sábado, 12 de septiembre de 2026

Intrépidos o insensatos

 


Que los adolescentes son, por naturaleza, mucho más intrépidos que los adultos es algo sabido e incluso diría que normal. Son menos conscientes de los peligros y, aun conociéndolos, se atreven a retar a la suerte. Yo, más que valentía, lo llamaría inconsciencia juvenil. Todos, o casi todos, hemos hecho alguna diablura cuando éramos jóvenes, disparates de los que, de mayores, nos hemos arrepentido y quizá incluso avergonzado.

Pero una cosa es jugar a ser intrépido y otra muy distinta jugarse la vida propia y la de los demás por un simpe capricho, para hacerse el hombre ante las chicas y valiente ante los amigos, o simplemente para saborear el peligro. Y cualquiera de esas actividades, no solo son extremadamente peligrosas sino también ilícitas.

Por supuesto, excluyo aquí las actividades deportivas llamadas de riesgo, como la escalada, el barranquismo, la espeleología, el parapente, el paracaidismo, etcétera, realizadas por personas muy preparadas y conocedoras del riesgo que conllevan, pero que están muy bien formadas para realizarlas con la máxima seguridad, a pesar de que el riego cero no existe.

Así pues, nunca he entendido por qué hay quienes se empeñan en saltarse las normas sin pensar en las consecuencias de sus actos. Será que es cierto que el cerebro humano no llega a su total desarrollo hasta los treinta años de edad y que, por lo tanto, los más jóvenes no lo tiene funcionando a todo gas, aunque también es cierto que hay mucho gamberro e incívico a cualquier edad.

¿Quién conduce a 190 Km/hora, quién hace adelantamientos temerarios, quién no respeta un Stop, quien hace barbaridades al volante, quién participa en carreras ilegales? Nadie que supere los cincuenta años, tirando largo.

Aunque no me afecte personalmente, me subleva ver cómo hay quien se salta por la cara las advertencias sobre seguridad. Allá ellos, me digo, pero no dejo de pensar que merecen, como mínimo un castigo y una multa importante.

No es infrecuente ver a bañistas que no respetan la advertencia de peligro mediante la consabida bandera roja, que, de hecho, prohíbe bañarse debido a la mala mar. Cuántos socorristas han tenido que lanzarse al agua para rescatar a individuos que han hecho caso omiso a tal prohibición, poniendo en riesgo la vida de esos profesionales. Igual ocurre con algunos montañeros que deambulan por zonas peligrosas y convenientemente señalizadas por las autoridades, prohibiendo su paso. Y luego, cuando se producen accidentes (algunos graves) derivados de esa infracción, hay que rescatarlos por tierra, mar y aire, poniendo también en peligro la vida de los rescatadores.

Pero hay otra actividad que parece haberse puesto de moda y que consiste en lanzarse al agua desde lo alto de un acantilado. Este verano he visto bastantes imágenes de quienes, a pesar de estar barrado el paso hacia estas zonas peligrosas desde las que se lanzan, no dudan en arrancar la señalización o el rótulo de prohibición de acceso. ¿A quién se le ocurre lanzarse al mar desde 30 metros de altura, haciendo cabriolas en el aire hasta sumergirse en una zona rodeada de grandes rocas? Y mientras, son aplaudidos y animados por sus congéneres, que no dudan en imitar a esos “héroes”.

¿No resulta incongruente que, habiendo señales admonitorias, tenga que haber vigilantes para evitar tales comportamientos y que esos locos no acaben bajo tierra?

Debo ser un malvado sin corazón, pero si esos jóvenes acaban seriamente lesionados, no sentiré ninguna pena por ellos, solo por sus padres, que sufrirán por culpa de un hijo descerebrado. E igual me ocurre cuando un toro embiste a un chaval (y a veces no tan chaval) que se juega la vida poniéndose sin ningún reparo ni protección, haciendo el tonto, ante un astado salvaje, que solo actúa por instinto, no por maldad. Quienes retan a la suerte (como los idiotas que practican el balconing en Magaluf o donde sea) tienen que saber que esta les puede ser esquiva y acabar con su vida, una vida que, al parecer, no valoran lo suficiente.

