jueves, 9 de julio de 2015

Radio Juventud de Barcelona

A finales de los años sesenta yo todavía era el típico fan de los Beatles y los Rolling Stones, y mi discografía era bastante conservadora, aunque con unos gustos más vanguardistas que los de la mayoría de jóvenes del país.

La pasión por el blues, el rock y el jazz se despertaron en mí cuando cursaba segundo de Biológicas, con diecinueve años. Fue un compañero de clase, César, quien me inoculó el virus de la “blues manía” primero y el de la “jazz manía” después. Esta afición común por la música hizo que nuestro compañerismo se convirtiera en amistad. Poco más tarde, un amigo de un amigo de César, Quique, un “rock maníaco” desmadrado, se añadió al dúo de enfermos por la música. Los tres nos pasábamos horas y horas, todos los fines de semana, escuchando embobados los tan apreciados LP de importación que comprábamos en Discos Castelló, en la calle Tallers, o bien en Andorra, y que nos costaban nuestros buenos ahorros.

Pero si escuchar la música era un placer, imaginarnos interpretándola ya era el súmmum. Así que decidimos la locura de formar un trío: César a la guitarra solista, Quique a la batería y un servidor al bajo. Pero sin instrumentos de una mínima calidad para sonar como Dios manda (tuvimos que contentarnos con dos guitarras acústicas baratas y una batería de tercera mano que más bien parecía una batería de cocina por cómo sonaba) y la más absoluta falta de formación musical, el resultado fue un desastre en todos los sentidos (vista, oído…).

Así pues, si no podíamos dar a conocer al mundo nuestras habilidades musicales, por lo menos podíamos intentar difundir lo que, para nosotros, era la mejor música del momento cuando en este país los grupos autóctonos dominantes eran Los Brincos, Fórmula V y Los Diablos con un rayo de sol, oh, oh, oh. Los más vanguardistas: Los Bravos y Los Canarios. Pero muy pocos sabían quiénes eran Jeff Beck, Eric Clapton, Jimmy Page y un largo etcétera. Dentro del rock internacional, los Rolling Stones seguían ocupando los primeros lugares del Hit Parade Nacional, pero Black Sabbath, Deep Purple y Blue Cheer, precursores, a final de los años sesenta y principios de los setenta, del Heavy Metal, eran unos perfectos desconocidos. Y nosotros nos sentíamos con la obligación de poder remedio a esa grave deficiencia.
 
 
Radio Juventud de Barcelona era, a la sazón, la emisora catalana de radio más “progre” en cuanto a música pop, y el responsable de ello era Josep Mª Pallardó y su programa “El Clan de la Una”. Y con ese propósito redentor nos dirigimos, César, Quique y yo, a la Vía Augusta, número 17, donde se acababan de inaugurar los nuevos estudios de esa emisora, para ofrecerles nuestros servicios.

No pudimos contar con la inestimable participación de nuestro ídolo radiofónico pero sí conseguimos, sin cobrar un duro, tener en antena un programa de música Underground, como nos gustaba definirla, a las 00:00 horas de los sábados, motivo por el cual lo bautizamos con el nombre de “Underground, la hora bruja” o algo así. Por la hora de emisión, por la falta de publicidad o por lo que fuera, la audiencia, si es que existía, debía ser muy escasa porque nunca nadie llamó ni escribió al programa para darnos su opinión por mucho que animáramos a los oyentes potenciales a hacerlo. Ante el silencio al otro lado de las ondas, consideramos que no valía la pena emitir un programa de dos horas en directo y a medianoche de un sábado, y la cadena aceptó de buen grado nuestra propuesta de emitirlo grabado.

A pesar de la falta de incentivo económico y de los gastos que representaba para nosotros, pues éramos los únicos proveedores de los discos que “pinchaban” en el programa, nos lo pasábamos de madre. Cada uno aportaba una serie de temas musicales previamente seleccionados y los presentábamos haciendo referencia a los componentes del grupo en cuestión, a sus inicios  y trayectoria, con comentarios y crítica sobre su estilo musical. Llegamos, incluso, a inventarnos entrevistas a músicos ficticios de grupos noveles, papel que interpretábamos nosotros mismos cambiando la voz para no ser descubiertos. Recuerdo que en una ocasión, con motivo de haber emitido un tema del grupo británico Jethro Tull, el líder y compositor del cual, Ian Anderson, tocaba la flauta travesera, se nos ocurrió que yo podía hacerme pasar por un flautista de un grupo local imaginario acabado de formar. Cuando uno de mis compañeros inició la entrevista preguntándome qué instrumento tocaba en el grupo, al contestar “la flauta” me entró un ataque de risa que contagió a los presentes y, por mucho que repetimos la grabación, cada vez que decía “flauta” nos sobrevenía una hilaridad tan irrefrenable que tuvimos que renunciar a la supuesta entrevista.

No sé si aquel incidente fue el detonante pero a partir de aquel momento el programa se nos fue de las manos, se convirtió, entre tema y tema musical, en una sucesión de burlas, chanzas y otros disparates, es decir en un desbarajuste de tal magnitud que acabó como el rosario de la aurora. Aunque no hubieron garrotazos, sí recibimos una buena reprimenda por parte de la dirección.

Así fue como acabó esta inolvidable experiencia musical. Y nosotros tan contentos. “Que nos quiten lo bailao”, pensamos.
 
 

4 comentarios:

  1. Pues claro que sí, "que os quiten lo bailao". Muy divertida la entrada, JOSEP. Ojalá me hubieran tocado esos años.Adoro a los Rolling, Creedence, Pink Floyd, Deep Purple, Bob Dylan,.... y aún más me hubiera encantado estar en las juergas para las grabaciones de vuestro programa,jaja. Hermosa experiencia que es eterna ya :) Un abrazo

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    1. Hola Ana (o Ana Lía quizá): Me alegra que hayas pasado un rato agradable leyendo esta pequeña (para el/la lector/a) o grande (para un servidor) aventura, según se mire y quien lo mire. Los años de adolescencia siempre encierran muchos gratos recuerdos. Pero por muchos años que hayan pasado, siguen gustándome los grupos de rock alternativo, el blues y el jazz. A Pink Floyd lo descubrí bastantes años más tarde y con la música de Creedence me inicié en el baile de discoteca (cuando en las discotecas alternaban la música pop con los lentos, para bailar pegados.
      Un abrazo.

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  2. Jajaja, anda mira tú que aficiones más chulas has tenido y encima, como tu dices, con cantantes que la mayoría no conocía en esa época (por lo menos yo), todo lo que se cantará en otro idioma que no fuera el mío, ni me llamaba la atención, jajaja.
    Me ha encantado la historia, una buena experiencia que siempre recordarás con cariño. Me ha gustado mucho leerla.
    Un abrazo.

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    1. Hola Elda.
      Fue una etapa muy divertida, como te puedes imaginar. La música ha sido, desde que cumplí los 16 años y mi padre me regaló (por haber aprobado la reválida de sexto de bachillerato) un tocadiscos portátil, en una de mis pasiones, junto al cine y la lectura (en la que también me inicié a esa edad). Me gastaba todos mis ahorrillos en discos.
      Me alegra que te haya gustado este relato. Muchas gracias.
      Un abrazo.

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