Creo haber dicho en más
de una ocasión que, entre mis defectos, que tampoco es que sean muchos, está el
perfeccionismo, o quizá debería decir la quisquillosidad, cuando observo algo
que considero fuera de lo normal, siempre y cuando me produzca una cierta
incomodidad, por pequeña que sea. Y lo que hoy aquí critico será una nimiedad,
pero me extraña que nadie haya, aparentemente, reparado en ello, y que sus
responsables no hayan puesto remedio por el bien de nuestras vértebras
cervicales.
En una sociedad como la
nuestra, en la que todo, o casi todo, está regulado, estandarizado; donde
existen múltiples normativas, entre las que podemos incluir las normas UNE,
ISO, las PNT o SOP, en su versión anglosajona; donde tenemos manuales de
instrucción para todo, o casi todo, yo me pregunto y no paro de preguntarme ¿por
qué demonios nadie, o casi nadie, con poder de decisión, en concreto las
editoriales, la asociación de autores, la de consumidores, la de traumatología,
o quienquiera que desee preservar en buen estado las vértebras cervicales de la
población lectora, ha pensado en normalizar la orientación en la que debe
imprimirse el título y el nombre del autor en el lomo de un libro?
¿Os habéis percatado de
este inconveniente o bien estáis tan acostumbrados que no habéis reparado en
ello? De todos modos, ¿no os resulta de lo más incómodo, por no decir molesto e
incluso mareante, tener que estar inclinando constantemente el cuello, ahora a
la derecha, ahora a la izquierda, para leer el lomo de los libros que yacen en
las estanterías de las librerías y bibliotecas?
Claro que todo, o casi
todo lo malo en esta vida también puede tener su lado positivo. Imaginémonos
por un momento que en una librería se encuentran, frente al mismo tramo de estantes,
un chico y una chica buscando un libro y estando muy cerca el uno de la otra,
casi rozando sus hombros, inclinan de pronto sus cabezas hacia un mismo punto central
y zas, una colisión craneal les produce, al instante, un dolor intenso que, a
los pocos segundos se transforma en una sonrisa complaciente y de disculpa. Y
ya puestos a imaginar, quién sabe si un poco más tarde esos dos jóvenes amantes
de la lectura se están riendo de esa anécdota en el bar más próximo a la
librería que les ha unido gracias a la cultura y a la inoperancia de los
órganos reguladores.
Visto así, quizá será
mejor dejar las cosas como están y que sea lo que Dios, o Cupido, quiera.

Te doy toda la razón; cuando estás buscando y tienes que fijarte bien, a veces el cabreo supera el placer de encontrar el libro deseado. Lo otro no me ha sucedido nunca y lo creo propio de una película anglosajona. Me quedo con que lo consideran un simple ejercicio para desentumecer los músculos y vertrebras cervicales.
ResponderEliminarUn abrazo.
Es algo que siempre me ha llamado poderosamente la atención y que me ha molestado enormemente, por lo que me pregunto cómo a nadie se le ha ocurrido enmendar esa anomalía. Tendremos que recurrir al defensor del lector, ja, ja, ja.
EliminarLo otro, efectivamente, podría ser una película romántica protagonizada por Meg Ryan y Tom Hanks en los años 80, je, je.
Un abrazo.
Entonces... ¿lo dejamos como está? A mis castigadas cervicales les viene bien y poco de ejercicio y, si encima ligo, pues miel sobre hojuelas.
ResponderEliminarUn abrazo.
Pues a la vista de que todo seguirá igual, yo lo dejaría tal como está (no se me vayan a cabrear las editoriales) y esperar a que algún día choque nuestra testa con la de una joven de buen ver, aunque a nuestra edad veo muy difícil un final feliz, je, je.
EliminarUn abrazo.
Pues nunca había caído en eso de los títulos en los lomos, pero ahora que lo dices tienes toda la razón. Claro que , no hay mal que por bien no venga, como dice el refrán y tú mismo explicas tan bien.
ResponderEliminarUn abrazo
Pues aunque no tenga (teóricamente) solución y todo siga igual, al menos me alegro de haberlo hecho público y notorio, je, je.
EliminarUn abrazo.
Cuando visito mi libreria habitual, en la zona de las novedades, casi todos los libros están de frente. Y los demas directamente los tomo en las manos. Ademas como todo está etiquetado por el nombre de los escritoras o escritores. Es fácil de encontrar. De todos modos es molesto que tengas que mirar con el cuello torcido.
ResponderEliminarUn abrazo!
Por cierto, soy la del comentario anterior. Que se ha publicado sin mi nombre.
ResponderEliminarHola, Mamen. Sí, claro, si vas a la zona de las novedades, los libros están expuestos con la portada de cara al público, pero yo me refería a los que están en los estantes, pegados los unos a los otros, como en la imagen que ilustra esta entrada. Antes de decidirte a coger uno cualquiera, estás obligado/a a leer el lomo y es entonces cuando te encuentras con el problema que expongo.
EliminarUn abrazo.
Hola, Josep. Si, sé a lo que te refieres. Particularmente a mi no me molesta. En casa, los tengo tal cual que en cualquier librería. De hecho cuando miro cual va ser el siguiente que voy a leer, leo el título en vertical y a disfrutar. 😂
EliminarPues tienes toda la razón. Y ya no es solo que el título esté hacia la izquierda o hacia la derecha y haya que mover la cabeza, es que a la hora de colocarlo en la estantería de casa, una no sabe si ponerlo para arriba o para abajo hasta que ve algún detalle que lo soluciona. Nunca se me había ocurrido que se podía sacar una norma que lo normalizara (se ve que no he pensado tanto en el asunto), pero sí que he lanzado algún improperio cuando he visto que un libro estaba boca abajo y al ponerlo derecho se me ha girado el título del lomo con respecto a los que le rodeaban. Viva el ser quisquilloso.
ResponderEliminarUn beso.
Lo más práctico sería ponerlos en horizontal uno encima del otro (como ya me va quedando poco espacio en mi biblioteca, algunos ya los tengo dispuestos así sobre los demás) y en el sentido en el que el título quede en la posición legible. En las bibliotecas y librerías los ordenan boca arriba sin tener en cuenta que si para leer el título y autor hay que voltear la cabeza a un lado o a otro. Aunque no hay una norma escrita, las editoriales podrían tenerlo en cuenta y ponerse de acuerdo para subsanar esta discrepancia. Los quisquillosos solemos tener razón, je, je.
EliminarUn beso.