Solo empezar a escribir esta nueva entrada, me viene a la mente la redacción que nos obligaban a hacer en la escuela tras las vacaciones de verano, al inicio del nuevo curso escolar, contando qué habíamos hecho durante ese período de descanso de dos meses y medio. En mi caso, sin embargo, me limitaré a relatar las incidencias que he tenido que sufrir y que nada tiene que ver con las actividades de ocio y relax.
Siempre he pensado que algo que se ha diseñado para facilitarnos la vida o, por lo menos, ciertas actividades en principio engorrosas, muchas veces nos la complica, por lo menos a quienes ya peinamos canas.
Aunque siendo un septuagenario, creo que me defiendo aceptablemente bien en bastantes aplicaciones, prueba de ello es este blog. Uso WhatsApp y email con soltura, al igual que algunas redes sociales, pero, de vez en cuando me exaspero si algo no funciona o deja de funcionar inexplicablemente y no tengo forma de solucionarlo por mis propios medios, debiendo acudir a alguien más versado que yo, incluyendo a algún tutorial que, dicho sea de paso, a veces me confunden aún más o son del todo inútiles porque sus indicacines no siempre se corresponden con mi realidad o porque las aplicaciones o comandos que muestran no existen en mi aparato, ya sea un teléfono móvil, un ordenador o un televisor. Así pues, cosas que parecen muy fáciles de resolver, no lo son tanto.
Y todo esto viene a cuento porque parece que últimamente ha habido una mando negra que se ha propuesto hacerme la vida imposible, coincidiendo con el horrible calor infernal de este verano.
Cuando uno, por ejemplo, cambia de vehículo, lógicamente tendrá que adaptarse a sus nuevas prestaciones, pero al poco tiempo ya lo conducirá sin problemas y las utilizará como si siempre lo hubiera hecho así, salvo si uno es muy torpe, claro. Pero un cambio de soporte técnico, informático u ofimático no debería necesitar indagar e instruirse previamente, leyendo un denso y complejo manual de instrucciones, pues esto va en contra de lo que los anglosajones han dado en llamar user-friendly (fácil de usar, manejar y comprender por un usuario).
En mi caso, que es el objeto principal de esta entrada, me he visto sometido, en cuestión de los últimos tres meses, a complicaciones variopintas, a cual más irritante, que han afectado a la recepción de las plataformas de pago (en un caso por culpa de Netflix y en el otro de Movistar); con problemas con el nuevo teléfono móvil y con el nuevo ordenador, en este último caso especialmente con el paquete de Office que tenía incorporado, en el que te pierdes buscando las aplicaciones o comandos que habías venido utilizando hasta hace poco; con Gmail, que no me reconocía; con varias aplicaciones volcadas desde el ordenador anterior al actual (entre ellas iTunes, dejando vacía mi biblioteca de música); con la peculiar selectividad de la impresora, que no respondía o sólo imprimía algunos de los documentos que el ordenador le enviaba para imprimir; y así una retahíla de anomalías y carencias que, por fortuna, con mucha paciencia (cosa de la que carezco) y con alguna que otra ayuda externa (más o menos certera), logré subsanar, aún necesitando para ello días y hasta semanas.
Pero la guinda del pastel, que me produjo tanta o más exasperación fue la participación de las empresas que, teóricamente, deberían solucionar los problemas en los que ellas estaban, directa o indirectamente involucradas (léase Netflix, Amazon y Movistar, por poner unos pocos ejemplos). Y es que esta participación es muy difícil de conseguir a la primera, ya sea humana o virtual (si desea esto, marque uno, si desea aquello, marque dos, si desea lo otro, marque el tres, y si no, espere. Y luego: todos nuestros agentes están ocupados. Y musiquilla a la espera, a veces interminable), y cuando por fin logras que te atienda un ser humano, esperar a que te comprenda y solucione el problema. En varios casos tuve que contactar con alguna de las empresas anteriormente mencionadas unas diez o doce veces hasta conseguir ser atendido por un técnico listo y entendido en la materia que sí pudo echarme un cable.
Curiosamente, lo que más me ha ayudado para al menos aclarar los motivos de tales disfunciones ha sido el ChatGPT. Parece una contradicción a lo que he expuesto sobre las nuevas tecnologías, pero aquí podría decir aquello de que no hay mal que por bien no venga.
Pero esta lista de despropósitos sólo es una pequeña muestra de todo lo acaecido este caluroso verano, pues no quiero alargarme y aburriros más con mis cuitas tecnológicas.
