martes, 6 de junio de 2017

Comer para vivir o vivir para comer


Cada vez me siento más saturado con los programas televisivos de gastronomía; hasta empiezo a sentir un cierto hartazgo hacia la propia gastronomía. Por lo menos la gastronomía grandilocuente y de espectáculo. 

Lo que antes era una actividad doméstica y hostelera, representativa de una región y cultura, básicamente pensada para satisfacer el hambre y el estómago más exigente, lo que era un pequeño placer mundano, se ha convertido, en las últimas décadas y cada vez con un mayor auge, en un arte, una ciencia, en el no va más del ingenio y de la ingeniería culinaria.

Esta demostración artístico-técnica ha llegado a cotas tan elevadas que ya ocupa un puesto de honor en nuestra vida y en los medios de comunicación de masas. 

¿Está justificado ese derroche de ingenio, tanta investigación de laboratorio, esa lucha sin cuartel por una estrella Michelin, para que la “obra de arte” resultante acabe ocupando un espacio minúsculo en un plato de grandes dimensiones (lo que mengua aún más el tamaño aparente de la ración) y para la que tendremos que abonar una cantidad exorbitada? ¿Vale la pena apuntarse a una larga lista de espera (en algunos casos de meses) para tener el privilegio de saborear la especialidad de ese chef tan famoso, estrafalario y petulante, para que nuestro paladar pase una hora agradable y nuestra tarjeta de crédito una mala experiencia?

¿No nos estamos pasando un poco con la gastronomía de última moda? A fin de cuentas, el objeto de la gastronomía es, o debería ser, alimentarnos de forma sana y agradable, satisfaciéndonos tanto por la calidad como por la cantidad, esa relación, a veces infravalorada, calidad-precio. Estoy seguro que nuestro paladar, y mucho menos nuestro estómago, no sabrá apreciar si el alimento que le llega lleva el sello de tal o cual chef. ¿No habrá mucho esnobismo oculto tanto por parte del que cocina como de quien consume?

Hoy día no hay cadena televisiva que se precie que no tenga en su parrilla de programación, y muchas veces en horario de máxima audiencia, un espacio dedicado a cursos o concursos de gastronomía. Los chefs de calidad han pasado de ser unos buenos profesionales de la cocina a unos genios de la innovación, a unos personajes célebres y mediáticos como lo puede ser un cantante, actor o diseñador de moda de fama nacional e internacional. Pero si bien una obra musical, una obra de teatro, una película, una moda en el vestir tiene, o puede tener, una larga vida, una vianda dura lo que dura el trayecto desde el plato a la boca y al cabo de unos minutos ni siquiera permanece su sabor en nuestro paladar y a duras penas en nuestra memoria.

No puedo ni me atrevo a discutir el puesto que ocupa en el ranking de intereses personales la gastronomía. Pero yo pienso que una cosa es, por ejemplo, hacer una excursión a un bello y lejano paraje y, de paso, buscar un buen restaurante por los alrededores donde degustar los platos típicos del lugar, y otra muy distinta recorrer muchos kilómetros solo para comer en un renombrado restaurante montañés y, solo de paso y como quien dice por accidente, contemplar la naturaleza que transcurre junto a la carretera.

Cada uno es muy libre de comer dónde y cómo quiera, así como de vaciar su billetero a su antojo tras un opíparo ágape. Comer siempre ha sido un acto fisiológico que procura placer. Pero qué queréis que os diga, yo prefiero un buen puchero de alubias seguido de carne asada con guarnición que un “suflé Mirepoix de cardamomo bañado con salsa de gorgonzola y vinagreta de manzana Fuji” seguido de un “papillote de salmón noruego en salsa de piña guajillo marinado con vino agrio japonés y especiado con eneldo crudo de Calabria”.

Allá cada uno con sus gustos y su economía. Pero siempre que oigo tantos elogios a favor de la gastronomía moderna, de élite, y veo esos talleres y concursos de cocina innovadora, me pregunto lo mismo: ¿comemos para vivir o vivimos para comer? De todo habrá en la viña del Señor. Y ahora os tengo que dejar porque es la hora de comer y estoy hambriento. Además, hoy tenemos lentejas con arroz y pollo al chilindrón, mmmm.


Nota aclaratoria: los platos mencionados como ejemplo de modernidad culinaria son pura invención. Todo parecido con la realidad es pura coincidencia.