 

10 comentarios:

  1. No puedo estar más de acuerdo contigo. Cuando leía tu escrito solo de pensar que una persona se podía tirar por un acantilado me ha dado un escalofrío. Si sale vivo y sin lesiones será un puro milagro. Comprendo que la juventud busque el riesgo, todos lo hemos hecho, pero no hasta ese punto de poner la vida en peligro. la suya y la de los demás. Tampoco me produce mucha pena porque es algo que ellos han buscando sabiendo lo que se podían encontrar. Yo creo que hoy en día les damos todo lo que quieren y no valorar nada, ni tan siquiera su vida. En fin, ese tema daría para otra entrada.
    Un abrazo, Josep. Que tengas un buen día

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    1. La educación es la base de todo comportamiento, tanto bueno como malo.
      Lo de lanzarse desde lo alto de un acantilado ya es el colmo de la idiotez, pero hay muchas otroa actividades, menos espectaculares pero también arriesgadas, como por ejemplo deslizarse poor una baranda con un monopatín o hacer volteretas desde lo alto de un trampolín sin ser un un nadador profesional. Y así un largo etcéteras de actividades de riesgo. Y es lo que digo en mi post, esos jóvenes son unos inmaduros que no utilizan el cerebro porque lo tiene poco desarrollado y no piensan en las consecuencias de sus actos, y luego tienen que auxiliarlos.
      Un abrazo.

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  2. No sabes cuantas veces analizando algunas situaciones termino concluyendo que la gente es idiota. Esta que traes hoy es una de ellas. La situación de ponerse en peligro a uno mismo y, de resultas del asunto, poner en peligro a otros muchos inocentes me parece el colmo de la estupidez y el egoísmo. Yo como mínimo les haría pagar todos los costes que suponga el rescate, incluida la asistencia sanitaria. Que con los impuestos de la gente se tenga que pagar la imprudencia de unos descerebrados me parece vergonzoso. Y ya el colmo es cuando en el rescate termina herido, o incluso muerto, alguno de los rescatadores. Eso no tiene solución, pero le haría responsable penal al imprudente que lo ha causado. Con esa gente no tiene que haber piedad.
    Un beso.

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    1. Hay jóvenes que juegan con su vida porque están como cubas (caso de muchos guiris cuando vienen a España de vacaciones) y se les va la mano con el alcohol, pero los hay que están (aparentemente) lúcidos cuando hacen esas babaridades.
      Estoy totalmnete de acuerdo de que (como se llegó a plantear) deferían costear los gastos del salvamento, aparte de una multa considerable. Aun así me entran dudas de que resultara una medida realmente disuasoria, pues hay quien no aprende, no sé si por idiota, por chulo o por negligente.
      Un beso.

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  3. Hay mucho imbécil suelto que, poniendo en peligro su vida, pone también la de los demás.
    Un abrazo.

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    1. Demasiados, diría yo, lo cual es una tortura para el resto "normal".
      Un abrazo.

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  4. Totalmente de acuerdo con lo que dices, Josep. Hay mucho gil****, idiotas quiero decir, suelto. Hablas de los que se lanzan al mar en zona de acantilado; yo cuando los veo es que me pongo malo. Lo mismo me ocurre cuando veo a personas que en invierno se van al monte con unas adidas de tela que, ya sabemos todos, es lo mejor para caminar sobre la nieve o bajo la lluvia. No te digo ya cuando estos mismos se pierden en la montaña y la guardia civil o equipos especializados de rescate han de jugarse la vida para salvarles la vide aun a riesgo de perderla ellos. Yo a quienes de cualquiera de estas inconscientes manera actúan los castigaría duramente y no sólo económicamente sino con sanciones hasta de prisión (poco tiempo, una semana o así, claro). A los imbéciles, mano dura, ¿no te parece?
    Un fuerte abrazo

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    1. Hay muchas transgresiones que merecerían mucha más mano dura de la que se emplea, aunque algunos lo considerarían un exceso de poder, una dictadura. He de reconocer que en algunos casos me sale la vena dictatorial, pues me revela ver cómo muchos delincuentes (porque poner en serio peligro la vida de los demás es para mí un delito) se van de rositas, recibiendo una amonestación o un castigo excesivamente leve.
      Un fuerte abrazo.

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  5. Como tú mismo lo dices, “la educación es la base de todo comportamiento”, y si estos pobres adolescentes (reales o crónicos...) arriesgan su vida y la de otros haciendo tonterías, es porque no han sido educados. Sus padres los han abandonado en manos extrañas desde la primera infancia: guardería, jardín infantil, escuela, liceo... ¿Quién los educa? ¿Papá-Estado? No es de extrañar que la vida no tenga sentido para ellos, y por ende ningún valor. Su existencia no es más que un gran vacío y la adrenalina, un patético intento por llenarla.

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    1. Hola, Anónimo. O los padres les han abandonado a su suerte, despreocupándose de su formación, o bien han sido un mal ejemplo para sus hijos al tener la misma conducta antisocial. Y es que la mala educación ya viene de lejos.
      Un saludo.

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