martes, 1 de abril de 2025

¿Pobre y feliz o rico e infeliz?

 


Muchas veces nos habremos encontrado ante la disyuntiva de tener que elegir entre dos opciones sin saber por cuál decantarnos, pues ambas tienen sus pros y sus contras. Y la elección es todavía más complicada cuando esas dos opciones son polos opuestos.

¿A quién no le han preguntado, de niño, a quién quería más, si a papá o a mamá? Yo no sé vosotros, pero que yo recuerde, mi respuesta era invariablemente “a los dos por igual”. Una respuesta realmente tan diplomática como falsa, pues de pequeño uno suele tener una preferencia, llamémosla también debilidad, hacia uno de los progenitores. Del mismo modo, aunque nadie quiera reconocerlo, los padres también pueden sentirla hacia uno de sus hijos, aunque ello no signifique que no quieran a todos por igual.

Pero una vez abandonada la infancia, viene la típica pregunta de qué quieres ser de mayor y muchas veces no sabemos (al menos yo) qué responder. En tal caso, nos enfrentamos a una disyuntiva cuya resolución puede marcar el resto de nuestra vida. Y esa disyuntiva es todavía mayor si nos planteamos otra pregunta: «¿Qué prefiero, trabajar en algo que me apasione cobrando muy poco o ganar mucho dinero trabajando en algo que no me guste?». Aquí, por supuesto, también cabría recurrir a una respuesta conservadora: «Pues me gustaría trabajar en algo que me apasione ganando mucho dinero» ¡Y a quién no! Pero esa oportunidad muy pocas veces se presenta. Creo que solo lo consiguen los que se hacen famosos en el mundo del arte (actores, músicos y artistas en general), pero seguro que sus inicios fueron muy duros al elegir ver cumplida su vocación a cambio de la incertidumbre. Y aquí me pregunto si aquellos que malviven ganando lo justo para sobrevivir por haberse decantado por su verdadera vocación sin importarles la economía, se arrepienten de su elección.

Todos hemos oído decir que el dinero no hace la felicidad, aunque sabemos que es de gran ayuda para, por lo menos, no ser infeliz por falta de los medios necesarios para llevar una vida cómoda y saludable.

Evidentemente, los extremos no son fiables ni oportunos. Se puede ser muy rico y muy infeliz a la vez, esto está claro, pero siendo muy pobre es muy difícil ser enteramente feliz.

Pero pasemos de la teoría a la práctica y veamos muy resumidamente mi experiencia personal:

A los diecisiete años, justo antes de la Selectividad, tuve que elegir qué carrera universitaria quería cursar. Ante la duda y la falta de información, me plateé tres posibilidades, por este orden: Medicina, Farmacia y Biología. Y ¿sabéis cual elegí?, pues Biología, la que ofrecía muchas menos posibilidades de tener un sueldo mínimamente aceptable, la que menos salidas profesionales tenía —por lo menos entonces—, algo a lo que no le presté la suficiente atención, pues a esa edad primaba más el pensamiento romántico que el pragmatismo.

Y al principio se cumplió la primera de las dos asunciones planteadas: iba a trabajar con ganas, alegría y en un excelente ambiente de trabajo, pero cobrando una miseria como ayudante de investigación en el departamento de bacteriología marina del conocido hoy como Instituto de Ciencias del Mar, gracias a una beca del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Pero la alegría inicial se convirtió pronto en desánimo por cuestiones que no vienen al caso y que sería muy prolijo de explicar. El caso es que para mejorar mi paupérrima situación económica y asegurarme un futuro más confortable, opté por el transfuguismo pasándome a la Industria Farmacéutica, mucho más generosa en cuanto a emolumentos, aunque el puesto a ocupar no tenía nada que ver con la microbiología. Ese puesto, con el tiempo, me brindó la oportunidad de ir escalando y de cambiar en varias ocasiones de empresa, y cada cambio representaba una mayor recompensa económica, aunque para ello me vi obligado por las circunstancias a licenciarme en Farmacia, que me aportaría unos conocimientos y posibilidades más acordes con la actividad profesional que desempeñaba.