32 comentarios:

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo Josep. Comer es quizá un placer más grande que tener sexo (sin sexo bien se puede vivir varios meses, aunque no es recomendable eh, jajajajaja) y no me parece placentero enfrentarse a un plato que en dos bocados se ha terminado.
    Vaya, que estoy de acuerdo con cuanto dices mi amigo.
    Un abrazo, y buen provecho.

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    1. Jajaja. Además, la abstinencia alimenticia se traduce en alteraciones físicas, mientras que la sexual en alteraciones mentales, jeje. Y en cuanto al tamaño de la ración, hay que tener en cuenta que lo placentero debe ser duradero.
      Muchas gracias por pasarte a leer este post gastronómico.
      Un abrazo.

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  2. Si las abuelas vieran donde hemos acabado....

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    1. Las abuelas sí que eran (y son) buenas cocineras sin tantas zarandajas, jeje.
      Un abrazo.

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  3. Jajajaja.
    Yo decía eso hasta que pude probar ese tipo de cocina y oye, no sé que tiene pero engancha que no veas. Obviamente la he degustado en pocas ocasiones, la primera fue en un restaurante con estrellas Michelín y lo hice porque era un premio ganado en un certamen literario. Salí alucinada pero te confieso que yo no me habría gastado esos 400 euros que costaba la cena para dos, con eso me voy unos días fuera o hago otra cosa.
    Y la otra vez ya lo pagué yo y fue en un crucero...todo era espectacular pero como digo, para una vez o dos. Y desde luego si voy a un sitio bonito lo que me importa es el sitio y la compañía, que tenga un restaurante Michelín me es indiferente, de hecho algunos de mis mejores recuerdos de excursiones familiares saben a ensaladilla, tortilla y filetes empanados.
    Yo ayer también comí lentejas con arroz y luego albóndigas.
    Un abrazo.

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    1. Hola Marigem. Yo también he tenido "el gusto" de probar esos manjares de diseño, concretamente (hace muchos años) en el Bulli de Ferràn Adrià. Menos mal que era una cena para los directivos de la empresa donde entonces trabajaba y pagó nuestro director general, a quien, por cierto, casi se le saltan las pestañas cuando miró la cuenta.
      Si quieres que te diga la verdad, no me enteré mucho de lo que comía, aparte de la ridiculez de las raciones. Recuerdo que uno de los comensales, el director comercial, se dejó aconsejar y acabó comiendo tuétano de ternera a la menta y chocolate. ¡Tuétano! Ya me dirás tú qué ingrediente tan caro y exclusivo.
      Evidentemente, en casos como este puede aplicarse la máxima que dice que cada uno cuenta la feria según le va. A mí me fue fatal y desde entonces no he querido repetir.
      Un abrazo.
      P.D.- Me encantan las albóndigas.

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  4. Esto de tener que darte la razón sin "peros" se está convirtiendo en costumbre a la hora de comentar tus reflexiones, Josep. Espero que no te moleste jajajaja.

    A mí, como a cualquiera, me gusta comer bien, pero eso incluye no gastarme un dineral en una porción ínfima de algo que apenas ocupa espacio en el plato y que el chef ha pasado horas ideando y cocinando, como si fuera una pieza de joyería. Lo cierto es que lo veo un sinsentido; seré bruta y poco refinada, no digo que no, pero es lo que pienso. Y parece que no soy la única :))

    Gracias por dar voz a nuestros pensamientos, amigo. ¡Es un gusto leer tus reflexiones siempre precisas, fundadas y maravillosamente bien escritas!

    Un abrazo de miércoles.

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    1. Pues tendré que buscar un tema mucho más controvertido, jajaja.
      Y no creas, que muchas veces pienso que algún día tendré un "tropiezo" y alguien se va a molestar por lo que afirmo, aunque siempre procuro decir las cosas con un cierto tacto. En este caso, sin embargo, el más sofisticado gourmet, aun discrepando de mi punto de vista, no creo que pueda sentirse ofendido. Como digo, cada uno es cada cual y decide la forma de alimentarse, jeje.
      Siempre he creído que en el término medio, en la moderación, está la clave de casi todo.
      Un abrazo.

