grandes o muy grandes y el
49,2% ve que el feminismo es el medio necesario para lograr una igualdad real
en España. Es decir, menos de la mitad de los encuestados considera que existen
importantes desigualdades de género y que el feminismo es imprescindible para
corregirlas. Así pues, más del 50% de los jóvenes no creen ni en las
desigualdades entre sexos ni en la utilidad del feminismo. En este grupo de
jóvenes, por supuesto mayoritariamente de sexo masculino, el término feminismo
tiene connotaciones perversas e impositivas ─de ahí que se haya acuñado el
término “feminazi”─, hasta el punto de considerarse víctimas de unas leyes que
consideran abusivas.
Esta situación anómala en una sociedad
democrática que fomenta la igualdad entre géneros, hace pensar que algo ha
fallado en nuestro sistema educativo en el que las primeras beneficiarias son
las mujeres en general y las jóvenes en particular. Incluso las redes sociales
se han posicionado recientemente contra el feminismo: para el 38% de las chicas
y el 51,5% de los chicos (más del doble que en 2021) es una herramienta de
adoctrinamiento. Ante ello, lo más chocante para mí es que en este grupo haya
más de una tercera parte de chicas jóvenes, cuando el sexo femenino debería
estar, en una mayoría absoluta, contra el machismo.
Nunca me habría imaginado que, con
tanta pedagogía oficial y desde asociaciones culturales contra el machismo, la
opinión de los adolescentes sobre el feminismo esté tan polarizada, con una
brecha entre género creciente.
En definitiva, creo que es necesaria
una nueva pedagogía (ignoro de qué modo, pues no soy un experto en la materia)
para frenar el preocupante distanciamiento de la juventud de la igualdad de
género. Ahora, habiendo inaugurado el segundo cuarto de siglo XXI, resulta que
los jóvenes son el verdadero reto del feminismo e igualdad de género. Insisto:
¿qué hemos hecho (padres y educadores) mal?

Este tema hay que pensar que no se da tan generalizado, pero habría que estudiarlo seriamnte
ResponderEliminarComo no se tomen medidas de inmediato, esto va a ir en aumento. No podemos permitir que retrocedamos a épocas anteriores.
EliminarUn saludo.
Hay una derechización de la juventud preocupante; se están comprando los argumentos de la extrema derecha con una inconsciencia notable. A la juventud le mola los Rambos y compañía. Los machos alfa y el sexo dominante, ahí ven una forma de ser unas féminas protegidas. La izquierda es tolerante y débil. Una lectura simplona pero efectiva, para este conjunto de la sociedad, que no sabe dónde se mete.
ResponderEliminarUn abrazo.
Quizá, no lo sé, tenga también algo que ver la influencia paterna. ¿Serán los padres de esos chicos y chicas los promotores de tal ideología retrograda por tener ellos mismos esa ideología trasnochada? ¿De tal palo tal astilla?
EliminarY ciertamente, mientras algunos partidos políticos aceptan esa derechización, porque les conviene, la izquierda adolece de una actitud más impulsiva e intolerante, menos palabras y más hechos. Y, además, todo ello parece un fiel reflejo de los que sucede a nivel mundial.
Un abrazo.
Pues, querido Josep, lo que padres y educadores hemos hecho mal ha sido fiarlo todo al mensaje oficial. ¿Basta con subir los dineros para conseguir que la idea de equidad entre géneros y la lucha contra el machismo prevalezcan? Pues está claro que no. Muchas veces estos dineros sólo benefician a las organizaciones que se dedican a montar conferencias y actos hablando del asunto. Es evidente que las cosas no se arreglan por decreto, o sea, desde arriba. La solución viene desde abajo y no se produce de un día para otro. Al final algo tan importante como el feminismo, el antifeminismo, el machismo y tal queda reducido a unos fríos números estadísticos. Es lo que a los políticos les interesa en los cuatro años que van de elección a elección: «Conmigo o con nosotros, la igualdad subió tanto % o descendió tanto %» Y no, no se puede vender el ascenso o descenso como éxito o fracaso de unos o de otros. No, no se puede y sobre todo no se debe. Es labor lenta, de años, sin que nadie se apropie de ella como si se tratase de un objeto cualquiera. Fíjate que en sociedades que consideramos mucho más avanzadas que la nuestra (países nórdicos, por ejemplo) el asunto de la violencia tampoco está erradicado; quizás el de la desigualdad algo más. Lo consiguieron de ayer para hoy, pues no. Todos a una debemos actuar como un martillo pilón. Pero no se debe insistir en la igualdad es cosa mía y la desigualdad tuya porque actuar así sólo produce a veces rechazo sistemático a unos o a otros. Aquí todos debemos de ir juntos, actuar juntos, aportar medios juntos, no echar en cara a ninguno los retrocesos ni arrogarse los avances. En fin, tenemos mucho que mejorar, querido Josep.