De todos los inconvenientes con los que he tenido que apechugar, solo uno no ha podido resolverse: al cambiarme Movistar el router, cambió el wifi, por lo que la aplicación instalada en mí móvil en su día por los instaladores de las placas solares dejó de funcionar y como la empresa instaladora y Movistar no se pusieron de acuerdo con la forma de solventarlo, pues ya no puedo consultar la energía producida por las placas y el consumo eléctrico doméstico. Aunque me han dicho que esté tranquilo, que las placas seguirán funcionando correctamente, me da coraje no poder consultar esa información, cuando tenía acceso a ella. Es como si me hubieran instalado en el coche un accesorio muy interesante y útil y dejara de actuar, a pesar de que el vehículo seguirá funcionando perfectamente.
Seguro que tengo muchos defectos, pero de todos ellos, los dos peores son la impaciencia y el perfeccionismo. Porque ¡ojo!, ser perfeccionista no es nada bueno, no significa ser perfecto. Es una lacra para quien la sufre. Todo tiene que funcionar a la perfección, de modo que, de lo contrario, el perfeccionista entra en una fase de exasperación y de un tremendo enojo. Y cuando, por fin, todo vuelve a funcionar como es debido, siente un gran alivio. Pero nadie le quita lo bailao. Y a esperar a la próxima contrariedad.
Con estos ejemplos pretendo ilustrar que teóricos avances tecnológicos que pretenden ayudar al usuario, le pueden, en la práctica, perturbar. Un ejemplo muy reciente y que tendrá lugar el próximo mes de enero es la implantación de un nuevo sistema de facturación informática con facturas electrónicas y recibos en papel (incluidos los de los bares y supermercados) que incluirán un código QR que todas las empresas, grandes y pequeñas, y los autónomos estarán obligados a implementar. En esencia, lo que se pretende es fiscalizar mucho más y mejor las actividades económicas, enviando la información directamente a Hacienda. Cierto es que, en caso de dificultades prácticas, entre ellas la de necesitar un tiempo para la adaptación, se facilitará alguna alternativa, pero de dificultad parecida o peor.
Los comerciantes (sobre todo los pequeños) y los autónomos ya han expresado su malestar por las dificultades prácticas que ello entrañará en cuanto al coste que representará la adquisición de un nuevo sistema informático y el aprendizaje que ello representará que, en muchos casos afectará especialmente a los pequeños comercios regentados por personas mayores que no están familiarizadas con estos procedimientos.
En resumen, todo esto significa que lo que se simplifica y mejora por un lado (para Hacienda), se complica por otro (al pequeño comercio) y con esto vuelvo al inicio de esta publicación.

Al menos has estado entretenido. ;)
ResponderEliminarUn abrazo.
Visto así, es cierto, pero hubiera preferido aburrirme y ahorrame las rabietas.
EliminarUn abrazo,
Hola, Josep.
ResponderEliminarMe he reído y sentido identificado con esa odisea de routers rebeldes, aplicaciones caprichosas y el temido “marque uno, marque dos, espere eternamente con musiquilla”. Tu relato de este verano infernal, peleándote con Netflix, Movistar y hasta con el paquete de Office, es como una comedia de enredos tecnológicas .Y qué decir de esa impresora selectiva que decide qué imprimir y qué no, como si tuviera vida propia.
Empatizo contigo en el hecho de no poder controlar el tema de las placas solares porque pienso que además es un derecho del usuario. En fin, y aún nos queda la gran ambición de las autoridades europeas que es acabar con el dinero en efectivo.
Un abrazo y esperemos que con el otoño eses problemas técnicos ya queden resueltos del todo.
Yo diría que quien esté libre de cabreos informáticos que tire la primera piedra, je, je.
EliminarLa mía ha sido una experiencia horrible, pues para abreviar, no he contado todos los detalles. Y es que, además, cuando se solventaba un problema, aparecía a continuación otro, igual o peor.
Y aun sigo peleándome con word pues en esta entrada también se me han cambiado muchas palabras al copiar en la plantilla del blog el texto de en word original. Menos mal que en esta ocasión, lo he podido corregirlo a tiempo. El chatGPT me ha dado una recomendación para evitarlo, pero no veré si es efectiva hasta que vuelva a publicar algo. Además, como las explicaciones del chatGPT están en castellano y todos los comandos del nuevo word incorporado en el nuevo ordenador están en inglés resulta dfícil identificarlos.