Pero tal como dice el refrán, no todo el monte es orégano, de modo que a lo largo de mi carrera en la industria farmacéutica tuve que vérmelas con constantes pisotones y malas artes por parte de algunos colegas, y con tremendas presiones por parte de mis superiores —algo desgraciadamente habitual en un ambiente tan competitivo como el farmacéutico de la industria—. Aun así, pude ir resistiendo medianamente bien, con altibajos, excepto durante los dos últimos años, que fueron un verdadero calvario, expuesto diariamente a un estado de ansiedad que habría acabado con mi salud mental si no fuera porque finalmente acabé en el paro con sesenta y un años recién cumplidos, debido a una reestructuración total de la cúpula directiva de la que entonces formaba parte.

¿Fui feliz a lo largo del tiempo en el que fui ascendiendo y cambiando de una multinacional a otra? En absoluto. Cada vez ganaba más dinero, aunque a cambio de una mayor responsabilidad y vulnerabilidad ante las dificultades internas y externas. Sin ser rico, gozaba de una economía que me permitía llevar un ritmo de vida muy desahogado, pero sufriendo, a cambio, un estrés constante. Y una vez llegado al punto y final de mi carrera, una vez exento de responsabilidades y presiones, eché la vista atrás y sentí nostalgia de aquella época en la que siendo “pobre” era feliz. 

Pero si volviera al principio, ¿haría lo que hice si supiera lo que me esperaba en la industria? Para ser sincero, no lo sé. Y termino como empecé esta entrada, volviendo a preguntar ¿qué es preferible, tener un sueldo muy modesto trabajando en algo que nos divierte o tener un muy buen sueldo a cambio de trabajar a disgusto? Como dije antes, siempre podemos recurrir a la solución más salomónica: la de trabajar en algo que nos satisface ganado mucha pasta. Pero lo bueno, bonito y barato no existe, y si existe, se da en tan pocas ocasiones que es un chollo que no hay que dejar escapar. ¿Alguien de vosotros/as tiene o ha tenido la gran suerte de haber visto cumplida esta posibilidad? Si es así, mi más sincera enhorabuena.

 

22 comentarios:

  1. Lo mejor es ser lo más fiel a los propios principios, aunque ya sabemos que estos cambian a lo largo de la vida.
    Un abrazo.

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    1. Efectivamente, los principios pueden ir cambiando para adaptarse a las necesidades. Eso solo es, desde mi punto de vista, reprobable si uno acaba aceptando lo que era antes totalmente inaceptable. Sería como prostituirse.
      Un abrazo.

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  2. Hay un escenario peor que los que tú dibujas y que creo que es el que vive mucha gente: trabajar en un trabajo que no te gusta nada por un sueldo de miseria. Eso sí que tiene que ser horrible. Es cierto que todos los trabajos son dignos, pero hay algunos que son duros, pesados y que no aportan nada a la formación y crecimiento de las personas.
    Yo estudié Biología porque en León no había Medicina y no había medios en casa para ir fuera a estudiar. Dedicarme a la enseñanza es algo que vino sobrevenido y que no había pensado hacer nunca. De hecho, no hice una carrera de letras, entre otras cosas que tampoco vienen al caso, porque la única salida que les veía era la enseñanza y no quería eso para nada.
    He sido razonablemente feliz en mi trabajo y he ganado un sueldo que sin ser alto, ha sido suficiente y, sobre todo, ha sido fijo. ¿Podría haber sido más feliz con otro trabajo? Sí, seguramente, pero también podría haber sido más infeliz. Todo depende del trabajo en cuestión.
    Interesante reflexión la que planteas en la entrada de hoy.
    Un beso.