ResponderEliminarUn abrazo
Los eslóganes y campañas publicitarias están muy bien a título institucional, como las recomendaciones de la DGT sobre los accidentes en la carretera, pero, efectivamente, este tema hay que trabajarlo desde abajo, a ras de suelo, en conjunción con los profesionales y con la población diana, es decir los jóvenes. La función de los padres es, a mi entender, fundamental, y la de los educadores de apoyo, pero también muy importante. Evidentemente, todo cambio requiere tiempo y esfuerzo, pero lo que me sorprende es que a estas alturas parece que partamos de cero, cuando llevamos muchos años concienciados acerca de la igualdad de trato y de oportunidades entre géneros.
EliminarAyer mismo, en las noticias de la noche en TV3 se trató este tema y mostraron las opiniones de un grupo de adolescentes que habían participado en un grupo de trabajo sobre la igualdad de género. Pues un número sorprendente de jóvenes (incluyendo alguna chica) consideraba que se había llegado demasiado lejos en lo relativo al feminismo y que los chicos se sentían agredidos y en inferioridad respecto a las chicas. El presentador y director se ese grupo de trabajo se sorprendía que, aun existiendo tanta información y formación al respecto, precisamente la generación más afectada e interesada en la igualdad fuera la más reticente y se mostrara poco partidaria de la igualdad entre chicos y chicas. Ello significa que el sistema de enseñanza probablemente no ha estado bien diseñado y muchs padres no se han involucrado (bien por desidia, bien por no estar de acuerdo). En nuesra época no existía la educación sexual, y ahora que sí existe parece que solo incluye los consejos y las consecuencias de las relaciones sexuales tempranas, sin incluir el respeto al sexo contrario. El no es no, parece no haber cuajado lo suficiente.
Y aunque cambie de tercio, añadiré que también me asombra que con tanta información, tanta educación sexual y tanta persecución de los abusos sexuales, existan tantas agresiones y maltrato de género. ¿Qué está pasando? Por eso repito: ¿qué estaremos haciendo mal?
Un abrazo.
No digo que no haya que hacerlo. Como docente que he sido sé que no se puede sacar del ámbito educativo un tema como el feminismo. Pero tanto en éste como en otros muchos (dieta, medio ambiente, colectivo LGTBI, etc.) poco se puede hacer si el mensaje que reciben en su casa, y, en los últimos tiempos en las redes sociales, van por otro camino. Pocos alumnos te compran el mensaje si no lo traen de casa. Así es que, respondiendo a tu respuesta de arriba (que acabo de ver después de escribir lo anterior) sí, pesa más lo que ven en casa y han mamado desde pequeños. Salvo excepciones contadas.
ResponderEliminarUn beso.
Por desgracia, el ambiente y el entorno influyen más de lo deseable (a veces icluso más que la propia familia) en los jóvenes. Así que tenemos otro frente común contra el que lidiar y esto es claramente complicado. Podríamos decir que es un tema cuya solución es multidisciplinar.
EliminarUn beso.
Resulta preocupante y frustrante que no esté calando el mensaje entre los más jóvenes, porque son los que tienen que recoger nuestro testigo y continuar con la lucha hacia algo tan sencillo como que no hay que distinguir entre sexos a la hora de hablar de derechos. Creo que lo más importante es no mirar para otro lado a la hora de buscar los culpables de lo que está sucediendo, porque todos tenemos nuestra parte de culpa: hombres y mujeres, padres y colegios, machistas y feministas, izquierdas y derechas.
ResponderEliminarUn abrazo.
Si la creciente derechización está causada por el descontento, no veo un motivo claro para que los jóvenes también se vuelvan más reaccionarios y retrógrados en lo que se refiere a los derechos humanos, que incluye la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Será que tanta presión social les provoca rechazo? Todos los elementos de una sociedad democrática deben aliarse para evitar un retroceso en los derechos ganados con tesón.
EliminarUn abrazo.
Considero de forma muy personal que la incidencia de las redes y la tecnología por la que corre todo cuanto informa y desinforma, ha llegado a confundir a la juventud en temas lan esenciales como este, que son de vital importancia para tener una sociedad sana y que cada vez parece que nos alejamos de esa salud social. Lo que puedo dar fe, es que la posible solución está en la familia, donde se aprende valores y pricipios que duran toda la vida.
ResponderEliminarLa redes sociales están demostrando ser un arma de doble filo, pues mientras por un lado ofrecen información, por otro han dado lugar a bulos y a manipulaciones entre los jóvenes, y no tan jóvenes, llegando a ensuciarles la mente con mentiras.
EliminarY ciertamente, el primer eslabón formativo sobre los valores y principos que deben regir nuestra sociedad es la familia. Pero, claro, no todas las familias son iguales ideológicamnete.
Un abrazo.