Como bien sabéis, los “contadores
inteligentes de luz” son dispositivos digitales de medición que registran
el consumo eléctrico en tiempo real y lo envían automáticamente a la
distribuidora mediante telegestión, eliminando lecturas presenciales. Desde
luego, todo un adelanto tecnológico, que como todos los que se ponen en
práctica, tiene por objeto suprimir las actuaciones manuales y los trámites
innecesarios, sustituyéndolos por métodos mucho más prácticos y eficaces.
Creo haber tratado ya el tema de base
y que me ha impulsado a escribir esta entrada: la contradicción existente entre
la teoría y la práctica, entre lo oportuno y lo inoportuno. ¡Cuántas veces,
por problemas precisamente tecnológicos, hemos tenido que acabar recurriendo a
lo analógico porque el sistema digital no ha funcionado!
El caso práctico que quiero tratar aquí
no se refiere a un fallo puntual de una aplicación tecnológica sino a la
absurda coexistencia de lo nuevo, lo innovador y lo viejo, lo desfasado.
En la finca donde vivo disponemos
desde hace muchos años, tantos como los que habito en ella, más de cuarenta, de
unos contadores de la luz llamados “inteligentes” y cuya función he descrito al
inicio de este texto. Pues bien, llevo tiempo (tanto como de jubilado) observando
que, con una cierta frecuencia, aparece un técnico para efectuar la lectura de
los mismos. Como vivo en los bajos y el armario de los contadores está junto a
mi puerta, el referido técnico ─que ya me conoce y sabe que acostumbro a estar
en casa─ suele llamar a mi interfono para que le abra la puerta de acceso a la
finca, de ahí que esté avisado de su presencia. En alguna ocasión, le he preguntado
cómo es posible que tenga que proceder a la lectura de los consumos si los
contadores funcionan por control remoto. Nunca he recibido una clara respuesta,
solo una sonrisa condescendiente, mientras murmura algo ininteligible. No debe
atreverse a decir la verdad: que de inteligentes tienen más bien poco y que se
estropean de vez en cuando.
Pero si ello no fuera suficiente,
después resulta que en muchas facturas que recibo, el consumo que indica y cobra
la Compañía eléctrica está basado en lecturas estimadas, no reales. Así pues, ¿por
qué se presenta una persona física a realizar las lecturas reales si luego nos
aplican una estimada? y, sobre todo, ¿por qué se hacen lecturas presenciales si
nuestros contadores son, supuestamente, inteligentes?
En más de una ocasión he procedido a
una reclamación por escrito exigiendo una respuesta a estas dos preguntas. La
única y repetida alegación que he recibido es que no me preocupe, porque ya se
regularizará el consumo en la siguiente factura, cuando esta se base en
lecturas reales, algo que a veces tiene lugar al cabo de más de una factura y
nunca sabes si esa supuesta regularización se ha hecho correctamente.
Ello demuestra, una vez más, que estamos
en manos de Empresas a las que les importa un pito la atención al cliente. Una
vez han conseguido tenerte entre sus abonados, les trae al pairo tu satisfacción
por el servicio recibido.
En mi caso, la Compañía que tengo
contratada es una simple comercializadora, no la suministradora, con lo cual
todavía tienen más excusa para no resolver el problema que les he expuesto. No
es culpa nuestra, sino de ellos, argumentan, por mucho que les diga que, aun
siendo unos intermediarios, pueden y deben ejercer una influencia sobre la
Compañía suministradora en defensa de los derechos de sus clientes. Pero da
igual, en todas partes cuecen habas, pues años atrás mi contrato de la luz era
con esa suministradora y el trato era idéntico o peor, de modo que cambié de
Empresa, aunque podría decir que huí del fuego para caer en las brasas. Lo
único que debo reconocer a favor de la actual Compañía es que, por lo menos,
responde (aunque sea con evasivas) a las quejas, y con premura, cosa que la
anterior no se dignaba a hacer. Algo es algo, dijo un calvo. Pero yo prefiero
lo que dijo Don Quijote: Con la iglesia hemos topado, amigo Sancho*.
*En realidad, la frase utilizada por
Cervantes en El Quijote es “con la iglesia hemos dado, Sancho”, pero la
indicada aquí es la más popular.

Cuando me cambié de casa hace una año, me sucedía con el gas. El contador está en mi propia casa, nadie venía a comprobar el consumo y luego me pasaban una estimación muy mal estimada, porque sobrepasaba por mucho la realidad. Protesté, me devolvieron el exceso en otra factura y, actualmente, somos los vecinos los que ponemos el dato en un papel que se coloca en la portería cada dos meses (periodo de la factura).