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    1. Hola, Rosa. Desde luego ese escenario que comentas es mucho peor, y que por desgracia lo sufre mucha gente. Eso de que el trabajo dignifica, pues qué quieres que te diga, depende de si hace que el trabajador se sienta realizado, haciendo lo que le gusta, aunque sea a cambio de un sueldo muy modesto, pero sin llegar a ser paupérrimo. El disfrute laboral va hasta cierto punto unido a la retribución recibida. Si uno hace lo que le gusta y además recibe una recompensa económica aceptable, creo que ello hace que el trabajador disfrute todavía más de su profesión.
      También es bastante habitual que uno acabe ejerciendo una profesión o practicando una actividad que no tenía prevista en sus planes por pura necesidad o por falta de oportunidades. De todos modos, tanto en Ciencias como en Letras, la enseñanza es una actividad muy noble y encomiable. Otra cosa muy distinta es que no sea lo suficientemente remunerada, pero si lo es, pues miel sobre hojuelas.
      En resumen, veo que has tenido suerte de sentirte feliz en tu trabajo, de lo que me congratulo.
      Un beso.

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  3. ¿Quizás, todo dependa de cómo enfrentemos el proceso...?

    He leído por ahí que, "una vez cubiertas las necesidades básicas, el aumento de la riqueza material tiene un impacto cada vez menor en la felicidad."

    Cierto o no, mientras pueda desarrollar mi propósito, no me molesta la incertidumbre... 😶

    Gracias por esta hermosa reflexión.
    ¡Te mando un abrazo!

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    1. Pues sí, hay quienes se conforman con menos, hay quienes quieren siempre más y hay quienes se adaptan a las circunstancias. Estos últimos son de los que aplican el refrán de "si la vida te da limones, haz limonada", je, je. Los que siempre quieren más, jamás serán felices.
      Y coincido contigo en que una vez cubiertas las necesidades básicas, a partir de ahí la riqueza deja de ser imprescindible, aunque no desdeñable.
      Un abrazo.

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  4. Creo que hay que optar por lo que haga más feliz en el trabajo, sino es así, el camino será duro, y de que sirve eso, pues como tu decías del tuyo al final, puede hacer mella en la salud. Claro que hoy día según están las cosas, la juventud con sus carreras se van fuera del país y quizás sean unas eminencias que darán sus frutos en otros lugares.
    Un abrazo Josep.

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    1. Lo que hoy día ya se está convirtiendo en algo habitual, emigrar a otro país donde uno pueda ejercer la profesión para la que se ha preparado y recibir un trato económico digno, en mi época había que ser muy valiente para probar fortuna en el extranjero, cosa que yo solo vislumbré como un sueño irrealizable. Así que me quedé donde estaba y buscarme la vida como buenamente pude.
      Un abrazo, Elda.

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  5. Lo cierto es que yo nunca tuve claro lo que quería ser cuando fuera mayor. La prueba es que hice el bachiller de Ciencias, me licencié en Filosofía y Letras (Filología) y he trabajado siempre en el tema financiero y los seguros. Frustrado nunca he estado, porque, como decía antes, no tenía una vocación definida. Como soy muy tranquilo y no demasiado ambicioso, siempre pensé que me jubilaría en el primer trabajo que tuviera, pero lo cierto es que he cambiado unas cuantas veces. En general he tenido suerte y nunca me ha costado esfuerzo ir a trabajar, ni he tenido traumas postvacacionales. Los ascensos nunca me han compensado y el dinero (teniendo el suficiente para vivir con una cierta holgura) nunca me ha quitado el sueño. No necesito mucho dinero para ser feliz, ni sueño con que me toque la lotería. Creo que no sería más feliz si así ocurriera.
    Un abrazo.

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    1. Pues eres el paradigma del hombre feliz, je, je. Lo importante es sentirse satisfecho con lo que uno hace y recibe a cambio. Si me lo permites, aplicaría a tu situación/comportamiento lo que le decía más arriba a "Un perro con opinión": que has sabido adaptarte a las circunstancias y cuando la vida te ha dado limones, te has hecho una limonada, ja, ja, ja.
      Un abrazo.