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  5. Jajaja, pues que te aproveche, me encantan las dos cosas que tienes de comida.
    Aparte del esnobismo por parte del consumidor que es el que le da salida a estos menús tan especiales, el famoseo a venido porque al fin y al cabo es un show llevado por las televisiones y con el que sin duda a tenido y tiene bastante éxito, ya no por ver como cocinan y las dificultades, que también, sino por eso de pensar... haber quien gana, jajaja.
    Pero te doy toda la razón, y me parece un despropósito esperar meses y pagar cantidad desorbitadas por comer dos centímetros muy bien puestos, de algo que no sabes ni lo que es. ¡Donde esté un bocadillo de jamón de Jabugo que se quiten todas esas mínimas delicateses.
    Un placer la lectura.
    Un abrazo.

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    1. Sí, Elda, se ha creado una especie de competición por ver quién es más audaz a la hora de "inventar" platos ingeniosos. A la gente le gusta los concursos, la competición y si, de paso, hay peleas entre los concursantes y candidatos a chefs, mucho mejor. La comida es lo de menos.
      Un buen jamón de Jabugo o un queso manchego semi-seco, con pan con tomate (especialidad catalana) y una copita de buen vino tinto y a disfrutar,
      Un placer por mi parte tenerte de tertuliana gastronómica :)
      Un abrazo.

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  6. Menú menú tenias, debía de estar riquísimo y me has dado de paso y sin querer una idea para hacer de comer, buscare la receta de lentejas con arroz, espero que hayas disfrutado.
    Te voy a contar una anécdota que viene al pelo, mi hermano quiso invitar a mi difunto padre al restaurante de Sergí Arola en Madrid, y le costo a mi hermano un buen pellizco estoy segura, pero lo gracioso es que cuando acabaron la cena mi padre le dijo a mi hermano "hijo mio muchas gracias por la invitación pero Maria Teresa (que así se llama mi madre) hemos comprado pan? porque no es por nada pero cuando llegue a casa me voy a hace run bocadillo que me he quedado con hambre" jeje, y me consta que Arola es de los modernos, o sea de esos que si muy bueno pero poca cantidad, en fin para que veas, y eso que hablo de una persona mi padre, el cuál uno de sus placeres era la comida, eso si, si podía ser de cuchara mejor que estas modernidades, y sinceramente yo también, donde este un buen cocido o un buen plato de lentejas que se quiten todas las estrellas michelín que quieres que te diga.
    Y por otro lado no entiendo el porque ese afán de todas las televisiones o casi todas (antena 3 y la 1 en este momento) hacen programas de cocina, yo entiendo que para los cocineros que salen en la tv es un incentivo para sus restaurantes, pero pienso que cocinero a la cocina, además viendo la última edición de Master Chef, vi mas espectáculo que otra cosa, de modo que prefiero ir a un restaurante, al ser posible de cocina española y de cuchara o de picoteo que uno de estrellas michelín que si que disfruto mas. un abrazo. TERE

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    1. Yo soy de cuchara, me encantan los entrantes contundentes, herencia, quizá de mi madre, que era del sur y hacía unos potajes que quitaban el hipo (todas las madres y abuelas son excelentes cocineras, ¿a que si?).
      La anécdota es buenísima y refleja fielmente la realidad. Aunque se diga que lo bueno si breve dos veces bueno, creo que es mucho mejor lo bueno si abundante mil veces bueno, jajaja.
      Las cadenas de televisión se rigen por los datos de audiencia. Si una cadena ofrece un programa o concurso de cocina y tiene gran éxito, no quieren ser menos y contraatacan ofreciendo su propio programa. Siempre han habido programas dedicados a la cocina (recuerdo el de Arguiñano a eso del mediodía) y gerneralmente trataba de platos "clásicos" aunque con cierta innovación. Pero ahora estos espacios ocupan esos horarios llamados "prime time" como si fuera el no va más.
      La cocina española es excelente y no creo que haga falta innovar excesivamente. Se puede mejorar lo que ya es bueno, pero los platos sicodélicos no van conmigo.
      Gracias por dar tu opinión, Tere.
      Un abrazo.

