John Heywood acuñó en 1546 ─en su libro de proverbios─ la
frase “los árboles no dejan ver el bosque”, indicando con ello que muchas veces
los detalles minuciosos o los problemas inmediatos nos impiden comprender la
situación general de un problema. Pues bien, me da la impresión de que, aunque en
el fondo conocemos, por ejemplo, el origen de la carestía de los alimentos y su
constante incremento, no profundizamos lo suficiente en el origen y simplemente
nos centramos en su existencia, nos quejamos (y con razón), exigiendo una
solución a las autoridades (al Gobierno, en concreto), como si fueran los
únicos responsables, obviando a los verdaderos culpables: los intermediarios.
Desde su origen al consumidor final, el precio de los
alimentos se multiplica de forma escandalosa, llegando, en algunos casos, a
incrementos que van del 300% al 800%, tanto en los productos agrícolas como
ganaderos, según los informes de 2025.
Esta diferencia entre el punto de origen y el consumidor
(supermercado) se debe a los intermediarios, e incluyen los costes de
transporte, envasado y distribución, más el beneficio que se adjudica el
vendedor. Los agricultores, en concreto, a menudo denuncian que el precio al
que les abonan sus productos apenas cubre los gastos de producción, mientras
que el consumidor final paga precios mucho más altos, que en algunos casos (por
ejemplo: cuando hay escasez de producto por causas diversas, principalmente
climatológicas) resulta todavía más elocuente.
¿Quién controla esos márgenes, procurando que sean justos y
necesarios? Lo ignoro, pero parece que nadie con el mínimo poder, o
determinación, para interceder y solventar este problema cada vez más
acuciante.
En el ámbito farmacéutico, por ejemplo, el margen del
mayorista y el de la oficina de farmacia están regulados y fijados por ley y
también tienen sus costes. ¿Por qué, pues, el de los intermediarios en el
ámbito de la alimentación es libre? Desde el productor (el laboratorio
fabricante y/o comercializador) hasta el consumidor (el paciente) el precio de
un medicamento está fijado y controlado por el Ministerio de Sanidad, excepto
los medicamentos sin receta cuyo precio es libre. Pues bien, yo compararía a esos
medicamentos con receta, financiados por la Seguridad Social, a los productos
alimenticios de primera necesidad, pues ambos son imprescindibles para la
salud.
Así pues, en mi opinión, si se ajustaran, dentro de un
margen razonable, los precios que aplican los intermediarios de los productos
alimenticios, tanto el agricultor como el ganadero podrían vender sus productos
a un precio más justo y el consumidor final los pagaría a un precio más
razonable.
Que los precios, tanto en origen como en el supermercado,
suban debido a la escasez de los mismos, por las razones que antes he
comentado, como la baja producción debido a la sequía o a las inclemencias
climatológicas, es otro tema a considerar y con el que yo discrepo totalmente,
pero esto ya sería objeto de un análisis aparte.
Por lo tanto, deberían eliminarse las excusas de siempre:
de que es un tema muy complejo, que se está estudiando su posible solución,
mientras que los sectores perjudicados se manifiestan, a veces violentamente,
en las calles y carreteras de nuestro país, y que solo reciben promesas, que no
llegan a cumplirse, del Ministerio responsable. Eso de tomar medidas es muy
típico de nuestros políticos, pero parece que les falta voluntad o atrevimiento
para poner en práctica dichas medidas. Quizá temen a las grandes
comercializadoras y ser tachados por ciertos empresarios y partidos políticos de
comunistas o cuanto menos de dictadores, al imponer medidas coercitivas contra
los abusos de los de siempre.
Entretanto, muchos ciudadanos tendrán que seguir echando
cuentas a la hora de acudir al mercado para llenar la cesta de la compra y
estrecharse el cinturón cada vez más. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que ya no puedan
respirar? Como se dice en las encuestas: No sabe/no contesta.

Lo que no sé es si resulta complicado solucionarlo o hay pocas ganas de hacerlo, pero podría decirse que el problema de los intermediarios en la agricultura y la ganadería viene de siempre. Lo digo con relativo conocimiento de causa, porque mi padre era agricultor. Siempre nos aconsejó que nos buscáramos el futuro en otra actividad y así lo hicimos todos los hermanos. Creo que fue un buen consejo.
ResponderEliminarUn abrazo.
Hizo bien tu padre aconsejándoos dedicaros a otra cosa que no fuera el campo, aunque es una verdadera pena que no haya una sustitución generacional y se abandonen muchos trabajos (no solo en el campo sino también en otras esferas profesionales) por falta de incentivos y de rentabilidad. Algo tan importante como la agricultura, que nos da literalmente de comer, se ha maltratado siempre, mientras qure profesiones que aportan mucho menos a la sociedad están mucho más reconocidas y bien pagadas.
EliminarUn abrazo.
