martes, 21 de abril de 2026

Reseñas falsas

 


Me da la impresión de que son muchos los que suelen consultar las reseñas que se publican en torno a establecimientos en general y a restaurantes y hoteles en particular. Yo no soy uno de ellos porque simplemente no me fio de su veracidad. ¿Cómo se explica que de un mismo “producto” haya opiniones radicalmente opuestas? A un cliente le ha parecido excelente y a otro un desastre. ¿Quién de ellos miente?

Hay una frase que dice que “cada uno cuenta la feria según le va”. Y es muy cierto. Dos personas han acudido, por ejemplo, a la misma fiesta y a uno le ha parecido soberbia, se lo ha pasado en grande, mientras que a otro le ha resultado sumamente aburrida y el ambiente nefasto. ¿Es cuestión de suerte? Muchos factores pueden haber influido para esta disparidad de opiniones. Pero ¿cómo puede ser que la comida que ofrece un restaurante sea excelente o la habitación de un hotel magnífica, y para otro cliente ese mismo restaurante ofrezca una comida vomitiva o ese mismo hotel disponga de cuchitriles como habitaciones? Lo más probable es que no sea verdad ni lo uno ni lo otro y que detrás de esas afirmaciones se escondan intereses inconfesables. Así pues, estamos frente a Reseñas falsas.

Las reseñas falsas son valoraciones fraudulentas, positivas o negativas, diseñadas para manipular la reputación de un establecimiento online, prohibidas por la normativa de la UE y España (Real Decreto-ley 24/2021) al considerarse prácticas comerciales engañosas. Se pueden combatir denunciando en Google, presentando alegaciones profesionales y, en casos graves, emprendiendo acciones legales por difamación. 

Según los expertos, para identificar una reseña falsa, hay que buscar patrones sospechosos, como nombres genéricos, perfiles sin historial, lenguaje extremadamente vago o exagerado (tanto positivo como negativo) y muchas evaluaciones positivas o negativas en muy poco tiempo. Hay que desconfiar si la reseña carece de detalles específicos de la experiencia o si menciona productos de la competencia.

Según un estudio realizado por Skeepers y la London School of Economics, hasta el 95% de los consumidores tiene en cuenta las reseñas online antes de realizar una compra, reservar una habitación de hotel, ir a un restaurante o asistir a un evento. 

Todo ello indica que hay desaprensivos que no dudan en calumniar si reciben una buena recompensa por ello. Existen empresas que contratan a reseñadores para que publiquen una crítica sobre un determinado establecimiento, sin haber puesto un pie en él. Y la compensación económica es directamente proporcional a la longitud del texto y a la locuacidad del mismo. Y del mismo modo, hay quienes se ofrecen públicamente para esta práctica a cambio de unos honorarios que indican en su oferta. Y esta práctica es públicamente abierta, es decir no se oculta ni enmascara, lo que la hace todavía más escandalosa.

Así pues, no podemos fiarnos de lo que se publica en las reseñas y solo el consejo de alguien conocido y fiable en sus gustos puede sacarnos de dudas.

Parece mentira como la cada vez mayor competitividad entre empresas genere este tipo de actividad comercial tan inmoral, pues hay empresas (generalmente pequeños comercios) que han tenido que cerrar por culpa de tales reseñas falsamente negativas. Tanto el contratador como el contratado para publicarlas están faltando a la verdad y dañando a un competidor que hace tan bien su labor que provoca el rencor de ciertas empresas que son incapaces de sobresalir por méritos propios.

Cualquier actividad fraudulenta e inmoral debe estar penada por la ley, una ley que si bien establece su prohibición, dudo mucho que se aplique, de lo contrario no abundarían este tipo de actividades ilegales. Parece como si se cumpliera la máxima que dice que ”hecha la ley, hecha la trampa”.