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  7. Cierta tu reflexión, a veces viendo los ingredientes e instrumentos que utilizan no sabes si estás en un laboratorio o en una cocina y cuando llegan los minúsculos platos y las abultadas facturas una acaba pensando que estamos un poco locos. Al final todo se frivoliza en exceso pero hay gente para todos los gustos.
    Un beso

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    1. Que utilicen un soplete para flambear tiene un pase, pero nitrógeno líquido y sustancias extrañas en gastronomía es, para mí, extravagancia pura y dura. A veces lo extraño agrada a la gente, la innovación les atrae porque buscan salir de lo habitual, tener nuevas experiencias, pero a la hora de comer y alimentarme prefiero la cocina tradicional aunque se le añada algún ingrediente nuevo para mejorar lo que ya era bueno.
      Y lo peor de todo es que la innovación se paga cara.
      Un beso, Conxita.

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  8. Donde esté un buen plato de cocina tradicional y casera de las de siempre que se quiten todas esas estrellas Michelín. Una vez fuimos al Arzak y la verdad salimos contentos de tanto innovación pero con la cartera temblando. Para comer cosas nuevas y ricas solo hay que ir por Donosti de pinchos y comes bien por menos. Un abrazo

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    1. Pues mira que yo creía que Arzak era bastante tradicional, al estilo de Arguiñano, pero debe haberse subido al carro de lo moderno, quizá para poder justificar la factura.
      Y en cuanto a los pinchos, aún recuerdo los que tomamos en Donosti y Bilbao años ha.
      Muchas gracias, Mamen, por tu aportación es esta pequeña reflexión gastronómica.
      Un abrazo.

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  9. En parte concuerdo contigo: la gente, con tal de sentirse importante, paga mucho por platos chicos con nombres grandes, proveniente de chefs sobrevalorados.

    Saludos y saludes, Josep!

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    1. Con nombre grandes e ininteligibles. Eso aún les da más prestancia. Y decir que ha comido en tal o cual restaurante de moda sitúa al supuesto sibarita a un rango social elevado.
      Algunos creen que si algo es caro es mejor y no siempre es así.
      Un abrazo.

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  10. Hola, Josep.
    Personalmente, no estoy en contra de que se quiera hacer de la cocina un arte. Quizá un poco como con la literatura, creo que en nuestros días es inevitable no sacar partido de cualquier disciplina para hacer un negocio, de una forma u otra. Puede que además sea una forma innovadora de sacar provecho al talento de quien se dedica profesionalmente a la gastronomía.
    Ahora bien, como en todo, siempre ocurre que hay quien se quiere subir a la parra. A mí también me parece desproporcionado que se cobren precios de escándalo por platos que sí, tienen mucho diseño y creatividad, pero no dejan de ser al fin y al cabo una comida bien presentada con un nombre rebuscado.
    Es verdad que no he probado nunca la alta cocina, pero el sentido común me dice que no es muy lógico arruinarse toda una semana por ir un día a cierto restaurante de prestigio a tomar su plato estrella.
    Sea como sea, la que planteas es una reflexión muy interesante.
    Saludos,
    Sofía

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    1. Hello, Mrs. Sofia! :)
      Evidentemente, las innovaciones pueden traer consigo algún descubrimiento digno del paladar más exigente y que sea digno de su "comercialización". De hecho, la cocina ha ido evolucionando a lo largo de la historia y se supone que para bien. También estoy de acuerdo contigo en que la buena cocina tiene mucho de arte, por su delicadeza, como también de técnica (esperar al punto de ebullición, mezclar cuidadosa y constantemente a una velocidad determinada, añadir las cantidades justas y necesarias, etc., etc.). También me parece bien que hayan escuelas de cocina, para quien quiere aprender a cocinar y para el que quiere dedicarse profesionalmente.
      Lo que me satura es esta proliferación (para mí superflua) de cocina-espectáculo para darle un halo de excelencia digna de los dioses. Y que, para tener el "placer" de degustar una de esas maravillosas exquisiteces se tenga que abonar un riñón y encima hacer cola.
      Hace muuuchos años estuvo en auge la llamada "nouvelle cuisine" (ahora no sé cómo se llama) y París era el centro gastronómico del Universo, pero lo que ocurre ahora se me antoja tanto o más snob.
      Insisto, sin embargo, que cada uno haga lo que desee y le venga en gana, faltaría más. A fin de cuentas no lo voy a pagar yo, jajaja.
      Un abrazo y te agradezco que hayas dejado tu comentario.