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  6. Salvo esos dos últimos años de estrés se podría decir con con las dificultades propias de toda profesión elegiste una opción que te hizo moderadamente feliz en el aspecto laboral. Con respecto a la disyuntiva que planteas yo elegiría ser feliz en cualquier orden de la vida teniendo las necesidades básicas cubiertas. No creo que el dinero de la felicidad aunque te puede sacar de algunos apuros importantes.
    Un abrazo, Josep.

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    1. En todas partes cuecen habas, dice el refrán. Que levante la mano quien no haya tenido algún problema o tropiezo en el trabajo que en un momento dado le ha hecho dudar de si iba en la buena dirección. Más que el dinero, siempre busqué un ambiente laboral agradable y solo lo conseguí con mi primer trabajo. Y es que en algunos ámbitos laborales, suelen producirse injusticias y uno tiene que sobrevivir como en una gran selva. No obstante, visto todo en perspectiva, no puedo quejarme más de lo que puede hacerlo otro profesional que haya pasado por lo mismo.
      Un abrazo, Miguel.

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  7. Hola, Josep Maria.
    Nunca me ha gustado la palabra: elegir, creo que eso nos invalida o cierra puertas. No quiero decir con esto que la duda me impida tomar decisiones, nada que ver, pero, ¿por qué tenemos que escoger un camino como único? Porque no podemos alcanzar en algún momento otro. ¿Habla mi frustración? Tal vez, ja, ja, ja Básicamente lo dice alguien que lleva más de 20 años trabajando en la misma empresa, fíjate que incoherente.
    Recuerdo la primera vez que me hicieron escoger o fui consciente de ello, tenía 8 años, me iban a operar de apendicitis y a las puertas de entrar en el quirófano (un par de minutos eternos) la enfermera me preguntó, ¿quién quieres que esté aquí contigo? Tu madre o tu padre, yo contesté: los dos. Y no me baje del burro. Sobre el dinero, se necesita, es primordial para no vivir en la indigencia, para cubrir las necesidades básicas y necesarias, pero más allá de eso no creo que proporcione goce o quizás seamos excesivamente minimalistas y le damos el valor que le corresponde a lo materia.
    Una entrada que no solo habla de las opciones, metas o necesidades, creo que el mensaje que dejas al final es lo que realmente es importante para uno, y sin duda lo que más valor tiene en este mundo es el afecto. El cariño de los nuestros y de los que en algún momento nos acompañan en este viaje llamado vida.
    Un beso.

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    1. Una elección siempre resulta incómoda, pues nos aobreviene la duda de si nuestra decisión será la óptima. Ojalá no tuviérmaos jamás que decantarnos por una u otra opción, pero a lo largo de la vida tenemos que definir lo que queremos hacer. Es nuetra voluntad la que manda, pero muchas veces estamos condicionados por muchas causas. Y no solo cuando hay dos únicas opciones, sino varias. En la vida cotidiana y en asuntos mucho más banales, solemos elegir entre unos zapatos u otros, entre una marca de coche u otra, si vemos primero esa película o esa otra, si veraneamos en la playa o en la montaña y en qué hotel. Lo realmente importate y difícil es decidir (si no te gusta el verbo elegir) qué alternativa tomar cuanso se nos presenta una disyuntiva y cuya decisión puede marcarnos de por vida.
      Trabajar hoy día en una misma empresa durante toda la vida laboral es muy difícil, pero loable, si ello significa que uno está a gusto y o desea cambiar. En mi caso, los cambios de empresa no se debieron únicamente por motivos económicos, sino más bien por ir en busca de un ambiente de trabajo mejor, aunque luego comprobara en más deuna ocasión que había salvado del fuego para caer en las brasas, je, je.
      Para mí, la única incapacidad decisoria sería en el caso de tener que elegir entre dos personas a las que se ama por igual. Y abundando en esta situación, ¿qué haríamos si tuviéramos que elegir entre dos mujeres, o dos hombres, de los que estamos enamorados por igual, si es que ello es posible?, ¿hacer un trío?, ja, ja, ja.
      Un beso.