ResponderEliminarEs que la estimación la hacen por exceso, nunca por defecto y la verdad es que no sé en qué se basan; siempre pensé en que se fijaban en el consumo medio habitual o lo que consumiste el mismo mes del año pasado, pero jamás he visto que sea así. Deben pensar que más vale que sobre que que falte. Y menos mal que a tí te devolvieron el exceso cobrado, porque a mí Endesa me cobró un disparate (más de 400 euros en lugar de los 150 habituales), les demostré dónde estaba el error y ni por esas. Llamadas, escritos, visitas presenciales a una de sus oficinas, incluso acabó interviniendo la OCU (unos inútiles, por cierto), y al final tuve que tragarme la factura. Por eso me cambié de Compañía, pero luego descubrí que la nueva era una comericalizadora y que la suinistradora (la propietaria de los contadores) es precisamente Endesa. Lo dicho sobre la Inglesia.
EliminarUn abrazo.
Siendo un sistema de medición inabarcable para mí, al menos su interpretación, hace tiempo dejé de preocuparme por ello, que es lo que la compañía pretende en todo momento y con todo cliente.
ResponderEliminarUn abrazo.
Yo también me despreocuparía si no fuera porque instalé placas solares para ahorrar y resulta que en más de una ocasión me cobran de forma estimada como si no las tuviera.
EliminarUn abrazo.
Lo de las compañías eléctricas es para hacérselo mirar. Comparto todas tus dudas, Josep. Yo también me quedo hojiplático al ver cómo lo digital, lo analógico, la telegestión, el control presencial y las lecturas estimadas aparecen de manera recurrente. ¿Sabes qué ocurre ante tal desmadre? Pues que el cliente (hablo por mí) al final para no volverse loco, pasa del tema y vieene a aceptar todo lo que le digan y le facturen. Hacemos mal, pero... muchas veces obramos así.
ResponderEliminarUn abrazo
Es muy cierto, Juan Carlos, que muchas veces, por cansancio o desidia, aceptamos sin rechistar lo que nos cobran, aun pareciéndonos excesivo. Y si llamas al número de atención al cliente te dan una explicación que todavía te confunde más, de modo que acabas claudicando. Lo peor de todo es cuando (como a mí me pasó) te facturan una cantidad exorbitante e injustificada y eres incapaz de obtener una explicación plausible (si es que la hay) y tengas que tragar, porque nada ni nadie les hace cambiar de opinión. La única solución es cambiar de Compañía, pero luego compruebas que en todas partes cuecen habas.
EliminarUn abrazo.
Se entendería que en pleno siglo XXI esto NO debería suceder pero es tan común, el que termina afectado y pagando lo que no consume es el usuario, más allá la energia eléctrica es la sangre de la postmodernidad , es inevitable.. Saludos cordiales
ResponderEliminarAun estando en pleno siglo XXI observamos esa gran cintradicción: por un lado tenemos aplicaciones tan avanzadas y complejas que no acabamos de entender, vemos adelantos tecnológicos gigantescos, jamás imaginados, y por otro sufrimos unos fallos incomprensibles en las cosas más sencillas técnicamente.
EliminarSaludos.
De las compañías eléctricas es mejor no hablar porque sí, con la iglesia hemos dado (o topado). Lo que cuentas, para empezar, pero ¿y las llamadas constantes que dicen que son de tu compañía eléctrica, pero quieren que te cambies a no sé qué cosa porque te están cobrando mucho? "Pues cóbrame menos", le digo y me responde que tengo que darme de alta en no sé qué cosa. Al final descubres que no es tu compañía sino otra que quiere captarte. Yo ya les corto de mala manera. Sé que el que está al teléfono no tiene la culpa, pero mira, yo tampoco.
ResponderEliminarY sí, lo de la lectura estimada está tan al cabo del día que el cliente ya pasa como dice Juan Carlos. Sale mejor para la salud mental.
Un beso.
Hola, Rosa. En una ocasión me sucedió lo que comentas. Me llamaron diciéndome que sabían que estaba descontento con lo que me facturaban y me ofrecian una opción para ahorrar. En un principio me lo creí, pues justamente había presentado una reclamación a la empresa eléctrica que tenía entonces contratada y que me había cobrado una barbaridad en la última factura. Pero a medida que avanzaba la conversación, ya comprendí que era un engaño, hasta llegar al punto culminante en que la chica (que, además hablaba atropelladamente y con un acento marcadamente hispano que me resultaba difícil de entender) me dijo que lo único que cambiaría es que la próxima factura vendria bajo el nombre de otra Compañía, pero que era lo mismo. O sea, que en realidad me estaba intentando engatusar para que cambiara, sin saberlo, a esa otra Compañía. Debió pensar que era un viejo chocho. Lo preocuoante de eso, no es tan solo que te engañen, sino que saben tu nombre, tu dirección y tu número de teléfono. Ya escribí en una ocasión, sobre este tema, diciendo que sospechaba que en esas empresas hay un topo que usa tus datos para llamarte y hacerte una oferta, traicionando a la empresa en la que trabaja. Quizá sea una paranoia mía, pero todo me resulta tan sospechoso...
EliminarUn beso.