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  11. Supongo que todo esto es cuestión de modas, cuando nos centramos en un tema y resulta, además, que tiene éxito en TV, pues todo el mundo a hacer lo mismo. La originalidad no es una característica de la televisión.
    Yo, desde luego, no pago ni loca esos precios por un plato "super-guay" ni me apunto a una lista de espera de muchos meses, porque con la mala memoria que tengo seguro que llega la fecha y se me pasa.
    Prefiero ir a localidades con encanto que me ofrezcan paisajes bonitos y allí buscar un restaurante, o una casa de comidas (precioso nombre) donde degustar un plato casero sin tanta alharaca.
    Para gustos, los colores (y los sabores).
    Bonita reflexión que comparto totalmente. Por cierto, como la tortilla de patata de mi madre, NADA.
    Un abrazo.

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    1. Pues sí, Paloma, detrás de muchas tendencias (creo que ahora lo llaman "trending topic") hay alguien interesado en convertir algo mínimamente interesante en un gran negocio y en un movimiento de masas. Y todos a seguirlo como corderitos.
      Yo, como tú, soy más de comida "casera", hecha con buena mano y con el arte que solo nuestras madres saben (o sabían) hacerlo. Y ya que mencionas la tortilla de patatas (que yo la prefiero con cebolla), a mi madre, en casa, le decíamos en broma que era una gran tortillera, jajaja.
      Un abrazo.

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  12. Ya sabes como somos de pendulares en nuestro país,... o nos pasmos o no llegamos. Imagino que recuerdas cuando en las universidades españolas formamos a miles de médicos para que tristemente acabaran ejerciendo en otros países. Creo que con l@s chef, cociner@s,... está pasando lo mismo y es cierto que gracias a ellos se ha dinamizado una buena parte de los productos singulares que producen nuestros campos y nuestros mares, ... pero lo cierto es que algunos se ha subido a la parra y que nosotros les hemos aupado ahí arriba. Estupenda reflexión Josep!

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    1. Yo creo que España tiene una gran tradición y fama gastronómica. La cocina española (a diferencia, por ejemplo, de la inglesa) es muy rica y variada. No hay región o comunidad que no tenga un excelente surtido de platos tradicionales y especialidades que han traspasado fronteras, internas y externas. Por lo tanto, no veo la necesidad de ese boom de cocineros inventores de recetas, a menos que quieran abrir establecimientos (como es el caso de David Muñoz, el chef friki) en Londres, Nueva York, etc., pensando en sus gustos culinarios.
      Muchas gracias, Norte, por tu aportación.
      Un abrazo.

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  13. Hola Josep María como siempre tus reflexiones mueven y remueven "tripas" jeje muy propia yo con la expresión. Yo soy de comer y las delicatessen me saben a poco. Nunca he comprendido esos pedazos de platos y esas ínfimas porciones hasta que comí pinchos vascos, aaaah amigo los sabores explotaban en la boca. Y si realmente es una moda televisiva, pero viene bien para que no solo parte de la población esté más en la cocina. Son muchas las horas del día que se pasan alli., De esta forma se valora más el calor de los fogones. Y no me parece mal que trascienda a los más pequeños. Estoy contigo que la investigación para platos innovadores llega a desvirtuar el comer, que de engullir se trata 😄😄 un abrazo

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    1. Espero que mis reflexiones sean, además, fácilmente digeribles, jajaja.
      Yo también he tenido el "privilegio" de probar unos pinchos psicodélicos (reconozco que, dentro de su rareza, estaban ricos) por los que tuve que pagar un dineral. Fuimos siguiendo el consejo de unos amigos que nos hablaron de una "tasca" moderna, "La estrellita de plata", en la que disfrutaríamos comiendo unos pinchos excelentes y nunca vistos ni probados. Hace poco, pasamos por allí y la estrellita ya no existe. Supongo que, tras la novedad, se impuso la cordura o la protección de la economía doméstica.
      Desde luego merece la pena divulgar el "arte" de cocinar, tanto a mayores como a pequeños, pero lo que vemos en la mayoría de programas televisivos es más bien la expresión del no va más, de a ver quién es el más osado, el más original. La novedad, la originalidad y la osadía me parece que donde mejor se aprecia es en el circo. Le Cirque du Soleil está mucho mejor bajo una carpa que en una cocina, jeje.
      Un abrazo, Eme.