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  8. Escribes como nadie
    Los envidiosos te juzgan para bajarte el autoestima porque nadie te puede quitar la cara entonces te quitan la motivación
    NO LES DES GUSTOOOOOO 💘

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    1. La envidia es muy mala consejera y lo pasa peor el envidioso que el envidiado.
      Un saludo.

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  9. Yo siempre he dicho que prefería ser pobre pero feliz, pero eso es porque, aunque he tenido épocas complicadas económicamente, nunca he sido pobre; siempre he tenido casa, la finca, coche, he comido a diario... Pobre no he sido.
    A día de hoy quiero salud y salud, llevo dos años con pérdidas de gente querida y enfermedades alrededor, así que dinero para vivir sí, claro, y para disfrutar un poco, también, ero salud.
    Me ha gustado leer tu vida laboral, esas etapas... Seguro que ahora eres muy feliz.

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    1. La vida nos depara altibajos con mucha frecuencia y lo importante es saberlos superar, lo que ahora conocemos por resiliencia. Toda falta es un bache doloroso, tanto la falta de dinero como la de salud. En estos casos siempre me viene a la memoria aquella canción de los años de la catapum, que decía que tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. "Y quien tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide, la salud y la platita, que no la tire, que no la tire", ja, ja, ja.
      Y sí, hora soy mucho más feliz, disfrutando del tiempo libre, de la familia, y ejerciendo de abuelo de tres nietos que son tres soles, pero tengo que reconocer que tardé tiempo en olvidar aquel pasado tan turbio y doloroso.
      Un abrazo.

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  10. Yo siempre he trabajado muchísimo, sin descanso alguno, pero siempre dije no tener mérito porque me encantaba lo que hacía. He mantenido dos profesiones de manera prácticamente simultánea, una para sustentarme económicamente y bien, otra vocacional, si unimos las dos es como si sumamos +10 con -10, nos quedamos en tablas. Pues eso, pero a mí que me quiten lo bailao.
    SAludos.

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    1. Pues has sido muy afortunada y por partida doble. Es un privilegio poder trabajar en lo que a uno le gusta y que ello no afecte a la economía personal. Y, además, trabajar en algo que te reporta un beneficio económico si ser desagradable y alternarlo con otro que te satisface aunque no te reporte mucho dinero ya es el súmmum, je, je.
      Un saludo.

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  11. En esto del dinero y por ende la riqueza los matices son infinitos: lo que para unos es poco, para otros es mucho o es más que suficiente. Lo importante es tener las necesidades propias y familiares cubiertas suficientemente. La cuestión esencial estriba en el trabajo satisfactorio o no. Pienso que es ahí donde se da en mayor grado la felicidad o infelicidad; el dinero sólo actúa como amortiguador de la infelicidad porque si estás contento con tu profesión y sus condiciones laborales el dinero aunque no sea increíble pasa a segundo lugar.
    En mi caso, como en plan de broma siempre les decía a mis alumnos, yo siempre he vivido del "cuento". Ja´, ja, ja... de contar historias como profe de literatura y disfrutar haciéndolo, unos días más que otros, naturalmente.
    Un fortísimo abrazo, Josep

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    1. Hola, Juan Carlos. Aun trabajando en algo agradable, si el empleado no está jamás satisfecho con lo que gana y siempre quiere más, nunca será feliz. Otra cosa es si un sueldo muy generoso hace que un trabajo pesado y aburrido resulte más llevadero. También es verdad que no es más rico el que más gana, sino el que menos gasta, je, je.
      Vivir del cuento suele reportar un buen dinero o, cuanto menos, disfrutar y hacer disfrutar a los demás, como sería tu caso, ja, ja, ja.
      Un abrazo.

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