Y lo mío queda en plan casero, porque a nivel mundial todavía nos esperan, como apuntas, muchos cambios que no sé si todos seremos capaces de adaptarnos a ellos. Si lo del bitcoin ya es para mí un lío...
Un abrazo, y gracias por tu empatía, je, je.
Menos mal que las vacaciones son para desestresarse. A ti te ha ocurrido lo contrario.
ResponderEliminarUn abrazo.
Pues sí, en este aspecto no resultaron muy relajantes.
EliminarUn abrazo.
Yo también soy muy perfeccionista en estos asuntos y quiero que todo funciones al cien por cien. A veces me falla algo y me digo "no importa, es algo que no usas", pero da igual, el que no funcione todo, todo, me pone de los nervios. Hasta que no lo soluciono, no paro. Suelo usar tutoriales de Internet que, como dices, a veces lo empeoran, pero la verdad es que me han solucionado casi todo. Y si no, llamo al informático del instituto que vive al lado de mi casa. Él acusa mucho a "los misterios de la informática" porque dice que hay misterios que nadie entiende que hace que las cosas funcionen, dejen de funcionar y se arreglen sin que se sepa muy bien cómo.
ResponderEliminarLo del ChatGPT lo oigo cada vez más, pero ni sé qué es ni cómo funciona.
Un beso.
Pues estamos en lo mismo. Si algo se ha diseñado para que funcione correctamente, tiene que funcionar correctamente. Y si, por la causa que sea, deja de funcionar, tiene que poder resolverse fácilmante sin tener que recurrir a "expertos".
EliminarYo estoy perplejo con el ChatGPT. Me habían hablado de esta aplicación (sobre todo mis hijas), pero tampoco sabía lo certera que era contestando a las dudas o preguntas de cualquier tipo, pero útimamente la he venido usando con bastante frecuencia y es asombrosa la informacón que da. Lo que no sé es cómo obtiene esa información, muy pormenorizada por cierto (incluso con referencias bibliográficas en algunos casos), en cuestión de un par de segundos. Si quieres probarlo, solo tienes que bajarte la aplicación y punto.
Un beso.
Hola. Josep
ResponderEliminarA mi me exasperó mucho cuando llame a mi seguro privado para que viniera a mi casa para que mandaran un ATS. Tuve que llamar a tres núemeros diferentes. Perdí toda la mañana al teléfono. Pero finalmemte vino a los dos días. En cuanto a la tecnología, mi sobrino de once años, me ayudo a resolver algunas cosas. Y me dijo, tita, no estás al día. Imagina mi cara. 😅
Un abrazo.
Hola, Mamen.
EliminarEn mi caso, para que Movistar me enviara un técnico a casa (la única forma posible que veía para que me arreglaran un problema que aparentaba ser muy complejo) tuve que insistir mucho, hasta cabrearme con ellos. Por fin lo logré y solo así se solventó el problema. Pero habían pasado unas dos semanas desde que me puse en contacto por primera vez con ellos para explicares lo que me ocurría.
Sí que es cierto que los niños de ahora dominan la informática mucho mejor de nosotros, je, je.
Un abrazo.
Hola, Josep. En menudo berengenal te metes, jajaja. Mira que a mí me cuesta, pero soy cabezón, puede que ese sea mi toc, y he de saber cómo funcionan las cosas. Aunque muchas veces me rindo. Sobre eso tengo una anécdota, sobre los modens i las compañías. Un dia vino una chica sel servicio técnico porque el mío no funcionaba, y ella no sabía tampoco cómo hacerlo funcionar, entonces llamó al servicio técnico y este empezó a decirle las cosas básicas: comprueba el cableado, apágalo y enciéndelo, comprueba la línea... A lo que ella les lanzó un grito tipo "Queréis dejar de decirme tonterías, leñe, que no soy un cliente, sino un técnico". Bueno, yo me reí, ella se desesperó y el aparato nunca funcionó. A parte de ese cómico altercado, sí que es cierto que un poco exasperante, y la cosa parece que va a mal. Ya veremos cómo se lleva eso de la factira electronica, de ahí no nos salvamos.
ResponderEliminarHola, Pepe. Casos como la anécdota que cuentas son los que hacen pensar que las tecnologías guardan misterios que nunca llegaremos a descubrir y nos tenemos que consolar pensando que no somos los únicos sufridores porque incluso los técnicos van perdidos, je, je.