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  14. Reconforta que una persona inteligente piense lo mismo que uno sobre algún asunto en concreto. No puedo estar más de acuerdo. Hay mucha estupidez rodeando a la gastronomía. Y no particularicemos en los vinos, porque me pongo de los nervios.
    Un abrazo.

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    1. Hola Macondo!
      En primer lugar, agradecerte la deferencia de calificarme de persona inteligente pues, aunque esté de acuerdo contigo, a uno no siempre se le reconoce esta virtud y acaba dudando de que realmente la tenga y merezca, jajaja.
      Hablando más en serio, a mí me reconforta pensar que todo lo expuesto en mi reflexión no son manías de viejo quisquilloso y que hay ahí fuera alguien más que comparte mi opinión.
      Ay sí, se me olvidó hacer mención de los gourmets cata-vinos y enólogos. Pero esto ya sería otra historia, como se suele decir en las novelas.
      Un abrazo.

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  15. Yo que soy de buen comer no puedo más que darte la razón y ya cuando he leído puchero, buen qué decir, me has ganado del todo Josep Maria, jajaja
    Pero son modas, ahora por alguna razón la programación de este tipo da el suficiente tirón para que los espectadores terminemos aburridos, y quién sabe, de aquí a seis meses con qué nos avasallarán, ;)

    Un abrazo.

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    1. Desde luego, Irene, donde esté un buen guiso que se quiten finuras gastronómicas, jeje
      Y en cuanto a los programas televisivos, hay que reconocer que prefiero esta moda de la cocina de cuatro tenedores (que suelo evitar) a los reality shows y tertulias del corazón (de los que huyo como alma que lleva el diablo).
      Un abrazo.

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  16. Muy buen articulo Josep Mª.
    Es muy cierto que desde hace un tiempo se está promoviendo un excesivo culto hacia el arte gastronómico. Y como todo en esta viva, las cosas llevadas al extremo acaban cansando.
    La sobresaturación de programas televisivos (Cocinas del infierno, Master Chef, Master Chef Junior, y Pitufos cocineros) nos está llevando a un punto de locura. En realidad buena parte de la culpa, la tienen los ejecutivos de los canales de televisión) Cada vez que ven que algo funciona, lo repiten hasta la saciedad. Son los nuevos reyes Midas del siglo XXI, solo que en lugar de convertir las cosas en oro, lo hacen en basura.
    Comer es un placer, sin duda. Puedes disfrutar un día de un plato de diseño preparado en una central nuclear, con la tecnología de la estación espacial, cocinado por siete chef, con cincuenta mil estrella Michelin, y disfrutar, no digo que no.
    Pero una cosa tan simple, antigua, y clásica, como unos huevos fritos con patatas y chorizo, regado con un Vega Sicilia, no aparecerá nunca en ningún programa. Pero al comerlo, seguro que te saltaran las lágrimas.
    Un abrazo.

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    1. Como se dice en castellano culto, a mí me gusta el buen yantar, pero sin esos excesos que casi rozan la obscenidad. En Cala Fenals (Lloret de Mar) hay un bloque de apartamentos de lujo, pertenecientes a un Resort-Spa, con un restaurante a pie de calle, abierto al público, en el que en el menú se puede leer que un entrante tipo ensalada cuesta 40 euros y un segundo plato ya se dispara hasta los 60 o más. Evidentemente, no he entrado ni entraré jamás. Me parece desorbitado, por muchas exquisiteces que ofrezcan, abonar más de cien euros por cabeza (o mejor dicho por boca) para degustar algo que en dos minutos ya está transitando por el duodeno y cuyo sabor ya hace tiempo que el cerebro ha dejado de percibir.
      Me gusta comer bien, tanto en calidad como en cantidad (aunque sin excesos), disfrutar de un buen plato bien cocinado y con una agradable compañía con la que departir durante la hora y media que puede durar la estancia. Siempre recordaré la primera vez que probé un plato de sopa castellana en un restaurante rústico de Pedraza (Segovia) un dos de Mayo (festivo en Madrid, donde vivía por aquel entonces) mientras en la calle nevaba y hacía un frío que pelaba. Esas pequeñas cosas son, para mí, mucho mejores que degustar un minúsculo plato de diseño en el mejor de los restaurantes de la guía Michelin con una decoración minimalista.
      Muchas gracias, Oscar, por compartir tu opinión.
      Un abrazo.

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