¿No había un proyecto del gobierno, para que hubieran unos alimentos considerados básicos, fuera de la espulación?
ResponderEliminarUn abrazo.
Eso nos dijeron, pero el caso es que el precio del pan ha subido un 20% los últimos 5 años y el de los huevos un 22% solo en este último año. Del dicho al hecho...
EliminarUn abrazo.
Sí, hay actividades que no se explica una por qué no se regulan sus precios. Desde el alquiler de la vivienda hasta el precio de una barra de pan parece que todo propietario tiene la libertad de hacer lo que le permita la ley de mercado sin que nadie ponga cortapisas al enriquecimiento de unos y a la casi imposibilidad de subsistir de otros. Lo de los intermediarios siempre me ha parecido terrible. Entiendo que son necesarios, pero que al productor casi (y sin el casi a veces) no le compense el gasto de producción y el comprador tenga que pagar precios tan inflados no tiene sentido. O muchos se forran por el camino o pocos se forran mucho.
ResponderEliminarUn beso.
La alimentación es un bien básico que debería estar regulada por ley, para evitar ese desmesurado deseo que hacer dinero a costa de los ciudadanos, aun perteneciendo a un grupo económicamente desfavorecido. Se alaba la labor de los empresarios y propietarios de algunos grandes supermercados sin resparar que abusan de su poder para ahogar económicamente a los agricultores y ganaderos, que son ni más ni menos, los verdaderos productores de esos bienes básicos para la alimentación humana. Toda la cadena, desde el productor al consumidor final, tendría que estar bajo control para evitar esos atropellos.
EliminarUn beso.
Bienvenido al sistema capitalista, Josep Mª. Esto es lo que hay. Yo también soy partidaria de poner coto a tanto desmán, pero luego vienen los rancios y te acusan de intervencionista y de atacar al libre comercio.
ResponderEliminarLo de los alimentos no tiene explicación ninguna. Se declara un brote de gripe aviar en EE. UU. y al día siguiente los huevos en España suben un 20%. Hay una mala cosecha de aceituna y antes de que esa cosecha se convierta en aceite, en las tiendas ya ha subido el que corresponde a la añada anterior.
Una vergüenza. No solo son los intermediarios, el precio de los productos básicos oscila en función de agentes interesados.
Un beso.
Últimamente, y cada vez con más frecuencia, las propuestas (tímidas, por cierto) del gobierno de coalición para mejorar la vida de los ciudadanos más vulnerables encuentra una brutal oposición por parte de la oposición, valga la redundacia. Y es que los poderes económicos (que son los que realmente mandan) no permiten que empresarios, banca y demás vividores, pierdan su poder adquisitivo, en contraposiciñon al de los ciudadanos de a pie. Y, efectivamente, todo intento a favor de los trabajadores está considerado por los partidos de la derecha y ultraderecha como un comportamieto dictatorial, cuando no comunista.
EliminarEn cuanto al aumento de precios de forma anticipada, un ejemplo claro y tremendamente injusto es el de los carburantes. Cuando el precio del barril de petróleo baja, no se nota en los surtidores de gasolina hasta al cabo de semanas, porque argumentan que compraron el caburante al precio anterior, más alto, pero si sube lo aplican de inmediato aunque compraran la gasolina a un precio más bajo. Y todo ello sin que nadie se atreva a meter mano contra ese abuso. Y así en cualquier otro producto de consumo.
Estamos en manos de sinvergüenzas a los que nadie se atreve a pararles los pies.
Un beso.
Siempre el que va a cargar con el peso de las malas decisiones es el ciudadano de a pie, eso pasa desde que los transeuntes caminaban por las callejuelas emperdradas de Roma y así será ...
ResponderEliminarPues sí, Pable, siempre acabamos pagando el pato los mismos, los consumidores finales, desde tiempos inmemoriales.
EliminarUn abrazo.
Urge poner coto a tanto desmán,
ResponderEliminarpero luego vienen los rancios y te acusan de intervencionista y de atacar al libre comercio.
Recuerdan lo del afán del individuo de culpar a los astros (sol, luna, estrellas, ...) de todo lo que acontece, pues he aquí otro ejemplo práctico.
Y de esa forma sigue la casa sin barrer.
Este es el mundo que nos ha tocado vivir.
Lo malo de este país (y muy probablemente de otros de nuestro entorno) es la lentitud para tomar medidas para atajar los abusos económicos de las grandes, y no tan grandes, empresas. Y es que la teoría dista mucho de la práctica. Todo son buenas palabras pero no se llega a los hechos, pues tales medidas provocarían un aluvión de críticas, a cual más agresiva, contra el gobierno, que sería tachado, como bien dices, de intervencionista y, por qué no, de comunista.
EliminarEfectivamente, este es el mundo en el que nos ha tocado vivir, y sobrevivir.
Un saludo.