EliminarUn abrazo.
Hola Josep, vaya veranito que has pasado con el calor que ha hecho, jajaja.
ResponderEliminarDe las tecnologías estoy un poco harta, con lo bien que estábamos antes, y encima la fiscalización que cuentas, algo había oído, pero se me había olvidado. Me enfada muchísimo pensar que lo mucho o poco que se tenga, parece que no es nuestro por tanto control. Ya no se puede ni transferir tranquilamente una cantidad a los hijos a no ser que hagas una donación, cada vez las cosas más difíciles.
Yo con los aparatos también he tenido en ocasiones que buscar y buscar hasta solucionarlo. Lo que peor se me da es la tele cuando la he cambiado.
Cuando compré la última lavadora ya hace unos cuantos años, le dije al que me atendió: Quiero una lavadora que la entienda un niño de seis años, jajaja.
Bueno pues ya estarás más relajadito, hasta la próxima, :))).
Un abrazo y feliz semana.
Hola, Elda. Pues sí que estas tonterías, por llamarlas de algún modo, me amargaron un poco las vacaciones. Y no creas que todo acabó con lo que he contado. Ahora he tenido problemas a la hora de volcar un texto en word, que he escrito para uno de mis relatos, a la plantilla de mi blog: se me cambiaban muchas palabras sin ton ni son. Me he estado peleando con word, google chrome y no sé con cuantas aplicaciones más y no había forma de corregirlo, hasta que al final, y todavía no sé por qué motivo, o qué hice, se ha arreglado. Lo dicho: el misterio de las tecnologías.
EliminarY con lo que me cuentas, veo que es cierto eso de que en todas partes cuecen habas, ja, ja, ja.
Un abrazo.
No te puedo hablar sobre Netflix porque no soy usuaria de esa plataforma, pero sí de Amazon y de Movistar y siempre que he tenido alguna incidencia me la han resuelto diligentemente. Supongo que es cuestión de suerte, pero el caso es que hace poco mi marido tuvo una "incursión" extraña en su cuenta de Amazon y le cargaron un producto que no pidió ni le fue entregado, le atendieron rápidamente (un operario) y solucionaron el problema incluso siendo día festivo (a la vez, y por si acaso, habló con el banco para el tema del cargo monetario y este, también, respondió de manera rápida y eficaz).
ResponderEliminarLas pocas veces que hemos tenido alguna incidencia técnica con Movistar, en realidad soy de O2, nos las han solucionado rápidamente. También te digo que mi hija, en Talavera, tiene un servicio técnico nefasto con O2. En fin, irá por zonas.
Un beso.
Irá por zonas, por días y por el técnico que te toque. En una de las incidencias que menciono con Movistar, era domingo y el que me atendió no debía estar de muy bien humor porque, en un momento dado, como no le acababa de entender sus indicaciones, me habló con un tono un tanto maleducado, como si le hablara a un niño tonto. Tengo que decir que se trataba de un asunto muy lioso y hasta que no logré una visita presencial de un técnico como Dios manda no se resolvió el problema. Apare de este caso, siempre me han atendido correcta y diligentemente. Con McAfee, la empresa del antivirus que tengo instalado, tuve que pasar la protección del ordenador antiguo al nuevo, pues solo estrenarlo, una mano negra virtual me saturaba la pantalla con mensajes emergentes indicándome que tenía mi PC infectado por no sé cuántos virus. Llamé alarmado a McAfee y la grabación que respondió me indicó que no podía ser atendido en mi idioma, que si no quería llamar otro día me atenderían en inglés. Insistí varias veces, pero al final tuve que acceder a ser atendido en ese idioma que yo creía que dominaba. Pues parecía un diálogo de besugos. Aparte de que la chica hablaba muy rápidamente y con un acento terrible para mí, no lograba entenderme en lo referente a los mensajes malévolos y me iba indicando acciones que no podía ejecutar porque ni tan solo podía ver el fondo de pantalla de tanto que ocupaban dichos mensajes. Cuando al día siguiente pude contactar con un agente español la cosa fluyó perfectamente. Entró de forma remota en mi PC, eliminó lo que fuera que provocaba esas intromisiones indeseadas y a continuación me instaló el antivirus en el nuevo PC en un periquete. Cuando días después recibí un cuestionario de satisfacción lo conté todo, dejando a la inglesa (o de donde fuera) no muy bien parada, y al español por las nubes, je, je.
EliminarUn beso.